Un preservativo del siglo XIX con una escena sexual entre una monja y tres clérigos, expuesto en el Rijksmuseum de Ámsterdam, ha provocado una protesta de la fundación católica Civitas Christiana, que lo considera una ofensa a la Iglesia y a la nación neerlandesa.
En Ámsterdam, ciudad reconocida tanto por sus museos de renombre como por su vibrante cultura erótica, la confluencia entre arte, historia y sexualidad suele generar debates intensos. La reciente controversia surgida en el Rijksmuseum, el museo nacional de los Países Bajos, ha puesto de manifiesto las tensiones que pueden emerger cuando el humor sexual se cruza con la sensibilidad religiosa.
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Todo comenzó con la exhibición de un preservativo del siglo XIX, decorado con una escena explícita que involucra a una monja y tres miembros del clero, dentro de la muestra “Safe Sex?”.

El objeto en cuestión, según los curadores del museo, probablemente fue fabricado a partir del apéndice de una oveja y habría servido como souvenir en un burdel de lujo francés. La escena impresa en el preservativo muestra a la monja levantando su falda para dejar al descubierto su entrepierna, mientras tres clérigos se exhiben ante ella. Bajo la imagen, la leyenda en francés “Voilà, mon choix” (“ahí está, esa es mi elección”) añade un matiz irónico y provocador. Esta representación invierte los roles de género de la clásica escena del Juicio de Paris, en la que el príncipe troyano debe decidir cuál de las diosas —Afrodita, Hera y Atenea— es la más bella.
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La presencia de este preservativo en la exposición ha generado una reacción inmediata por parte de Civitas Christiana, una fundación católica que organizó una protesta frente al museo durante dos días la semana pasada. La organización también lanzó una petición en línea que, hasta el momento, ha reunido más de 1.000 firmas. En su declaración, Civitas Christiana sostiene que el objeto constituye “una grotesca ofensa a Dios, a la Iglesia Católica y a toda la nación neerlandesa”. Para los miembros de la fundación, la pieza no representa una broma inocente, sino que constituye una prueba tangible de la persecución sufrida por la Iglesia Católica tras la Revolución Francesa.
El debate no se ha limitado al ámbito religioso. Publicaciones de tendencia derechista, como De Dagelijkse Standaard, han respaldado las protestas y han planteado interrogantes sobre los límites de la libertad de expresión en el contexto religioso. En uno de sus artículos, el medio cuestiona por qué resulta “valiente” satirizar el cristianismo, mientras que sería “completamente impensable” exhibir una representación de Mahoma. El texto argumenta que “una caricatura de Mahoma —incluso del siglo XVIII o XIX— sería impensable en el Rijksmuseum. No porque no existan. Sino porque la gente tiene miedo. Miedo a disturbios. Miedo a incendios. Miedo a protestas que no sean pacíficas”.
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Desde la perspectiva del Rijksmuseum, la pieza tiene un valor histórico y artístico indiscutible. Los curadores han señalado que objetos de este tipo son sumamente raros: solo se conocen dos ejemplares similares en todo el mundo. Además, el museo ha reconocido que la sexualidad y la prostitución del siglo XIX han estado poco representadas en su colección, por lo que la inclusión de este preservativo contribuye a ampliar la visión sobre la vida cotidiana y las costumbres de la época.
Un portavoz del museo ha restado importancia a la magnitud de la protesta, al indicar al Art Newspaper que solo 11 personas participaron en la manifestación frente al museo. Además, el representante recordó que Civitas Christiana fue recientemente obligada por un tribunal a dejar de difundir información falsa sobre los Centros de Excelencia Rutgers en Educación Sexual Integral, a los que la organización había vinculado con el abuso infantil.
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La curadora de la exposición, Joyce Zelen, también se pronunció sobre la controversia en declaraciones al Art Newspaper. Según Zelen, “burlarse de la religión es tan antiguo como la religión misma”. Para ella, la escena impresa en el preservativo no debe interpretarse como una respuesta directa a la persecución de la Iglesia Católica tras la Revolución Francesa, sino como una manifestación de humor. “No creo que esto sea una reacción a la Revolución Francesa y la Iglesia Católica. Está pensado para ser gracioso”, afirmó.
El Rijksmuseum, por su parte, ha defendido la inclusión del preservativo en la exposición como parte de su compromiso con la diversidad temática y la representación de aspectos poco explorados de la vida en el siglo XIX. La institución sostiene que la pieza ofrece una ventana única a las actitudes hacia la sexualidad y la religión en una época marcada por profundos cambios sociales y políticos.
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