
Si se pregunta sobre el legado de Mao Zedong, los cuadros del Partido Comunista Chino recitan un veredicto preciso: 70 por ciento bueno, 30 por ciento malo. Frank Dikötter rechazaría ese blanqueo aritmético. Es reconocido por escribir una importante trilogía de libros sobre el gobierno de Mao en China, en la que investigó archivos remotos para documentar la opresión y las atrocidades masivas del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Aunque las autoridades chinas siguen negando o minimizando las realidades sombrías de su pasado, Dikötter actúa como una especie de comisión de la verdad en solitario, desenterrando de forma constante horrores que costaron decenas de millones de vidas.
En Red Dawn Over China, Frank Dikötter, historiador en la Universidad de Hong Kong y en la Hoover Institution de Stanford, presenta una precuela contundente, absorbente y con opiniones marcadas a su trilogía, mostrando cómo los comunistas lucharon para alcanzar el poder en las décadas posteriores a la Primera Guerra Mundial.
PUBLICIDAD
Gran parte del impacto del libro proviene de la profundidad de la investigación realizada por Dikötter, quien recurrió a más de 300 volúmenes de documentos internos del partido elaborados en todo el país y que llegaron a Hong Kong. Su objetivo es dar voz a los millones de chinos silenciados por la violencia y la represión comunista.
Dikötter sostiene que, desde la fundación del partido en 1921 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, los revolucionarios de Mao Zedong fueron completamente marginales. Incluso según las cifras infladas de la Internacional Comunista, China tenía antes de 1940 quizá un comunista por cada 1.700 personas, una proporción similar a la de Estados Unidos en esa época.
PUBLICIDAD
¿Cómo logró este pequeño grupo tomar el control de un país tan enorme como China? La respuesta de Dikötter es tajante: “La palabra clave es violencia, y la disposición a ejercerla”. Lejos de ser un movimiento de masas arrollador que llegó al poder de forma inevitable, Dikötter relata la Revolución China como un acontecimiento improbable, impulsado menos por el apoyo popular que por la crueldad implacable y cierta dosis de suerte.
Mao también contó con ayuda externa, algo común en las guerras civiles. Aunque los revolucionarios chinos se presentaban como representantes de la voluntad popular, Dikötter sostiene que en varias ocasiones el movimiento fue moldeado y salvado por extranjeros, especialmente la Unión Soviética. Los activistas comunistas chinos se inspiraron en la Revolución Bolchevique y recibieron formación, adoctrinamiento y armas de agentes soviéticos en China. En 1926, un agente de la Komintern de la Unión Soviética nombró a Mao Zedong, de 32 años, para dirigir un instituto de formación de activistas para organizar a los campesinos.
PUBLICIDAD
A pesar de la ayuda de Joseph Stalin, los comunistas chinos estuvieron cerca de ser aniquilados a mediados de los años treinta por los ejércitos del gobierno nacionalista dirigido por el generalísimo Chiang Kai-shek. Los comunistas no habían logrado atraer a los trabajadores urbanos y, pese al atractivo del reparto de tierras, los campesinos temían el terror y la explotación de las tropas comunistas.
Los agricultores también se preocupaban más por las sequías, inundaciones y heladas que por una clase mercantil explotadora. Cuando los comunistas terminaron su desesperada retirada de los nacionalistas durante la Larga Marcha en 1935, Dikötter escribe con ironía que su apoyo popular era equivalente al de una secta religiosa oscura o una sociedad secreta menor.
PUBLICIDAD

