
Abdulrazak Gurnah ironiza con que está “encantado” de llevar desde 2021 el “peso” que supone la distinción del premio Nobel de Literatura en un momento, además, en el que tiene nueva novela, Un largo camino, una historia que transcurre en su Zanzíbar natal (Tanzania). La obra sitúa al lector a finales de los años noventa del siglo pasado, aunque alude a hechos y situaciones de los años cincuenta y anteriores, y en la misma cuenta la vida de tres jóvenes, dos hombres y una mujer, que alcanzan la edad adulta en el África oriental poscolonial.
“Lo que me interesaba en esta novela es ver cómo las personas gestionan la vida que les es dada, qué hacen con las cartas que les han tocado”, precisa el escritor africano. Y traza un friso de aquel momento, mostrando, además, quién es Raya, la madre de Karim, uno de los tres protagonistas, una mujer forzada a casarse de muy joven con un hombre mayor, que la maltrata, de manera que en un momento de su vida decide acabar con su matrimonio y ve que la “única solución que tiene para salir adelante es dejar atrás al hijo que tuvo”.
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El lector conocerá, asimismo, la peripecia vital de Badar, el joven que acabará de sirviente en casa de Raya, alguien que no sabe quién son sus padres, que será acusado de robo, como un día lo fue su progenitor, aunque él no lo sepa, y quiénes son Karim, hijo de Raya, y su esposa Fauzia, el otro vértice de este triángulo. “Todos nosotros heredamos las consecuencias de las acciones que han realizado en el pasado otras personas y muchas veces, sobre todo, mientras crecemos, no siempre comprendemos lo que nos ha precedido”, afirma.

En ocasiones, hay gente que tiene “la suerte de que les acaban contando lo sucedido, pero la mayoría tiene que ir sonsacándole a padres y familiares y conocer historias fragmentarias”. Apunta que es de los que cree que “la vida se repite”, aunque las cosas “no ocurran de la misma manera”.
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Muchas maneras de ser en África
Aunque residente en Gran Bretaña desde 1967, Gurnah sigue el devenir de los diferentes países del continente africano, con “muchas maneras de ser, muchas historias, muchas culturas distintas”, pero advierte de que no tiene “ni idea” sobre si alguno puede sobresalir y adquirir rango de gran potencia.
“Es cierto -dice- que existen centros de energía muy potentes que, quizá, puedan despegar y estar en auge en el futuro, pero también hay partes que experimentan todavía de una manera violenta las consecuencias de la colonización, como la República Centroafricana o Sudán, con problemas muy graves y que, en mi opinión, muy difíciles de resolver pronto”.
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Con todo, ve países con “muchas posibilidades” como Sudáfrica, Nigeria, algunos del norte, así como de África Oriental, que son zonas “más tranquilas y pacificadas y espero que ojalá sea así”. En cuanto a si está preocupado por una nueva colonización, piensa que no hay “diferencias esenciales” en cómo las grandes multinacionales o las grandes organizaciones capitalistas mundiales han intervenido o influido en los países africanos y lo que ocurre ahora y siente que hay que esperar para ver qué reparan las nuevas relaciones que se establecen con potencias como China o Rusia y “ver si tienen un peso menor en términos de coacción que lo que hemos tenido hasta ahora”.
Por otra parte, preguntado sobre el turismo, Abdulrazak Gurnah responde que, igual que ocurre con el colonialismo, no hay un “único turismo” y, en el caso que atañe a Zanzíbar, ha recordado que cuando era niño, los únicos turistas que había eran los que iban en transatlántico entre Ciudad del Cabo y Londres y paraban allí durante un día, “bajaban y compraban cuatro trastos, mientras los chiquillos les chillábamos”. Sin embargo, hoy allí hay muchos hoteles, turistas y eso “igual que en Barcelona tiene un impacto, transforma completamente el lugar”.
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La presión del Nobel
No duda en afirmar, por otra parte, que no siente presión tras haber ganado el Nobel de Literatura, porque cuando escribe no piensa en él, sino en ir elaborando las frases, en verificar las ideas que tiene o en si funciona todo el conjunto. “Mi computadora no sabe si he ganado o no el Nobel”, apostilla, para agregar que con la Inteligencia Artificial (IA) igual sí que será su laptop el encargado de escribir las frases.
Fuente: EFE
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