
“El espíritu de la FED está intacto”, dice Maximiliano Papandrea, editor del sello Sigilo. Con el celular en la mano, graba audios y cuenta que “la gente se acerca con mucho entusiasmo, con mucha alegría”. De fondo se oye el murmullo: los lectores asisten a uno de los encuentros más esperados del año, quizás el que más: la Feria de Editores. Son cuatro días donde la edición independiente muestra de qué está hecha. Empezó el jueves, termina el domingo: de 14 a 21 horas, en el C Complejo Art Media, de Avenida Corrientes 6271, barrio de Chacarita, Ciudad de Buenos Aires, con entrada libre y gratuita. Participan más de 330 editoriales, hay charlas, invitados internacionales, la poderosa fauna local y una estampida de gente que pasa a mirar, a tocar y a elegir sus próximas lecturas entre catálogos ecléticos y avasallantes.
La apertura, el jueves, fue un gran día: superó la cantidad de gente de la primera jornada de la edición 2023. Hernán López Winne, editor de Godot y organizador de la feria, dice que sí, que la FED “arrancó bien”: “Hablando con otros colegas, todos coincidieron en que arrancó bien. El primer día estuvo muy bueno, más allá del frío, la lluvia y la situación actual. Estamos muy expectantes para que los próximos días sean mucho mejores”. Inés Ripari, editora de Elemento Disruptivo, que se especializa en poesía, comparte el entusiasmo: “El panorama es bastante alentador pensando que venimos de una Feria del Libro con una caída aproximada de un 40 por ciento. Nuestras expectativas tienen que ver con cubrir los últimos movimientos: la inversión en la FED, la última novedad y una antología de catorce poetas”.
La magnitud de la crisis de la industria editorial se ve en la pendiente que atraviesa en los últimos largos años. Lo nuevo está en el dolarizado precio del papel —lo que encarece más el del libro y a la vez obliga a recortar en otros elementos de la cadena— y una recesión que afecta fundamentalmente a los consumidores, es decir los lectores, pero también a los que sostienen proyectos económicos de baja y mediana escala. “La industria editorial atraviesa un momento regular, más o menos como el país: no es diferente. En este año, 2024, se ha notado el bajón general. Pero es lógico. Por el momento no se puede esperar otra cosa”, dice Sandra Buenaventura de Metalúcida. Agrega López Winne: “Es un momento complicado, como lo es en general en todos los comercios”.
“Nosotros en particular —continúa el organizador de la FED— tenemos el tema de que volvió a estar en agenda la derogación de la ley de competencia librera, que es un modelo en cualquier mercado de libros: la tienen Francia, Alemania, Argentina, y está demostrado que funciona muy bien y hay que defenderla. Es algo por lo que se luchó mucho en el sector cuando con la Ley Bases querían meter un artículo para derogarla. Ahora volvió a estar en agenda; tenemos que seguir sosteniéndola”. Efectivamente, la Ley 25.715 establece un PVP (precio de venta al público) único, que fijan las editoriales para que nadie pueda vender libros por debajo de él. El objetivo es proteger a las librerías de las cadenas y de gigantes como Mercado Libre. El mes pasado, el ministro Federico Sturzenegger habló de la “crueldad” de la ley.

“La industria editorial viene muy golpeada”, sostiene Nicolás Bendersky de Ediciones IPS. “Ante la crisis económica, es una de las primeras que se ve afectada con caídas de hasta el 40 por ciento en las ventas. Sin embargo, la propia crisis política y social, la incertidumbre generalizada y una intensa búsqueda de respuestas en amplios sectores hace que nuestras ventas se hayan expandido. No solo tienen que ver aquí nuestros bajos precios, accesibles para trabajadores y sectores populares, sino también la creciente avidez que hay por las ideas del socialismo entre los sectores más jóvenes que buscan conocerlas de primera mano. Una especie de ‘ensanchamiento’ del espacio ideológico que nos favorece. Nuestros libros responden a esta búsqueda acercando la historia de la clase trabajadora y las revoluciones, la rica tradición del socialismo desde abajo y el marxismo en ciencia, educación, debates, feminismo y ecología entre otras”.
“Venimos de esta caída del 40 por ciento en la Feria del Libro —dice Ripari de Elemento Disruptivo— y del alto costo del papel que está atado al dólar, entonces si sube el dólar, se incrementa el papel, lo que nos hace subir el PVP de los libros. Entonces la pregunta es: ¿quién puede comprar al precio promedio de hoy? Nuestra política es dejar un PVP accesible. Sabemos que por el tipo de producciones que movemos son decisiones de compras riesgosas para les lectores porque publicamos autores argentines extracontemporáneos, porque en general manejamos un catálogo federal diverso pero sub 40, y eso complica un poco más las cosas: si antes se llevaban más libros, ahora menos y quizás van a autores que ya conocen. El riesgo de comprar un libro de alguien que no conocés está. Pero más allá de todo este panorama, por lo que se está viendo en la FED pareciera que no todo es tan malo. Y más allá del momento complejo que se está atravesando, hay algún ápice de esperanza”.

