
Las Chicas de la Rosa Roja. Bajo ese nombre se las conoce a las artistas Violet Oakley, Jessie Willcox Smith y Elizabeth Shippen Green. Y una cuarta, Henrietta Cozens, que ocupa un rol más bien administrativa y que si bien no pintaba era fundamental.
Todo comenzó en 1897, mientras estudiaban en la Escuela de Ilustración del Departamento de Bellas Artes del Drexel Institute. Decidieron mudarse juntas, primero a un departamento en la Chestnut Street de Filadelfia, luego a una casa llamada Red Rose Inn en Villanova, a 30 kilómetros.
Fue su profesor Howard Pyle, famoso pintor y escritor, quien las bautizó como las Chicas de la Rosa Roja. Fue a los pocos días de haberse mudado a esta nueva casa, en 1901. Él sabía muy bien que a las mujeres les costaba el doble porque el destino del matrimonio estaba escrito a fuego.

Cuenta la investigadora española Marta Mantecón que “la educación artística para mujeres no estaba mal vista siempre que su vida se orientase hacia el matrimonio y la maternidad”, y que “en las clases estaba prohibido utilizar desnudos en vivo”, por ejemplo.
No vivieron siempre en Villanova. Al poco tiempo se mudaron a Cogslea, su casa en el barrio de Mount Airy, en los suburbios de Filadelfia. Encontraron espacio y mucha tranquilidad. Ya no vivían en Red Rose Inn pero el apodo se lo dejaron. Sonaba perfecto.

Jessie Willcox Smith, la más grande del grupo, nació en 1863 en el barrio de Mount Airy de Filadelfia. Su padre era un inversor financiero. A los 16 se fue a la casa de sus primos en Cincinatti, Ohio, para estudiar para maestra. Trabajó un tiempo con niños, pero tenía un problema en la espalda que la agotaba. En ese momento descubrió que tenía talento para el dibujo.
Elizabeth Shippen Green, nacida en Filadelfia en 1871, supo de chica lo que quería. Antes de cumplir 18 ya ilustraba a pluma y tinta para publicaciones como St. Nicholas Magazine, Woman’s Home Companion y The Saturday Evening Post.
Quizás la más conocida sea Violet Oakley, nacida en 1874 en Bergen Heights, New Jersey, en una familia de artistas. Sus padres eran Arthur Edmund Oakley y Cornelia Swain; sus dos abuelos eran miembros de la Academia Nacional de Diseño.

¿Y quién era Henrietta Cozens? De ella se sabe poco. En el libro The Red Rose Girls: An Uncommon Story of Art and Love, Alice Carter dice que asumió el papel de “esposa” en la gestión diaria del hogar. Pero, ¿por qué? ¿Qué significa eso?
Vale la pena contextualizar. Anna Lea Merritt había escrito entonces en la Lippincott’s Magazine una gran proclama: “El principal obstáculo para el éxito de una mujer es que nunca podrá tener una esposa... Es sumamente difícil ser un artista sin esta ayuda para ahorrar tiempo”.

Además, juntas, integraron un grupo más grande: The Plastic Club, una organización para mujeres fundada por Emily Sartain en 1897 y una de las más antiguas de Estados Unidos. También estaba Merritt. Era en respuesta al Philadelphia Sketch Club, donde eran todos hombres.
Las Chicas de la Rosa Roja trabajaron desde su centro de comando sin cesar. Hacían fundamentalmente ilustraciones. Cada cual tenía su estilo, su forma, su estética. Tuvieron un gran éxito en la época. Para describir sus obras se decía que hacían realismo romántico. Y lograron algo más: hicieron que Filadelfia fuera considerado el epicentro nacional de la ilustración de libros y revistas.
¿Había algo más que amistad? “En aquel momento se utilizaba la expresión ‘matrimonio de Boston’ para referirse a los hogares formados por mujeres solteras que convivían de forma independiente, sin la presencia de un marido”, cuenta Marta Mantecón. Era algo bastante frecuente. Y además, era la forma de, “en lugar de casarse y tener hijos, desarrollar una profesión independiente”.

Todo tiene un final y este grupo también lo tuvo. Fue en 1911, cuando Elizabeth Shippen Green, con cuarenta años, se casó con Huger Elliott, un profesor de arquitectura, después de un compromiso de cinco años. Pese a la ruptura de aquel “matrimonio de Boston”, todas siguieron pintando y dibujando.
Sus obras aún dan que hablar: en 2003 se hizo una exposición en el Norman Rockwell Museum y en 2017 en el Museo de Arte de Filadelfia. También su forma de entender el arte, el trabajo, la amistad y la vida.
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