
El martes por la tarde en el Centro Cultural Kirchner, se iba a realizar el acto que le daría a CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos de Argentina) la legitimación judicial y administrativa para regular los derechos de autor. Pero finalmente se postergó. Según dijeron fuentes del Ministerio de Cultura de la Nación a Infobae Cultura, el motivo fue que están haciendo modificaciones al decreto presidencial que iba a firmarse. El debate sigue abierto. Sobre todo en las redes.
En el acto iban a estar presentes Alberto Fernández, el Ministro de Cultura Tristán Bauer y el Director Nacional de Derecho de Autor (dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación) Walter Waisman. La resolución anunciada le otorgaba al organismo la exclusividad para velar por los derechos de reproducción reprográfica parcial, la comunicación al público y la puesta a disposición de modo analógico, digital u otro. Ahora está en suspenso.
“CADRA es un puente entre los contenidos y sus titulares”, dice el presidente de la institución y gerente de Eudeba, Luis Quevedo. Y agrega: “Se vuelve fundamental porque un autor o una editorial no pueden, por sus propios medios, controlar la utilización de sus obras a nivel masivo. Cada vez que se copia un libro, o se sube un PDF a Internet, se crean ediciones piratas y se termina perjudicando a la industria editorial y el trabajo de los autores. CADRA, además, permite que instituciones públicas y privadas, empresas y cualquier entidad que necesita un texto pueda obtenerlo en forma simple y legal”.

“Es excelente el trabajo que hace CADRA, defendiendo el trabajo y los derechos de los escritores. Muy agradecida por mi parte, y orgullosa de ser socia”, posteó la escritora Mercedes Giuffré en X, la red social antes conocida como Twitter.
Pero así como hay voces a favor, también hay en contra. Una de ellas es Beatriz Busaniche, especialista en derechos de autor. “CADRA es una asociación civil que dice representar al sector editorial de Argentina. Como en toda organización de este tipo, sólo tiene representación de sus asociados, que ni por casualidad son todo el sector editorial y de autores en Argentina. El decreto le daría esa potestad”, escribió en X.
Y continuó: “Desde hace años se dedican a ir a cobrar a cualquier lugar donde se hacen reproducciones de obras de cualquier autor y/o editor de Argentina. En muchos casos, cobran incluso por otras de dominio público. Esa cobranza incluye, según su propio sitio web (...) Bibliotecas, centros de enseñanza, universidades públicas y privadas, empresas, etc. Es decir, si hay una fotocopiadora, van a ir a cobrar, independientemente de lo que se copie, quien lo copie o qué fin tenga”.
Otro voz en contra es la del historiador Ezequiel Adamovsky: “Esta entidad que se autoadjudica el papel de defensora de los derechos de los autores está exigiendo a las universidades que le paguen por las fotocopias que hacen los estudiantes. Los autores no tenemos nada que ver con esto, no lo avalamos nunca”.

Por su parte, Pablo Avelluto, ex Ministro de Cultura de la Nación, escribió en X: “El ¿gobierno? de Alberto Fernández se dispone a nacionalizar por decreto la caja de los derechos de autor a través de CADRA. Una decisión irresponsable antes de dejar el poder que el próximo gobierno deberá revisar en beneficio de autores, editores y lectores”.
Pero si la literatura es un trabajo, ¿cómo debe remunerarse? Al respecto, hubo un intercambio entre Gonzalo Garcés y Martín Kohan que vale la pena reproducir algunos fragmentos. “Se pretende que al escritor se lo reconozca por el trabajo que hace y se le pague por él. En principio eso (...) Hay quienes, en el mercado, toman un trabajo hecho por otro y no se lo pagan. A menudo, por la sencilla razón de que no lo perciben como un trabajo. Es esa la discusión“, dijo Kohan.

“Vos dijiste que no te considerás el propietario del texto sino el productor”, le dijo Garcés a Kohan, y continuó: “Según el uso que le des al término, productor puede considerarse tanto al que percibe un salario por hora trabajada como al que produce (digamos) sillas y las vende en un mercado; sillas que vende, naturalmente, en tanto propiedad suya, no como trabajo, a diferencia del asalariado. Mi punto es que el escritor tiene muchas más similitudes con el primero que con el segundo”.
Para Garcés, “lo que te pagan por tus libros lo determina el mercado, es decir, cuánta gente está dispuesta a pagar por leerte; no las horas que trabajaste ni el esfuerzo que te llevó ni, siquiera, la excelencia artística de lo que escribiste”. El debate sigue abierto.
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