En ese momento, los comunistas fueron salvados, paradójicamente, por la agresión japonesa. Tras la invasión de Manchuria por parte de Japón en 1931, los comunistas siguieron concentrados en combatir a los nacionalistas, no a los invasores extranjeros. En 1937, Japón lanzó una invasión a gran escala de China, una catástrofe que costó la vida a unos 14 millones de chinos. Mao, pese a ingresar en un Frente Unido temporal y conflictivo con los nacionalistas, prefirió dejar que las tropas nacionalistas soportaran el mayor peso del ataque japonés, mientras los ejércitos comunistas se reagrupaban y establecían control sobre nuevos territorios.
Mientras que otras historias, como la del politólogo de Harvard Tony Saich “From Rebel to Ruler”, han abordado la dificultad de los comunistas para llegar a la clase obrera y a los campesinos, Dikötter dedica poco espacio a los aspectos socioeconómicos o culturales del partido, enfocándose en cambio en su violencia y adoctrinamiento.
PUBLICIDAD
En las zonas bajo su control, según Dikötter, los comunistas instauraron “un estado de terror”, ejecutando a funcionarios locales y a quienes consideraban “políticamente poco fiables”. Expone cómo los comunistas intentaron “destruir el antiguo orden de la noche a la mañana” mediante un ataque a la tradición confuciana, las instituciones religiosas y la vida en los pueblos, anticipando lo que sería la Revolución Cultural décadas después: “Se enfrentó a las personas unas contra otras en las llamadas ‘reuniones de lucha’, denunciando toda autoridad, ya fueran ancianos, líderes de clanes o incluso padres y hermanos”.
Los comunistas recibieron otro impulso invaluable de la Unión Soviética cuando esta finalmente entró en guerra contra Japón, días después de la destrucción nuclear de Hiroshima. Un millón de soldados soviéticos irrumpieron en la Manchuria ocupada por los japoneses, un premio estratégico y económico clave. Mientras Mao negociaba en falso la formación de un gobierno de coalición con los nacionalistas, los soviéticos colaboraron en secreto con los comunistas para facilitar su control de Manchuria tras la retirada soviética. Los soviéticos entregaron a los comunistas tanques, aviones y armas capturados al ejército japonés derrotado.
PUBLICIDAD

Dikötter es muy crítico con los estadounidenses crédulos que malinterpretaron a los comunistas, como el vicepresidente Henry A. Wallace y el corresponsal Edgar Snow, cuyo popular libro de 1937, “Red Star Over China”, sirve de contrapunto para el título de este libro. También arremete contra la fallida misión del general George C. Marshall, quien intentó presionar a Chiang y Mao para formar un gobierno unificado en los primeros años tras la guerra, describiéndolo no como un pacificador enfrentado a una tarea imposible, sino como un ingenuo.
Aun así, como muestra el periodista Daniel Kurtz-Phelan en “The China Mission”, aunque Marshall fracasó, desconfiaba del engaño y la propaganda comunista, advirtiendo al presidente Harry Truman en 1946 que China siempre sería vulnerable a la subversión soviética “mientras hubiera un gobierno comunista y un ejército comunista separado en China”.
PUBLICIDAD
El libro concluye con la conquista del Tíbet a comienzos de los años cincuenta y Dikötter escribe de manera ominosa: “Solo Hong Kong, Macao y Taiwán aún escapaban al alcance del Partido Comunista Chino”. Actualmente, el partido enfrenta graves desafíos internos, desde un alto desempleo juvenil hasta la purga militar ordenada por Xi Jinping. Desde 2017, Xi afirma que el mundo atraviesa “grandes cambios no vistos en un siglo”, con la élite del partido interpretando el Brexit y la primera elección de Donald Trump como señales de un rápido declive occidental que favorece su propio ascenso.
Trump sigue reforzando esa visión al iniciar y perder una guerra comercial contra China, debilitar la OTAN y distanciar a los aliados japoneses y surcoreanos. Al leer hoy el libro de Dikötter, resulta difícil no escuchar ecos del pasado: una vez más, un extranjero imprudente acude en auxilio del Partido Comunista Chino.
PUBLICIDAD
Fuente: The New York Times
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
La Orquesta de la USAL presenta la ‘Sinfonía Jesuita’, una obra sobre la vida de San Ignacio de Loyola
El viernes 28 de agosto, el conjunto dirigido por Ricardo Sidelnik ofrecerá en la Iglesia del Salvador un programa dedicado al fundador de la Compañía de Jesús, con música del compositor mexicano Venus Rey Jr.

Buenos Aires tiene doce nuevos Bares Notables: dónde están
Con estas incorporaciones, el programa reúne 90 cafés, bares, billares y confiterías porteñas. El barrio como parte de la identidad

Alice Oseman sobre el final de Heartstopper: "No creo que le diga un adiós definitivo"
La autora habló con Infobae sobre el cierre de la historia de Nick y Charlie, que nació como un webcómic gratuito y se convirtió en un fenómeno editorial global

DocBuenosAires vuelve a la Sala Lugones con una grilla que pone el foco en Tsai Ming-liang
La muestra de cine documental celebra su edición 26 en Buenos Aires con funciones del 18 al 23 de agosto, una programación internacional y varias obras del realizador taiwanés

El fundador de la Feria de Editores alerta que el proceso que formó al público lector argentino “parece estar destruyéndose”
En una entrevista con la revista cultural española Jot Down, Víctor Malumián señala que el sustrato cultural que ubicó al país como referente en América Latina se está interrumpiendo en las nuevas generaciones



