
El fallecimiento de Olga Fernández Latour de Botas marca el cierre de una trayectoria intelectual que dejó una huella profunda en la filología, el folklore y la identidad cultural argentina. La Academia Argentina de Letras comunicó que la profesora, escritora e investigadora murió el domingo 19 de octubre, a los noventa años, tras una vida dedicada al estudio y la difusión de la cultura nacional.
Elegida académica de número el 28 de julio de 2005, Fernández Latour de Botas ocupó el sillón “Esteban Echeverría” hasta el 27 de junio de 2024, fecha en la que fue designada académica honoraria. Su recepción pública como miembro de la Academia tuvo lugar el 11 de mayo de 2006, en un acto en el que los académicos Pedro Luis Barcia y Emilia de Zuleta —fallecida el 27 de septiembre— destacaron su aporte a la institución y a la cultura argentina. En esa ocasión, la homenajeada disertó sobre “La décima y nosotros”, abordando la importancia de la poesía popular en la construcción de la identidad nacional.
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A lo largo de su carrera, Fernández Latour de Botas publicó con la Academia obras fundamentales como Léxico de los viales criollos y Léxico del tango-baile (en coautoría con Teresa Barreto, 2012), Léxico del pan (2007) y la edición de Villancicos de Navidad de Juan Alfonso Carrizo, a la que sumó prólogo y bibliografía (2007). Además, contribuyó con numerosos artículos en el Boletín de la Academia Argentina de Letras, consolidando su papel como referente en el estudio del lenguaje y las tradiciones populares.

Su labor académica trascendió los límites de una sola institución. Fue miembro de la Academia Nacional de la Historia, la Academia Nacional del Folklore, la Academia Argentina de Conocimientos Interdisciplinarios (con sede en la Universidad de Palermo), la Academia Sanmartiniana, la Academia Belgraniana y la Browniana. También integró la Real Academia Española de la Lengua, la Real Academia de la Historia de España, el Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro y el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, entre otras entidades. Su reconocimiento internacional se reflejó en su condición de miembro correspondiente de varias de estas instituciones.
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Junto a su familia, fundó la Fundación Ferlabó, dedicada a otorgar becas y premios para proyectos vinculados a la identidad de los pueblos desde la perspectiva de la historia, la filología, el folklore y la etiología sociocultural. En el ámbito docente, ejerció la enseñanza y ocupó cargos directivos en la Sección Folklore de la Escuela Nacional de Danzas —actual Departamento de Folklore de la Universidad Nacional de las Artes—, en la Universidad del Salvador y en la Universidad Católica Argentina, entre otras casas de estudio. Su producción académica superó los doscientos trabajos, entre libros, artículos y capítulos, y participó activamente en numerosas reuniones científicas.
El folklore constituyó el eje central de su vida profesional. Se formó y colaboró con figuras que sentaron las bases del folklore como disciplina científica en la Argentina, como Juan Alfonso Carrizo, Bruno Jacovella, Augusto Raúl Cortazar, Carlos Vega, Ismael Moya, Isabel Aretz, Rafael Jijena Sánchez, Félix Coluccio, Bernardo Canal Feijóo, Berta Elena Vidal de Battini y Carlos Villafuerte. Además, su padre la impulsó a estudiar en la Escuela Nacional de Danzas, lo que le permitió entrar en contacto con escritores como Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández y Santiago Dabove, quienes, según relató, “definían al escritor argentino, universal y nacional al mismo tiempo”. Esta experiencia temprana le permitió comprender las diferencias entre escritores y especialistas, integrando ambas perspectivas en su labor investigadora y docente.
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Entre sus obras más destacadas se encuentra Cantares históricos de la tradición argentina, donde reunió 249 piezas transcriptas por los maestros en la Encuesta de Folklore de 1921. Este libro, de gran interés para investigadores y lectores, incluye análisis comparativos con materiales de otros países, discusiones históricas y políticas, así como consideraciones literarias, filológicas y sociales. A pesar de haberlo escrito a los veinticinco años, la autora demostró una madurez intelectual notable.
Otra contribución relevante es Prehistoria de Martín Fierro, una investigación sobre los antecedentes y orígenes de la obra de José Hernández. En este trabajo, Fernández Latour de Botas analizó la bibliografía hernandiana, revisó los enfoques políticos e históricos y dedicó un capítulo al origen del folklore como disciplina. En sus páginas, ubicó al personaje literario en el contexto antropológico y lo diferenció de otras tradiciones, describiéndolo como uno de los “héroes graves, valientes sin fanfarronería, para quienes matar era una desgracia, una mala jugada del destino”.
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