“¿Te entregas?”
Puede ser una pregunta pertinente en cualquier relación, pero resulta especialmente significativa para la pareja BDSM del romance amable con el kink y sorprendentemente conmovedor Pillion, de Harry Lighton.
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Como la mayoría de los amantes, Colin (Harry Melling) y Ray (Alexander Skarsgård) tienen un acuerdo. De acuerdo, sí. Sus límites están un poco más marcados que los de la mayoría. Colin cocina todo, duerme en el suelo y lleva un collar con cerradura alrededor del cuello. (Ray guarda la llave). Podría decirse que el equilibrio de poder no es del todo equitativo.
Básicamente, Colin hace todo lo que Ray desea, y lo hace feliz. Como se puede esperar, hay bastante cuero involucrado. Júzguelo si quiere, pero el acuerdo parece funcionarles.
Incluso entre las muchas parejas extrañas que han desfilado por nuestras pantallas, Ray y Colin son un dúo singular. Fay Wray y King Kong tenían más en común. Colin es un apacible y complaciente agente de estacionamiento en Bromley que vive con sus padres (Lesley Sharp, Douglas Hodge) y canta en un cuarteto de barbería (N. del E.: estilo de música vocal a capela a cuatro voces). Ray es un misterioso, lacónico y mortalmente apuesto motociclista.
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Si te preguntas cómo pudieron llegar a estar juntos —la mayoría de las personas que los encuentran también—, Pillion comienza con un encuentro memorable, memorable porque su unión es casi el reverso exacto de la fantasía de las comedias románticas.
Colin se dirige a una presentación de barbería cuando, desde el asiento trasero de un coche en movimiento, su mirada capta una figura borrosa que pasa. “Chariot” de Betty Curtis suena en la radio. Más tarde, en el pub, en realidad no se encuentran ni siquiera cruzan miradas, pero Ray deja una nota para encontrarse, en Navidad. La cita, si puede llamarse así, es breve. Ray dice apenas una palabra, pero Colin lo sigue a un callejón oscuro. Suceden lamidas de botas, y algo más.
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“¿Qué voy a hacer contigo?”, dice Ray después.
“Lo que quieras, en serio”, responde Colin, sin rastro de picardía o vergüenza.
Cuando Colin vuelve a casa, sus padres están ansiosos por saber detalles. “¿Buen tipo?”, pregunta su padre.

Es una pregunta que sobrevuela Pillion, que adopta en gran medida la perspectiva de Colin a medida que la relación se profundiza —o al menos se vuelve más reglamentada. Ray prácticamente no le dice nada a Colin que no sea una orden. Se podría decir que lo trata como a un perro, pero al menos Ray deja que su perro se siente en el sofá.
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Esperamos a que Colin se rompa o a que el reinado imperial de Ray se ablande. Pero también queda claro que Colin es completamente feliz. La sumisión le resulta natural. Cita alegremente a Ray diciéndole que tiene “una aptitud para la devoción”. Cuando se aferra a la espalda de Ray en la motocicleta, Colin parece completamente dichoso. Cuando Ray lo hace luchar, domina rápidamente a Colin. ¿Se entrega? Con gusto.
La lucha de poder, o rendición, de Pillion la convierte quizá en nuestra primera “dom-com”. (También es, casi de manera estruendosa, el segundo estreno temático de dominación de A24, luego de Babygirl de 2024). Pero lo que hace de Pillion, el primer largometraje de Lighton, una experiencia tan hechizante es su liviandad. Está basada en Box Hill de Adam Mars-Jones, pero la película de Lighton en gran parte esquiva los giros más oscuros y abusivos de la novela. Lighton prefiere disfrutar de la dinámica en desarrollo de una relación llevada al extremo, una que en última instancia, como cualquier otra, está guiada por necesidades y deseos.
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Y las actuaciones son asombrosas. El Ray de Skarsgård es impenetrable y arrogante, con solo los más sutiles indicios de sensibilidad. Pero la película pertenece a Melling. El ex actor de Harry Potter siempre ha tenido una presencia singularmente cautivadora. Lo recuerdo sobre todo en La balada de Buster Scruggs de los hermanos Coen, desprovisto de todas sus extremidades y aun así tan poderosamente hipnótico con esos ojos melancólicos. En Pillion, es la forma en que Melling asume tan torpe y dulcemente su nuevo papel de Colin lo que vuelve la película cómica y curiosamente conmovedora.
Es una película divertida; hay innumerables momentos, como esa línea de “¿Buen tipo?”, preparados para la risa. Pero también es, especialmente para una película que ha sido noticia por su explicitud, curiosamente emotiva. Pillion ha sido promocionada, un poco en broma, como una historia de amor, programada para el Día de San Valentín. Pero es más bien una iniciación sexual, una donde incluso un sumiso como Colin aprende que no siempre puedes dar.
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Pillion, una producción de A24 que se estrenó en cines el viernes y a nivel nacional el 20 de febrero, aún no ha sido calificada por la Asociación Cinematográfica, pero contiene una escena sexual explícita. Duración: 106 minutos. Tres estrellas de cuatro.
Fuente: AP
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