Expertos en derechos culturales han advertido sobre la creciente influencia de la censura china en instituciones británicas, después de que un informe revelara que el museo Victoria and Albert (V&A) de Londres eliminó contenidos de sus catálogos de exposiciones a petición de autoridades de Pekín.
El hecho de que museos como el V&A —que inaugurará esta semana la muestra “Music is Black” en su nueva sede V&A East— hayan cedido ante exigencias extranjeras para ajustar materiales históricos ha reavivado el debate sobre los riesgos de la llamada “represión transnacional”, concepto que describe el alcance global de la censura impuesta por gobiernos autoritarios fuera de sus fronteras.
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El reporte detalla que la intervención de los censores se materializó en la exclusión de imágenes de mapas históricos y una fotografía de Vladimir Lenin en dos catálogos. Además, señala que instituciones de referencia en el Reino Unido, como Tate y el Museo Británico, recurren frecuentemente a imprentas en China para reducir costos, lo que las obliga a cumplir con las estrictas regulaciones de la Administración General de Prensa y Publicaciones (GAPP) de ese país.
Un ejemplo específico citado fue la recomendación de la imprenta C&C Offset Printing al V&A: “Nuestra sugerencia es eliminar este mapa o usar otra imagen”. Esta censura provocó retrasos en la impresión hasta que el museo sustituyó la imagen rechazada —un mapa de rutas comerciales del imperio británico de la década de 1930— por una fotografía de inmigrantes antillanos llegando a Southampton.
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Las regulaciones sobre mapas en China son especialmente estrictas. Solo empresas autorizadas pueden producir mapas que incluyan la geografía de ese país o de los territorios reclamados por Pekín, lo que afecta incluso a materiales que no refieren al espacio chino, como expresó un empleado del V&A en un correo interno: “Es un mapa histórico que muestra el dominio colonial británico, así que no tiene nada que ver con China”.
En el catálogo de la exposición “Fabergé: Romance to Revolution” de 2021 también se eliminaron una segunda imagen de mapa y una fotografía de Lenin. Un correo electrónico de aquella época evidencia el dinamismo y la falta de claridad de las restricciones: “La lista de restricciones cambia constantemente”.
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El museo V&A admitió que aceptó realizar estos cambios, justificándolos como modificaciones de escasa importancia. “Estábamos conformes con hacer estos pequeños ajustes, ya que no afectaban el contenido, y evidentemente detendríamos la producción si algún requerimiento nos pareciera problemático”, informó un portavoz del museo a The Guardian. La decisión sobre dónde imprimir los catálogos, según indicó el propio V&A, se toma de manera individual para cada publicación, con la promesa de mantener “estricto control editorial” en todo el proceso.

No obstante, la justificación de que se trató de “ediciones menores” ha desatado críticas entre especialistas independientes. Sam Dunning, director de U.K.-China Transparency, señaló que este tipo de influencia “es inquietante” y que constituye parte de un fenómeno más amplio, describiendo un “patrón”. Dunning advirtió que “comienza con ediciones menores, pero si se accede a comprometer la independencia, por más leve que sea, la línea puede desplazarse”.
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La crítica fue compartida por Jessica Ní Mhainín, portavoz de la organización Index on Censorship, quien expresó que los mapas históricos “son documentos fundamentales para entender cómo las sociedades visualizan la geografía, el poder y el pasado”. Ní Mhainín advirtió que la “dependencia económica de China puede impulsar la autocensura”, y afirmó que instituciones como el V&A “tienen la responsabilidad de defender su independencia y salvaguardar la libertad intelectual y de expresión”.
El impacto de la censura china en museos y centros culturales occidentales no se limita al Reino Unido. The Guardian recordó que en 2023, el museo estatal Musée Guimet de París fue demandado por cuatro asociaciones pro-tibetanas, que denunciaron intentos de eliminar la identidad cultural del Tíbet en sus exposiciones, en presunto cumplimiento de demandas de lobby de Pekín. Según los abogados de los demandantes, “resulta difícil no ver esto como una elección deliberada del museo Guimet para atender exigencias chinas, activamente trasladadas en Francia”.
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