
Es difícil imaginar a Fernando Aramburu, el escritor vasco autor de Patria hablando en alemán. Patria es esa novela que planteaba parte del drama vasco en términos de vecinos: uno es empresario, el hijo de los otros es parte de ETA. Una emboscada y matan al empresario, al que ya le conocemos la vida cotidiana y los afectos. ¿Fue el hijo de los otros? ¿Tuvo algo que ver? Un foco para hablar de la historia del País Vasco, con la que Aramburu se mete libro tras libro.
Decía que es difícil pensarlo en alemán pero en alemán vive ahora Aramburu, que se presenta en la Feria del Libro de Buenos Aires este domingo 3 de mayo a las 16. Por eso, antes de viajar habla con Infobae por videollamada. Desde Hannover, donde vive.
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Vamos a hablar, principalmente, de Maite, su última novela, que forma parte de la serie Gentes vascas. Porque aunque esté en Alemania desde 1985, el autor sigue pensando España.
La novela transcurre en 1997, en los días del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, un concejal de una localidad pequeña, Ermua, que pertenecía al Partido Popular.
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Maite suele manifestarse en contra de la violencia, está comprometida con esa causa. Y, también, está muy enamorada de su marido, Andoni. Que siempre es tan amoroso y prolijo que hasta da un poco de desconfianza. Andoni se va a ir a un congreso en Madrid, o eso dirá, porque una llamada anónima le dirá a Maite que, en realidad, anda por ahí en casa de una amante. Mientras tanto, llega a la ciudad la hermana de Maite, que está hace mucho en Estados Unidos, con una vida ¿perfecta? Vamos a ir viendo que no. La gran Historia y las historias cotidianas se van a cruzar.
Ahora sí, Aramburu, desde su casa:
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-En Maite, me parece el conflicto político está de fondo, como el paisaje en el que se vive, y no el centro del relato. ¿De dónde sale la idea de esta novela?
-Maite forma parte de una serie de novelas y libros de relatos, titulada Gentes vascas. El título ya da una idea de la intención del autor, que es contar historias centradas en personajes comunes y corrientes en los cuales se refleja la historia colectiva del País Vasco y de épocas distintas, pero que también fueron las mías. En realidad, no concibo estas novelas, entre ellas Maite, como libros aislados, aun cuando se pueden leer independientemente, sino como piezas de un mosaico general. El proyecto es mucho más ambicioso que Patria, que era una novela vasta, una unidad narrativa formada por capítulos. Lo que ahora persigo es otra unidad narrativa, un dibujo general, pero formado con, piezas que son novelas, bastante más largos que lo que podría ser un capítulo.
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-Muchas veces da la sensación que la vida de la gente transcurre en circunstancias que no decide. Sin embargo, Maite toma algunas decisiones que tienen que ver con la Historia también: usar cierto distintivo, ir a una marcha... Que también implican coraje, alguien le dice: “No lo hagas, te puede traer problemas”.
-Esto forma parte de la sustancia psicológica y de las circunstancias vitales del personaje. Aquí hay que tener en cuenta una cuestión: los cuatro días en los cuales transcurre la novela son aquellos en los cuales un político joven estuvo secuestrado y fue finalmente asesinado. De ese hecho se sabe muy poco. Todavía, pasados cuarenta años, no se sabe dónde lo tuvieron retenido. Se sabe cómo y dónde desapareció y se sabe cómo y dónde reapareció para morir horas después. Esto, para un escritor de novela histórica podría plantear un problema serio, puesto que no tiene dónde documentarse. Pero a mí no me importaba, porque yo pongo en primer plano la circunstancia vital de los personajes. O sea, los personajes conviven durante cuatro días en los que ocurre efectivamente un hecho que es anterior a la literatura y que está documentado, pero no plenamente documentado. Entonces, quien espere un relato de un hecho histórico no lo va a encontrar en mi novela. Ese relato, ese hipotético relato histórico sobre ese secuestro en concreto, solo lo podrían los secuestradores. Ellos saben qué hicieron con ese muchacho.
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-Sin embargo, Maite lo vive como una cuestión personal, lo sigue como si fuera su sobrino, prácticamente.
