
La revelación parcial de una obra de Joan Miró habitualmente invisible en el Museo Guggenheim de Nueva York marca un momento singular en la agenda artística internacional. El mural cerámico “Alicia”, realizado con Josep Llorens Artigas, se exhibe por primera vez en más de 20 años gracias a la intervención de Carol Bove.
El mural cerámico “Alicia”, de Joan Miró, ha sido ocultado la mayor parte del tiempo tras una pared falsa en el Guggenheim desde los años sesenta. Ahora, una apertura en la exposición de Carol Bove permite ver una parte de la obra tras décadas fuera de la vista del público. Encargado en 1963 en homenaje a Alicia Patterson, el mural combina historia, polémica y un lenguaje visual único, y su exposición parcial reabre el debate sobre la memoria artística del museo.
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La pieza fue concebida entre 1965 y 1967 por Miró en colaboración con el ceramista Josep Llorens Artigas. Se compone de 190 azulejos de cerámica y tiene 5,8 metros de largo. Sus formas negras trazan el nombre “Alice”, conforme a la preferencia del artista, cerca de la rampa del segundo nivel del museo.

Exposición de Carol Bove y la revelación del mural Alicia
En la retrospectiva de Carol Bove, la artista incluyó el mural en la lista oficial de su exposición. Una abertura en la pared permite ahora contemplar parcialmente la obra, fusionando el legado de Miró con cerca de cien trabajos propios en el espacio de la rotonda.
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Bove justificó la apertura como una estrategia para mostrar “un artefacto oculto en su propio escenario de origen”, según explicó ARTnews. Aunque el mural no es visible en su totalidad, la intervención permite al público observar detalles inéditos de la composición cerámica.
Un mural de Miró oculto y redescubierto en el Guggenheim
El encargo de la pieza fue realizado en 1963 por Harry F. Guggenheim, entonces presidente de la Fundación Solomon R. Guggenheim, en memoria de su esposa, Alicia Patterson, editora del Newsday fallecida ese año. Pese a ser permanente, el mural ha permanecido oculto durante décadas por decisión de los curadores.
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El nombre “Alice”, visible en las formas del mural, se mantuvo a pesar de las observaciones del director del Guggenheim, ya que Miró se negó a modificarlo, según relató ARTnews. En 2003, cuando la obra se mostró completamente, se argumentó que interfería con el resto del arte expuesto, según The New York Times. Bove disiente de este criterio y reivindica la presencia del mural como parte esencial de la narrativa museográfica.
La historia de “Alicia” es una muestra de cómo ciertas obras pueden permanecer ocultas incluso dentro de colecciones reconocidas a nivel mundial. La actual exposición y la iniciativa de Bove reabren la discusión sobre la visibilidad y el papel de la curaduría en la memoria institucional del Guggenheim.
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Hoy, la pieza reaparece parcialmente ante el público y recuerda que, incluso en grandes museos, algunas de sus historias más significativas pueden permanecer en la sombra.

¿Quién fue Joan Miró?
Joan Miró nació en Barcelona en 1893 y falleció en Palma de Mallorca en 1983. Reconocido por desarrollar un lenguaje artístico distintivo, se vinculó al surrealismo pero siempre defendió su independencia respecto a los movimientos de vanguardia. Inició sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona y profundizó su formación con Francisco Galí, priorizando la experimentación y el contacto directo con los materiales.
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Desde 1920 residió alternadamente entre París y Cataluña, integrando el círculo de los surrealistas sin adherirse formalmente. En su obra pictórica, escultórica y cerámica, Miró experimentó con la simplificación de formas, el uso de colores planos y una iconografía propia con símbolos astrales, aves y figuras abstractas. Obras como “La masía”, “El carnaval del arlequín” y la serie “Constelaciones” consolidaron su reputación internacional.
Miró rechazó las técnicas tradicionales y defendió la ruptura con los límites de la pintura: su célebre frase “quiero asesinar la pintura” resume ese espíritu. Su influencia alcanzó el arte abstracto y el expresionismo norteamericano. Su legado se conserva en la Fundació Joan Miró de Barcelona y la Fundació Pilar i Joan Miró de Palma, instituciones que preservan tanto su obra como su búsqueda de libertad creativa.
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