Para Sandra Buenaventura de Metalúcida, “la FED es lo mejor que la ha podido suceder a la edición independiente. Realmente la esperamos todo el año. Es fantástico el trato de los organizadores y el contacto con los lectores, con los periodistas. Es un lugar de felicidad. Para las ventas es realmente maravilloso”. Papandrea de Sigilo sostiene que “va a cumplir un rol social porque la gente está muy desanimada por el contexto, pero acá entran con entusiasmo, con alegría y con curiosidad, como es el público de la FED: muy afines a la edición independiente y muy abiertos a escuchar recomendaciones, a leer nuevos autores y también a contarte qué opinan de los libros que publicamos. Creo que va a ser una hermosa FED aunque el contexto es muy desfavorable”.
“La industria editorial independiente está en un gran apogeo —continúa le editor de Sigilo—: se está publicando cada vez mejor, cosas más interesantes y más variadas. Es un gran momento. Pero desde el punto de vista de las expectativas, estamos muy preocupados por la recesión feroz que hay: la gente está perdiendo poder adquisitivo y nos enteramos que el índice de inflación de nuevo subió. Eso repercute en los precios, en el costo industrial de los libros que fue predominando en el precio de tapa. Es una situación muy delicada. Miro el panorama con mucho pesimismo y me tiene preocupado desde hace tiempo. Es un momento muy frágil, no sólo para la industria editorial, sino para las pymes y comercios en general. Basta con recorrer las calles para verlo”.
¿Qué es la FED hoy, qué simboliza, qué representa? “Ya está en el calendario de todo el sector —dice López Winne—, incluso para las imprentas, como Porter, donde imprime la gran mayoría de las editoriales de la FED. Y se arma un cuello de botella para llegar a la FED con las novedades: eso pasaba con la Feria del Libro, y felizmente pasa ahora con la FED”. Para Bendersky de Ediciones IPS, “concentra una bibliodiversidad que no se encuentra en otras ferias donde priman los libros de grandes monopolios editoriales. Además, se ven muchos jóvenes, profesionales, mujeres, estudiantes terciarios y universitarios muy interesados en los libros. Nuestra expectativa es buena. Naturalmente nos permite visibilizar, expandir, seguir vendiendo nuestros libros ampliamente y hacer conocida nuestra editorial”.

Inés Ripari reflexiona: “En términos inmateriales, la FED es un gran espacio de encuentro. Por el momento histórico, hay mucha necesidad de encuentro. Cada vez que ocurre algo así, tan masivo, se respira una sensación de que hacía falta. Y en términos materiales, la FED genera un movimiento, una especie de sacudón que da fuerzas para hacer el último tirón hasta el final del año. Como a los stands los atienden les editores se genera algo de mucha camaradería. Yo lo vivo como si fuese una foto anual, una especie de encuentro de egresades, donde se ve el desarrollo de un año al otro, el crecimiento de los catálogos, el paso del tiempo que por momentos impresiona. Más allá de mi apreciación personal, es un espacio muy necesario para mantener encendida la llama del propósito de lo que hacemos”.
“Este año cumplimos 10 años. La primera feria a la que fuimos fue la FED, que era en La Tribu”, recuerda Maximiliano Papandrea de Sigilo. Sigue con el celular en la mano mientras su stand se llena de ojos. Saluda a algún amigo, a algún conocido, mientras sigue grabando audios: “...un espacio muy pequeñito que Víctor y Hernán tuvieron la generosidad de cedernos una mesa a pesar de que solamente teníamos un libro publicado”. Se refiere a Víctor Malumián y al mencionado Hernán López Winne, ambos editores de Godot. “Desde el punto de visto personal, mi relación con la FED está completamente asociado a Sigilo y al nacimiento. Por afecto, por esa anécdota y por la admiración que les tengo a Víctor y a Hernán, que son mis amigos y conozco bien el esfuerzo que hicieron”.
“Y desde el punto de vista más general —continúa Papandrea—, la FED es una feria única en el mundo. Y no es una exageración. He hablado con gente de afuera que viene a conocer o gente que me cruzo en el extranjero, en algún encuentro o feria, y me lo dicen: ‘no hay nada en el mundo en ninguna lengua que se parezca a esto’. Está La Furia de Chile, por ejemplo, que es anterior a la FED. Se está organizando una en México que por ahora es más pequeñita pero que tiene el espíritu afín. Pero lo que pasa en estos cuatro días con el público de Buenos Aires, los lectores y las lectoras... es un fenómeno muy especial. Para mí la FED es el acontecimiento literario más importante de Buenos Aires del año, sin dudas”.
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