-Claro, ella no lo vive como un hecho aislado, sino como un acto más de terrorismo o de violencia como la que tuvimos en España y particularmente en el País Vasco durante décadas. Es decir, que ya viene determinada por muchos hechos anteriores, durante los cuales desarrollaba una sensibilidad empática, una determinada compasión, que incluso en ella, cualquier lector notará, predomina sobre cualesquiera principios políticos o de cualquier otro tipo. Ella tiene, pienso - puesto que me estoy metiendo en el terreno de la interpretación, que yo prefiero delegar en los lectores-, un fondo de bondad, un fondo compasivo con respecto a sus semejantes.
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“Las guerras civiles tienen muy mala cura, pareciera que se dejan en herencia a las generaciones siguientes”
-Hace unos días aparecieron cartas de arrepentimiento de militantes de ETA. ¿Qué pensaste?
-Pues, esas cartas son muy interesantes para un escritor, son oro puro, puesto que muestran, a los agresores, a los terroristas desde unas facetas humanas que no conocíamos o que su propia actividad en su día, no permitía declarar, hubiera sido una muestra de debilidad. Y esto confirma una vez más una convicción que yo tengo, y es que toda persona, haga lo que haga, piense lo que piense, no deja de ser humana. Y esa humanidad es oro puro para novelistas mi tipo. Es de ahí de donde sacamos nuestras historias.
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-¿Estas cartas podrán ser material para otras novelas?
-Yo algunas de esas cartas ya las he archivado, porque estoy seguro de que alguna vez me inspirarán algo. No las cartas, no el texto de las cartas, pero sí qué le pasa a una persona que ha hecho daño a otras y que ha pasado largos periodos, años de soledad y, por tanto, de reflexión, lo que puede llevar a un cambio de perspectiva. En el sentido de humanizarse y de arrepentirse.
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-Hay voces que desconfían de su sinceridad.
-Ni las creo ni las descreo. Claro, yo estoy en una posición bastante más cómoda que una víctima. A una víctima estas cartas les pueden parecer insultantes o aumentar su dolor. Pero creo que el hecho de que los terroristas escriban textos de arrepentimiento, sean sinceros o no, tiene una repercusión pedagógica positiva en la sociedad. Porque cualquiera que tuviera la tentación de repetir lo que ellos hicieron, ahora se da cuenta de que ahí hay otros ingredientes que van más allá de la ideología y en los que yo quizá no había pensado.
-Es interesante lo de la tentación de repetir. De pronto aparecen voces que reivindican hechos que dimos por definitivamente condenados. ¿Cuándo terminan estas cosas? ¿En algún momento se dejan de discutir?
-Pues, yo resido de manera permanente en la República Federal de Alemania desde hace más de cuatro décadas. Es decir, yo dejé un país donde había habido una guerra civil, que yo no viví -se produjo antes de mi nacimiento- y me desplacé a otro en el que hubo un conflicto bélico internacional promovido, además, desde este propio país. Y te puedo decir, sin ninguna sombra de duda, que la herida que dejó la derrota de la Segunda Guerra Mundial en Alemania está más o mejor asumida por la sociedad actual que la Guerra Civil dentro de España, donde todavía genera polémica, debate, rencillas.
-Son diferentes.
-Las guerras civiles tienen muy mala cura porque son conflictos de vecinos y esos son muy difíciles de superar. Pareciera que se dejan en herencia a las generaciones siguientes. Por muchas razones, no solamente políticas, también por razones psicológicas. A veces uno se encuentra con nietos o bisnietos de personas que tuvieron un comportamiento criminal, vamos a decirlo claramente, y por por borrar esa memoria negra, negativa, se pasan ideológicamente al otro lado. O sea, hay una serie de componentes psicológicos humanos que están ahí, que hacen que esas heridas no cicatricen. Y, por otro lado, como el tiempo cumple su labor y la gente termina muriendo, nos queda a menudo la sensación de que el agresor no recibió el castigo que merecía. Y entonces seguimos buscando a quién adjudicárselo.
“Las grandes batallas son imposibles con la tecnología actual. Ya incluso hasta los soldados sobran”
-¿Vos pensás que el anhelo independentista vasco sigue vivo?
