
No puedo explicar por qué uno sale llorando de ver La Pilarcita. Hace una semana que lo pienso y no sé. No es por la Pilarcita real, esa nena que iba en un carro tirado por bueyes, que iba a cambiar de vida, y en el camino se le cayó la muñeca, se tiró a recuperarla y murió bajo una rueda. No es por ella, o por lo menos no lo fue en mi caso. ¿Entonces?
Salí llorando bajito de ver esa obra que escribió María Marull y que está en cartel hace ya 11 temporadas. Digo: no un ahogo, una explosión en medio de la representación sino un goteo suave y largo durante media hora, ya en la calle, ya en la vida. Para esas cosas una va al teatro, en definitiva, para sensibilizarse, para sacarse el traje de neoprene que nos permite sobrevivir en este mundo áspero, para hacer alguna conexión que tal vez tarde en saber con qué es.
Pero, en fin, empecé por el final. Y lo que corresponde es que hable de obra. Así que acá va: conviene saber, antes de entrar, que alrededor de la historia de esa nena, Pilar Zaracho, se armó un culto popular, de esos que se tramitan con ofrendas -muñecas, todas las muñecas para la que se fue detrás de una- y baile. Y esa es la situación en la que transcurre la obra. La fiesta. O bueno, los preparativos.

Se entiende que hace un calor enorme, ese calor correntino que es como andar dentro de una almohada mojada en agua hirviendo. Una pareja ha llegado a un alojamiento cerca de donde se hace la fiesta. Vienen a pedir un milagro. O, bueno, ella viene a pedir un milagro, él nunca aparecerá.
Cuando digo “alojamiento” no hay que pensar en un hotel 5 estrellas ni en un airbnb con amenities, claro. Esto es el medio de Corrientes -la fiesta se hace en Concepción del Yacaré Corá, aunque en la obra aparecen alusiones a otra localidad, Esquina- y lo que vemos es un patio, cuerda para la soga, una mesa, una Pelopincho, un altarcito de la Pilarcita con sus muñecas.
La dueña es una chica joven, short y remera, que interpreta Agustina Cabo. Está sentada a la mesa tratando de estudiar, porque estudia, se entiende que no en el pueblo. Porque -yo no soy de ningún pueblo pero igual creo que es para llorar- del pueblo todos se van. Tanto que otra joven que la ayuda -la Cele- dice que tantos se van que a veces anda por el pueblo y “creo que estoy muerta”.

Entonces, la estudiante, Celina, está con su ayudante, la Cele. La Cele -Mercedes Moltedo- prepara su traje y para la fiesta. Y su coreografía, todo espléndido. Verla bailar dar risa y conmueve. Esa es una de las claves de la obra: te reís pero vas a salir llorando.
Los huéspedes son de ciudad, son elegantes. Bueno, ella -Julia Catalá- aparece pidiendo tostadas integrales y agua mineral sin gas, como si estuviera en Palermo. Y más allá de las situaciones cómicas que eso produce, va mostrando la hilacha, va mostrando la grieta, va mostrando el dolor de la secretaria que lleva toda la vida siendo la amante, la otra, de su jefe. Y ahora el jefe -amante- está enfermo y ella, que no ha podido entrar al sanatorio, se lo cargó con embustes buscando un milagro.

Entra cada tanto un muchacho que toca la guitarra y va a participar con ella de un concurso. Es malo, se lo dice su hermana, Celina. El atorrante seductor que veníamos necesitando y que nos cantará la historia de la Pilarcita para que tengamos los datos.
Por supuesto que la amante-secretaria, que se llama Selva, va a superar todas las diferencias culturales y va a llegar a la fiesta, porque se le va la vida con Horacio. O, bueno, se le va esa vida que hasta ahora ha tenido.
Dicen que la obra se trata de la fe, de los milagros, de la religiosidad paralela que no puede ser más auténtica. ¿Eso me hace llorar? No sé, no creo. Digo que habla del amor y del desamor, y de cómo cerramos los ojos cuando se parecen demasiado. Que habla del arraigo y del desarraigo, de llevarse el acento de la tierra de uno a las ciudades de otros, de la soledad de los pueblos, de las esperanzas que ni se cumplen ni no se cumplen, simplemente se retuercen y se hacen otras al irse. Pero al quedarse, creo, también. Así es la vida misma.
Cuándo, dónde
*La Pilarcita se puede ver los viernes a las 20 y a las 22 h en El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960.
*Este viernes a las 22 la entrada será a la gorra como parte del Festival Entrá. Las entradas se entregan a las 21h en el teatro, hasta llenar su capacidad.
Últimas Noticias
“Petróleo” vuelve tras su gira española: la obra premiada de Piel de Lava prepara su cierre porteño
La creación estrenada en 2018 pasó por Madrid, Barcelona y Girona durante octubre, antes de ofrecer sus presentaciones finales en Avenida Corrientes, donde ya había conquistado al público local en temporadas anteriores

Un ejemplar de ‘Crónicas Vol. 1’ y un rosario: Bob Dylan visitó al papa León XIV en el Vaticano e intercambiaron regalos
El cantautor premio Nobel de Literatura se reunió con el Pontífice en el Palacio Apostólico a horas de su concierto en Roma, dentro de la gira que nunca termina 'Rough and Rowdy Ways'

Philippe Jaenada ganó el Premio Goncourt y defendió el uso de la IA: “Hay que domesticarla e impedir que nos reemplace”
El autor francés contó que recurrió tres veces a herramientas generativas mientras escribía la novela con la que se consagró. La polémica por otro candidato llevó a la Academia Goncourt a revisar las reglas del premio

Cinco libros de viajes: de las caminatas urbanas a las travesías por el mundo
En una columna para Infobae A las Nueve, Flavia Pittella recomendó cinco obras que exploran distintas formas de viajar

El incendio que apagó sus manos y encendió una obra: la vida secreta de Clarice Lispector
Tras pasar por Alemania, Nueva York y Panamá, la puesta del Teatro El Extranjero recrea los tres meses de internación de la escritora, luego de quedarse dormida con un cigarrillo, y explora las preguntas sobre su capacidad para crear y continuar con vida




