
El estreno de Balkan Erotic Epic, la nueva creación de Marina Abramovic para Factory International en Manchester, promete desafiar los límites del arte escénico contemporáneo con una propuesta que la propia artista considera su “más ambiciosa” hasta la fecha.
A sus casi 80 años, la legendaria performer no muestra señales de desacelerar su carrera, sino que se embarca en una obra monumental que convoca a 70 intérpretes y explora la tensión entre espiritualidad y sexualidad a través de una mirada renovada sobre antiguas tradiciones balcánicas.
La artista, nacida en la antigua Yugoslavia —actual Serbia— en 1946, ha recurrido a su herencia cultural para reimaginar rituales y creencias folklóricas en una performance de cuatro horas dividida en trece partes, donde la danza y la música en vivo se entrelazan con escenas pregrabadas proyectadas en pantallas que rodean el espacio.

El público podrá desplazarse libremente, aunque se advierte que la experiencia puede tornarse “íntima” o “frenética”, con escenas gráficas, desnudez total y actos simulados. La intención, según Abramovic, es confrontar a los asistentes con la intensidad y el alcance total de la experiencia humana, hasta el punto de que, durante las cuatro horas de duración, la obra pueda sentirse como un verdadero asalto a los sentidos.
En palabras de la propia artista, recogidas en declaraciones difundidas por la organización, “a través de este proyecto, me gustaría mostrar poesía, desesperación, dolor, esperanza, sufrimiento y reflexionar sobre nuestra propia mortalidad”.
Esta aproximación no resulta ajena a la trayectoria de Abramovic, quien ha construido su reputación a partir de performances extremas que la han llevado a situaciones límite, como tener un arco y una flecha apuntando a su corazón, desmayarse en el centro de una estrella de madera en llamas o recorrer la mitad de la Gran Muralla China para encontrarse —y separarse— de su expareja Ulay.

La artista también ha reflexionado sobre la percepción contemporánea de la sexualidad, afirmando: “En nuestra cultura actual, etiquetamos todo lo erótico como pornografía. Esto me da la oportunidad de volver a mis raíces y cultura eslavas, mirar hacia los rituales antiguos y abordar la sexualidad en relación con el universo y las preguntas sin respuesta de nuestra existencia”, según sus declaraciones difundidas por Factory International.
La puesta en escena de Balkan Erotic Epic incluye desde una orgía multitudinaria hasta esqueletos danzantes y un “jardín de hongos” poblado de falos artificiales. Esta ausencia deliberada de pudor responde a la observación de Abramović de que, en la cultura balcánica, numerosos rituales giran en torno a los genitales, un tema que comenzó a fascinarla durante la realización de su filme de 2005, Balkan Erotic, centrado también en actos ceremoniales realizados en la desnudez.
Entre los ritos tradicionales que la artista recupera para esta obra se encuentran el vestido de un cadáver desnudo, hombres penetrando la tierra para favorecer su fertilidad y una mujer embarazada sumergida en leche. Abramović sostiene que estas escenas permitirán conectar al público con la historia de la humanidad, revelando “las mismas esperanzas y ansiedades que sentimos hoy”.

El impacto de Marina Abramovic en el mundo del arte se ha visto reforzado este otoño con una serie de eventos destacados. La semana pasada, organizó una rave multitudinaria en Saatchi Yates, en el centro de Londres, que atrajo largas filas de asistentes.
Además, una retrospectiva de gran envergadura acaba de inaugurarse en la Albertina de Viena, mientras que la Galleria dell’Accademia de Venecia ha anunciado una segunda muestra para el próximo año, coincidiendo con la Bienal. Con este reconocimiento, Abramović se convierte en la primera mujer artista viva en recibir tal honor.
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