-Pero está muy reducido. En parte porque, porque está casi consumado desde el punto de vista de la práctica política. Falta muy poco y lo que falta convertiría esa tierra donde el nivel de vida es muy alto en una especie de Estado nación tipo siglo XIX. Y eso hoy día no tiene mucho encaje en nuestro mundo globalizado o dentro de la Unión Europea. Y, por otro lado, son muchos siglos estando unidos. Entonces, quien más, quien menos o tiene amigos en otras partes de España, o está casado con alguien de otro lugar, o tiene una casa de vacaciones en otro sitio. La moneda seguiría siendo la misma, el euro, las fronteras no existirían, puesto que estaríamos, supongo, dentro de la Unión Europea. Esa idea del país cerrado tipo siglo XIX, creo que está siendo sustituido por otra cosa que no termina de definirse, que tampoco es paradisíaca, pero que baja un poco la llama nacionalista. En Europa, por lo menos.
-Hubo muchos rebrotes nacionalistas, sin embargo, aunque justo acaba de perder Orbán en Hungría. Porque parecía que ese sueño de una Europa unida, derechohumanista, socialdemócrata, se venía complicando.
-Bueno, estas son cuestiones ya geopolíticas, naturalmente, porque Europa no está fuera del planeta, y aunque ahora mismo, ha constituido un espacio civilizatorio como nunca ha habido en el mundo, pues tiene ciertas debilidades, que son debilidades económicas, militares. Y hay un gran temor a que otras potencias terminen de alguna manera imponiéndose sobre Europa y sobre la idea todavía occidental que se mantiene en Europa. Pues Europa ha conseguido formar un espacio sociopolítico basado en el derecho, en la igualdad de los ciudadanos ante la ley, en la tolerancia. El problema es que eso nos ha hecho un poco como débiles ante los conflictos brutales que se están dando ahora en el mundo. Pero yo no soy un especialista en geopolítica, soy es un ciudadano que vive en Alemania y que lee, escucha y de alguna manera le toma la temperatura social al continente.

-Vivís en Alemania, uno de los personajes de la novela, Elene, viene de Estados Unidos, donde no tiene una buena vida. Se la ve nostálgica. ¿Cómo sentís la extranjería? ¿Cómo pesa eso en tu trabajo? ¿Cómo es un escritor que escribe en español pero vive en alemán?
-Me establecí en Alemania a mediados de la década de los ochenta. En ese momento yo era absolutamente extranjero. Es decir, no conocía el idioma del lugar, no tenía permiso de residencia. Llegué siguiendo a mi esposa, con la que afortunadamente, cuatro décadas después, sigo conviviendo. Pero a medida que pasaban los días y los años, esa sensación de extranjería se fue reduciendo. Para empezar, estudié de manera intensa el idioma. Tuve la fortuna de poder integrarme en el mercado laboral. Con el tiempo formé un círculo de amigos. Tengo parientes alemanes. Entonces, vamos a decir que si la extranjería fuera una botella vacía, yo la fui llenando. Por otro lado, me gusta mucho Alemania, me gusta su idioma, me gusta su literatura. Es decir, yo no vine aquí porque viniera huyendo de una guerra o necesitara trabajar, sino que yo vine aquí enamorado y entonces esa situación era un poco distinta. Y al mismo tiempo que una botella se llenaba, la otra se iba vaciando poco a poco. Yo no soy de hielo, o sea que todavía tengo el paisaje, los afectos dentro de mi infancia, mi lengua materna, antiguos amigos. Pero podemos decir que la plena integración en la sociedad alemana me ha ido haciendo inmune a la nostalgia.
-¿Y en la escritura?
-En lo que respecta a la literatura, yo sigo escribiendo sobre mi tierra natal porque escribo desde una herida. Yo tuve que criarme en una sociedad donde hubo mucha violencia. Y esto, me ha marcado mucho. Mientras que Alemania no la vivo como problema. Tiene sus defectos, pero de alguna manera no se pueden comparar con los de una sociedad donde hay, por un lado, represión, porque yo nací durante una dictadura, y luego ha habido mucho terrorismo. Es decir, no siento todo esto como un tema sobre el cual me he interesado y me he documentado, sino como una vivencia personal que me sigue interpelando literariamente. Por eso tengo este proyecto de dejar memoria literaria de mi tierra natal, aunque también quiero escribir otras cosas.
-¿Te sentís involucrado en Alemania con las cosas que pasan estás como un pasito afuera?
-Yo estoy plenamente integrado. Pero vamos a decir que es una sociedad bastante bien organizada en la cual no me siento en peligro. No veo batallas. Es todo un poco ajardinado el país, ¿no?
