
El reciente descubrimiento de un retrato inédito de John Singer Sargent ha generado un intenso interés entre los especialistas, debido a su sorprendente parentesco visual con Madame X, la obra que desató un escándalo en el Salón de París de 1884. La pintura, titulada Madame O’Connor y realizada en 1882, permaneció fuera del conocimiento público y académico durante décadas, hasta que fue autenticada en 2022 y, la semana pasada, se presentó por primera vez al público en la exposición Sargent: Dazzling Paris en el Museo d’Orsay, donde podrá verse hasta el 11 de enero de 2026.
A diferencia de otras piezas que cimentaron la reputación internacional de Sargent, Madame O’Connor nunca fue exhibida en vida del artista ni en años posteriores. La obra, de dimensiones más reducidas y formato de medio cuerpo, pertenece a una colección privada en Francia y había pasado inadvertida incluso para los principales estudiosos del pintor.
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Su reciente inclusión en la muestra del Musée d’Orsay ha permitido analizarla en diálogo directo con Madame X, el célebre retrato de Virginie Gautreau que Sargent comenzó en 1883, menos de dos años después de pintar a Madame O’Connor.

Ambos retratos comparten una serie de elementos formales que evidencian la experimentación estilística de Sargent en ese periodo. En las dos pinturas, la figura femenina aparece con el cuerpo orientado hacia el espectador y el rostro girado en perfil, lo que permite apreciar la delicadeza de sus rasgos.
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El vestido negro, la piel intensamente pálida y el cabello oscuro recogido en un moño generan un marcado contraste con el fondo marrón apagado. En 1884, tanto Madame O’Connor como Madame X mostraban a sus modelos con un hombro descubierto, aunque en el caso de Madame X este detalle se convirtió en el epicentro de la controversia social.
La reacción ante Madame X fue inmediata y virulenta. Sargent retrató a Gautreau con un vestido ceñido de escote pronunciado y, en un gesto final, dejó caer uno de los tirantes del hombro de la modelo.
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El resultado, considerado elegante pero provocador, fue descrito por un crítico como “la indecencia de su vestido, que parece a punto de caerse”. Ante la presión de la madre de Gautreau, profundamente afectada por el escándalo, Sargent repintó el tirante, aunque el daño a la reputación de la retratada resultó irreversible.
Mientras Madame X se consolidó como una obra polémica y emblemática, Madame O’Connor permaneció en la sombra. La modelo, nacida como Marguerite de Ganay en 1859, era hija de Etienne Aimé de Ganay, quien llegaría a ser el quinto marqués de Ganay, y de Emily Ridgeway, heredera estadounidense.
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La familia poseía una marcada sensibilidad artística: la madre de Marguerite adquirió un autorretrato de Édouard Manet en 1879 y su padre fue retratado por James Tissot. En 1878, Marguerite contrajo matrimonio con el militar Arthur O’Connor, hijo de un republicano irlandés homónimo que se había establecido en Francia.

El análisis de la obra realizado por la historiadora del arte Elaine Kilmurray para el catálogo de la exposición subraya la intensidad psicológica del retrato: “una caracterización nerviosa y sensible”. Kilmurray destaca también los paralelismos con Madame X, señalando que ambos cuadros ofrecen “una visión reveladora de las preocupaciones de Sargent en ese periodo”.
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La curadora Caroline Corbeau-Parsons, responsable de la muestra en el Musée d’Orsay, ha puesto el acento en la libertad técnica del artista: “La manera en que Sargent pintó el vestido de la señora O’Connor es muy suelta”, afirmó. Añadió que “la forma en que representó sus mejillas sonrosadas y la textura de su chal de organza aplicado demuestra su virtuosismo como pintor en esta etapa temprana de su carrera. Su estilo ya había alcanzado la madurez y es reconocible”.
Para Corbeau-Parsons, las diferencias entre ambos retratos resultan tan elocuentes como sus similitudes. En Madame X, explicó, “el cuerpo y el rostro empolvados de la modelo aplanan la superficie de su carne blanca, no muy distinto de las representaciones de Victorine Meurent por Manet”.
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Además, el perfil y la silueta de Gautreau se definen “por la línea”, lo que llevó a algunos críticos a comparar la obra con un dibujo. “La comparación entre ambos retratos pone de manifiesto hasta qué punto Madame X iba a contracorriente”, concluyó Corbeau-Parsons.
La exposición “Sargent: Dazzling Paris” reúne tanto Madame O’Connor como Madame X en el marco del centenario de la muerte del pintor en 1925. Se trata de la primera gran retrospectiva dedicada a John Singer Sargent en París, ciudad que desempeñó un papel central en su formación artística.
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Nacido en Florencia, el artista estadounidense se trasladó a la capital francesa a los 18 años, en 1874, para estudiar y permaneció allí una década, entablando amistad con figuras como Monet y Rodin. El escándalo de Madame X influyó en la decisión de Sargent de mudarse a Londres en 1886, donde consolidó su carrera.
Fotos: L. Striffling, Museo d’Orsay
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