
Vince Gilligan adora meterse en líos. Durante la producción de Breaking Bad y Better Call Saul, el maestro de los antihéroes escribió y filmó saltos temporales misteriosos sin un plan definido; junto con sus guionistas, tenía que encontrar una explicación convincente. El caso más recordado es la ametralladora al comienzo de la quinta temporada de Breaking Bad. “Eso fue lo que más recuerdo que nos asustó, porque lo hicimos, me comprometí con eso”, le dijo a Variety al reflexionar sobre el décimo aniversario de la serie. “Una de las cosas más tontas que he hecho en mi carrera fue comprometerme con la idea de que Walter White comprara una ametralladora cuando no sabíamos qué iba a hacer con ella”.
Gilligan ha mencionado con frecuencia que no sabía cómo iba a terminar Breaking Bad; encontrarle un uso a esa ametralladora ayudó al equipo creativo a decidir cómo concluir la serie. Ese enfoque arriesgado, curioso y colaborativo, que Gilligan describe como “orgánico”, le ha dado muy buenos resultados. Es una leyenda por partida doble: por Breaking Bad, una de las mejores series de televisión de la historia, y por cocrear Better Call Saul con Peter Gould, que quizá sea incluso mejor.
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Ahora llega Pluribus, su nueva serie para Apple TV, protagonizada por la inigualable Rhea Seehorn. Si el reto que Gilligan asumió con Breaking Bad fue convertir Mr. Chips en Scarface, en Pluribus apunta aún más alto: ¿qué pasaría si intentara crear una serie casi sin conflicto y casi sin diálogos?
¿No es suficientemente difícil? Hay más: ¿y si la protagonista pasa más tiempo sola que Tom Hanks en Náufrago? Carol Sturka, interpretada por Seehorn, es una novelista romántica misántropa, sin el “superpoder” de la astucia de Walter White o el encanto de Jimmy McGill. ¿Qué pasa si el personaje central no resulta especialmente ingenioso ni introspectivo? La serie ni es confesional ni utiliza flashbacks de forma convencional; no avanza, ni cambia sustancialmente.
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Además, hay zombis. O algo así. Zombis amables con la protagonista.
Son limitaciones complicadas para una serie, pero el primer episodio es espectacular. Gilligan es el guionista de algunos de los mejores pilotos de la historia reciente. Mientras otras series usaban finales en suspenso, Breaking Bad introdujo la historia con una velocidad impresionante, y mantuvo ese ritmo en casi toda su trayectoria. Al finalizar el piloto de Breaking Bad, Walter ya fabricó metanfetamina, asesinó y tomó decisiones radicales.
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El episodio piloto de Pluribus exhibe la destreza de Gilligan para construir y (destruir) mundos rápidamente. El entorno de Carol, la vida intelectual de Albuquerque, sus seguidores y sus tensiones con Helen (Miriam Shor) quedan claros en pocas escenas. Luego ocurre un suceso que modifica para siempre la dinámica y el tono de la temporada. Es un episodio absorbente y agotador.
El resto de la serie fluye a otro ritmo.
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La lentitud tras el piloto es una decisión de autor: lo que se experimenta en el primer episodio evidencia que la ulterior calma es voluntaria. Si el espectador encuentra recompensa, dependerá de su tolerancia a ese tempo (y del giro final). Gilligan se interesa por la repetición, el tedio y la búsqueda de conflicto. Al igual que en Better Call Saul, aquí se muestran labores humanas con detalle, aunque en Pluribus la normalidad de Carol vuelve esas acciones más tediosas.
El segundo episodio baja el ritmo aún más, aunque el contexto apocalíptico le da algo de impulso. La evolución de Carol resulta tan pausada que los encuentros y conversaciones con otros personajes apenas varían. El aprendizaje y las acciones de Carol fluyen con parsimonia, y sus reacciones, en muchos casos, carecen de impacto y relevancia.
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Gilligan concibió originalmemte la serie como una historia sobre un hombre común tratado con una generosidad inexplicable. Está cansado del antihéroe tradicional; Pluribus surge de ese hartazgo. Es un experimento de ciencia ficción anclado en la normalidad de una protagonista que apenas parece tener efecto en el mundo. Frente a la búsqueda de poder de Walter White, Carol se muestra apática y aislada durante gran parte de la primera temporada.
Visualmente, la serie impacta: la representación de una Albuquerque silenciosa y desierta es sobrecogedora. Algunas escenas alcanzan un gran despliegue técnico y presupuestario. Da la impresión de que Gilligan usó a Carol como su álter ego tras los éxitos y de que la libertad creativa que le ofreció Apple lo desconcertó.
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Pluribus explora la normalidad y la falibilidad como valores en sí mismos. A lo largo de siete episodios, lo que se narra refleja ese planteo, pero la falta de conflictos internos o externos no basta para justificar todo el trayecto. A la espera de que la segunda temporada encuentre el tono o el drama que la historia todavía no ha hallado, lo indiscutible es que el talento de Gilligan y Seehorn sostiene el interés inicial.
Fuente: The Washington Post
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[Fotos: prensa Apple TV]
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