-Bueno, de repente crece la ultraderecha...
-Pero ese no es un asunto exclusivamente alemán, sino europeo. Y eso sí me preocupa, naturalmente, como todo lo que ponga en peligro la democracia.
-Me pareció que también hay en la novela una reflexión sobre el amor y sobre la pareja, que son bastantes las de una persona que tiene cuarenta años de casado. Maite hace una elección consciente por quedarse. Y me parece que aparece la pregunta de qué es estar enamorado. Andoni hace los gestos del amor, pero no parece que estuviera enamorado.Y uno dice: ¿por qué no le creo nada?
-Debes tener en cuenta una cuestión y es que el foco narrativo lo tiene Maite. Es decir, que todo lo que averiguamos es porque le pasa a ella o pasa delante de ella o se lo han contado. Es decir, que el lector, la lectora, asisten a la versión de Maite. La cuestión del amor y sobre todo dentro de la pareja o dentro de las familias, es relevante en mi literatura, forma parte de vivencias mías, pero mis novelas en cierto modo son paseos por vidas ajenas. Es decir, que lo que yo cuento ahí no me ha ocurrido a mí. Mi vida no da para mucha literatura. Es monótona, mi vida, es gris y aburrida. Pero me gustaría saber cómo funciona el ser humano en determinadas situaciones. Y esta es la harina con la que yo hago mis panes literarios, es la condición humana, ¿no? La diversidad de, de circunstancias, de comportamientos.
-También, además del amor, me parece que de los cuerpos, quién es lindo, quién es feo. Hay una cosa desarrollada, sobre todo a partir de Elene, pero también de Maite, de qué les pasa a los cuerpos, qué problemas tienen, cómo son deseados o no deseados.
-Sí, esas presencias físicas yo las considero relevantes. No paro la narración para hacer una descripción de página y media sobre el cuerpo de un personaje. En el caso de Elene hay una especie de paradoja en el sentido de que ella no es físicamente agraciada, pero se hace la feliz. Ella entra a la novela haciéndose la feliz.
-Sí.
-La dueña de una casa con jardín y unos hijos maravillosos y un marido fornido en un país que se supone que está muy desarrollado. Y luego la novela irá desmintiendo poco a poco esa condición de feliz.
-Ella ha sufrido no ser agraciada. Dice algo como que, como nadie la quería, terminó yendo con cualquiera. Y parece terminar con una apuesta a la felicidad que tiene algo de esperanza, de reconciliación con ella y con quien la ama. Me parece que es una novela con final feliz, aunque no te guste.
-Tengo tengo novelas que terminan de una manera bastante más cruel. Y, en este caso, no quise. Me pareció que se puede también transmitir contenidos profundos sin necesidad de abusar del drama o de la sangre, del crimen, de las enfermedades. Y no veo por qué la gente común no ha de protagonizar también novelas.
-¿Porque somos aburridos?
-No sé quién dijo que todo ser humano lleva una novela a rastras, que es la historia de su vida bien contada. Y, además, en el mundo actual en que vivimos casi no queda otro remedio, porque ya está todo descubierto, está todo explorado. Las grandes batallas son imposibles con la tecnología actual. Ya incluso hasta los soldados sobran: se lucha con robots, con drones. Entonces, el margen para la heroicidad está suprimido completamente. Y, sin embargo, sigue habiendo la posibilidad de contar destinos humanos. Tengo un cupo de años por vivir y me gustaría dejar una especie de testimonio literario de la gente con la que tuve que vivir los años que me correspondan. Y con eso tengo suficiente.
La cita, en la Feria del Libro
Presentación de Maite
Cuándo: El domingo 3 de mayo a las 16:00 h.
Dónde: Sala Julio Cortázar, Pabellón Amarillo.
La entrada, los horarios, los días
Entrada: La entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires costará 8.000 pesos de lunes a jueves y 12.000 los viernes, sábados y domingos.
Con esa entrada, el visitante recibirá un “chequelibro” con el que podrá conseguir descuentos en librerías cuando termine la Feria.
Gratis: de lunes a jueves desde las 20 h,
Fecha: La Feria sigue hasta el 11 de mayo.
Horarios: de lunes a viernes de 14 a 22 h. Sábados, domingos y feriados de 13 a 22 h.
Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704, Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia).
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