
El Vaticano desveló su innovador proyecto para la próxima Bienal de Arte de Venecia: una instalación multimedia situada en el interior de la cárcel de mujeres de Venecia, creada con la participación activa de reclusas y artistas y abierta al público bajo estrictas condiciones de seguridad.
Se espera que el propio Papa Francisco visite el pabellón de la Santa Sede Con mis ojos el domingo 28 de abril, siendo la primera vez que un pontífice visita la Bienal, que este año está organizada por primera vez por un comisario latinoamericano y tiene como tema “Extranjeros en todas partes.”
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La Santa Sede ha participado en las últimas ediciones de las Bienales de arte y arquitectura. Pero en la presentación, las autoridades subrayaron la absoluta novedad del pabellón vaticano de este año, dado el permiso sin precedentes de las autoridades judiciales italianas para permitir a los comisarios vaticanos montar la exposición en la prisión de Giudecca e implicar a los reclusos en las obras.

La elección de una cárcel como sede para el pabellón vaticano responde a un intento por brindar una experiencia artística sin precedentes, que confronta directamente con los desafíos de la digitalización y la tendencia a una observación distanciada de la realidad. Se busca darle a la visión un “estatus único” que comprometa al espectador con la realidad circundante, haciéndolo testigo más que observador. Esta propuesta no solo busca exponer arte, sino también generar un espacio de interacción y reflexión profunda entre arte, artistas y la comunidad carcelaria femenina.
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En línea con el tema de la Bienal de este año, “Extranjeros en todas partes”, los visitantes del pabellón experimentarán una inmersión en “otro mundo” al adentrarse en la cotidianidad de la prisión. Se resaltarán espacios como el jardín, el patio y la capilla, excluyendo explícitamente las celdas. El diálogo entre los artistas y las detenidas ha sido un pilar fundamental del proyecto, resultando en obras que reflejan tanto la creatividad conjunta como la cruda realidad de la vida detrás de las rejas.
Media docena de artistas trabajarán junto a ellos, reflejando la creencia de Francisco en el valor del diálogo, la solidaridad y la fraternidad. En particular, el disruptivo artista italiano Maurizio Cattelan realizará lo que los comisarios describen como una “gran obra de arte al aire libre” en la fachada de la capilla de la prisión. El regreso de Cattelan a Venecia se produce casi un cuarto de siglo después de que escandalizara a los católicos con su provocadora obra “La novena hora” (La Nona Ora), en la que aparecía un Papa Juan Pablo II de cera a tamaño natural tumbado de lado, aplastado por un enorme meteorito negro, que se expuso en la Bienal de 2001.
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El ministro de Cultura del Vaticano, el cardenal José Tolentino de Mendonça, coincidió en que la decisión de albergar el pabellón de la Santa Sede en la cárcel era “inesperada”. Pero dijo que era totalmente coherente con el llamamiento de Francisco a los artistas para que se comprometan con los pobres y con el mandato evangélico de vestir al desnudo, dar de comer al hambriento y visitar a los encarcelados.
En la cafetería de la Giudecca se expondrán obras de Corita Kent, monja católica, artista pop y activista social estadounidense. Otros elementos de la instalación incluyen la proyección de una película de 12 minutos que están produciendo ahora con reclusos como actores el director Marco Perego y la actriz Zoe Saldana, sobre la libertad, dijo la comisaria Chiara Parisi.
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Los reclusos, incluidos los de alta seguridad, participan de muchas otras maneras: algunos aportaron fotografías suyas de jóvenes para una obra de Claire Tabouret; otros contribuyeron con poemas para una instalación de Simone Fattal. Otros acompañarán a los visitantes en una visita guiada por la exposición, junto con los guardias, según explicaron las autoridades.

Giovanni Russo, jefe de la administración penitenciaria del Ministerio de Justicia italiano, dijo que los reclusos que se ofrecieran voluntarios para participar obtendrían los mismos tipos de beneficios conductuales que los presos pueden obtener participando en otros tipos de programas de rehabilitación, educativos y laborales en las cárceles. También comentó que acogió inmediatamente y con satisfacción la idea de albergar la instalación en el centro penitenciario, por considerarla totalmente coherente con el aspecto rehabilitador de la detención. “Es un lugar inesperado, pero un lugar donde ‘esperar’ es una condición permanente”, rremarcó.
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Los organizadores dijeron que los visitantes del pabellón de la Santa Sede tendrían que reservar online las visitas, facilitando los mismos datos de identificación que serían necesarios para entrar en cualquier prisión y siguiendo los mismos controles de seguridad: no se permiten teléfonos móviles.
Fuente: AP
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[Foto: AP/Domenico Stinellis]
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