
“Yo espero que la obra se defienda por sí sola”, confiesa John Williams con una mezcla de nerviosismo y expectación ante el inminente estreno de su nuevo concierto para piano. A sus 93 años, el compositor estadounidense, célebre por sus bandas sonoras para el cine, se prepara para escuchar por primera vez en público una pieza que, según admite, le ha supuesto el mayor reto de su carrera. El debut tendrá lugar en Tanglewood, con Emanuel Ax como solista y la Boston Symphony Orchestra bajo la batuta de Andris Nelsons. La grabación para Deutsche Grammophon ya está en marcha y se han programado futuras interpretaciones, entre ellas una con la New York Philharmonic en febrero.
La noticia, recogida por The New York Times, revela una faceta menos conocida de Williams: su trayectoria paralela en la música clásica, que ha discurrido en silencio junto a su prolífica labor en Hollywood. Aunque su nombre se asocia de inmediato a melodías emblemáticas del cine, Williams ha cultivado durante décadas un catálogo de obras sinfónicas, música de cámara y conciertos para instrumentos tan diversos como la flauta, el violín, el violonchelo o el fagot. Sin embargo, nunca antes se había atrevido a escribir un concierto para su “amigo”, el piano. “Siempre pensé que era imposible”, reconoce, abrumado por el peso de la tradición pianística.
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El origen de esta nueva obra se remonta a 2022, cuando Williams cumplió 90 años. Aquella efeméride, celebrada con galas y homenajes, le llevó a anunciar en una entrevista con The New York Times su intención de abordar el desafío. La noticia llegó a oídos de Emanuel Ax, uno de los pianistas estadounidenses más destacados de las últimas cinco décadas, quien no dudó en escribirle para ofrecerse como solista. “Me temo que tomé la iniciativa”, bromea Ax, de 76 años. Williams respondió de inmediato: “Perfecto. Me pondré a trabajar y te lo enviaré”.
La relación entre ambos músicos se remonta a 1994, cuando coincidieron en Tanglewood interpretando el Concierto para tres pianos de Mozart junto a Maria Tipo. Ax ya conocía la reputación de “Johnny Williams” como pianista, transmitida por su amigo común André Previn. Aunque Williams resta importancia a su destreza, admite que “a mucha gente le gustaba el sonido que lograba”. Su aspiración era emular a Walter Gieseking, a quien describe como “un intérprete sublime de la música francesa para piano”.
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El propio Williams inició su andadura musical como pianista de formación clásica, con la ambición de estudiar con Rosina Lhevinne en la Juilliard School y tocar a Rachmaninoff con la New York Philharmonic. Paralelamente, tocaba jazz y componía arreglos para una banda formada con amigos del instituto. Fascinado por Prokofiev, a los 18 años escribió su primera sonata para piano, experimentando con acordes de cuarta, poco habituales en la música estadounidense de la época. Finalmente, tras estudiar con Lhevinne, Williams optó por una carrera en los estudios de grabación de Hollywood, donde descubrió su verdadera vocación: la composición para el cine.
A pesar de su éxito en la gran pantalla, Williams nunca abandonó la música de concierto. Ha escrito piezas para piano como la fantasía “Conversations” para Gloria Cheng y el “Scherzo for Piano and Orchestra” para Lang Lang. Suele componer pensando en intérpretes concretos, ya sea por encargo o como regalo. “Escribir para alguien que conoces amplía el horizonte y lo ilumina”, explica. En el caso del concierto para piano, le atrajo especialmente la herencia musical de Ax: nacido de padres polacos en la actual Ucrania, Ax fue alumno de Mieczysław Munz, quien estudió con Georg von Lalewicz, discípulo de Theodor Leschetizky, a su vez alumno de Liszt y, por extensión, de Czerny y Beethoven. “Esa es una tradición impresionante”, afirma Williams. “Alguien dijo acertadamente que Bach es la base de toda la música para piano, y Liszt la cima del repertorio y la técnica; juntos hacen posible a Beethoven”.
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En la gestación de sus obras, Williams suele partir de una idea, un poema o una imagen. En esta ocasión, pensó en inspirarse en los árboles de Tanglewood, pero finalmente decidió anclar el concierto en la huella de tres grandes pianistas de jazz. El primer movimiento, “Introduction — Colloquy”, evoca el estilo de Art Tatum. Williams recuerda haberlo visto tocar en un club de Los Ángeles cuando era adolescente: “El piano de Art Tatum tenía unas 120 teclas”, bromea, cuando un piano estándar tiene 88. “Aunque tocara en el centro del teclado, sonaba como Rachmaninoff. No era ruidoso ni fuerte. Era simplemente hermoso y grandioso”.
El segundo movimiento, “Listening”, está impregnado del espíritu de Bill Evans, conocido por su sonido “aterciopelado en el equilibrio”, según Williams. El tercero, “Finale.presto”, contiene un guiño a Oscar Peterson, cuya forma de tocar transmitía, para Williams, una sensación de “circo”, lo que considera la esencia de un final de concierto. Estos homenajes, matiza, son apenas susurros: los nombres de los pianistas aparecen en la partitura como indicaciones, pero no se trata de retratos literales ni de un “concierto de jazz” en sentido estricto. “No reconocerías a ninguno de ellos solo por las notas”, apunta Ax, quien ha ensayado la obra en los Berkshires. “Lo único que los recuerda es que los tres movimientos son bastante difíciles”.
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Williams comenzó a trabajar en el concierto a finales de 2023. “Es lo más difícil que he hecho nunca”, pensó al empezar. Entregó la partitura a Ax en primavera. La obra se abre con una serie de cadencias y abundan los pasajes solistas de carácter improvisatorio. “Es espinosa”, fue la primera impresión de Ax. “No tiene nada que ver con ‘Star Wars’”, añade. “Es su otra forma de escribir música. En ese sentido me sentí cómodo, porque ya he tocado música espinosa antes. Solo pensé: ‘Tengo que practicar mucho’”.
El contraste entre la música de cine de Williams, melódica y popular, y su repertorio de concierto, más complejo y disonante, suele desconcertar al público. Sin embargo, algunos oyentes perciben que, bajo la superficie brillante de sus bandas sonoras, late una mayor complejidad, y que bajo la aspereza de sus obras de concierto se esconde una profunda expresividad lírica.
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Una de las sorpresas del concierto es la inclusión de un pasaje de Phineas Newborn Jr., pianista de jazz poco recordado, influido por Tatum y Peterson. Williams rememora cómo, durante las sesiones de grabación de la serie “Peter Gunn” de Henry Mancini, compartía piano con el vibrafonista inglés Victor Feldman, quien estaba obsesionado con una pieza de Newborn. “Nadie parecía capaz de tocarla, pero quería lograrlo con ambas manos”, cuenta Williams. Se llevó la partitura a casa, la estudió y consiguió interpretarla para Feldman, quien quedó asombrado. Ese fragmento figura ahora en el concierto. “A Manny también le resultó difícil”, comenta Williams sobre Ax. “Él utiliza una digitación diferente a la mía”.
El año pasado, problemas de salud obligaron a Williams a cancelar varias apariciones como director. Aun así, ha confirmado su presencia en el estreno de Tanglewood, donde espera alternar la inquietud con la satisfacción. Como siempre que presenta una obra nueva, anticipa que cuestionará algunos pasajes y se sorprenderá gratamente con otros.
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