
Hay películas que nunca envejecen por más que pasen los años. Ese sería el caso de Forajidos, una película que, con su estreno en 1946, cambió para siempre el cine de suspense. Estrenada un 28 de agosto hace ahora 80 años, esta cinta dirigida por Robert Siodmak se ha ganado un lugar permanente en la historia del séptimo arte como una de las obras cumbres del film noir. Lo que muy pocos saben es que la historia tiene su origen a miles de kilómetros de Hollywood, en un hotel de Madrid.
En mayo de 1926, Ernest Hemingway estaba encerrado en su habitación de un hotel de la capital. El escritor todavía no era mundialmente famoso, ya que aún no había llegado a las librerías Fiesta, la novela sobre un grupo de norteamericanos e ingleses que viajan de París a Pamplona para ver los Sanfermines y que lo catapultó como una figura literaria de renombre internacional. Fue en esos días cuando, inspirado de nuevo por las corridas de toros, escribió un relato titulado Los matadores.
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El relato sería publicado en marzo de 1927 con el título de The Killers (Los asesinos), la historia de dos sicarios que irrumpen en un restaurante, toman rehenes y esperan a su víctima, un exboxeador sueco llamado Ole Andreson, que nunca llega. Cuando el joven Nick Adams corre a avisarle del peligro, lo encuentra tumbado en la cama, mirando la pared y asegurando que “ya se ha cansado de huir”. Habrían de pasar 20 años para que este relato pasara a la gran pantalla con Forajidos, una película que, no obstante, solo utiliza su primer cuarto de hora para contar esta historia.

Un guionista ‘de incógnito’
La película de Siodmak se construye, sobre todo, a partir del asesinato del exboxeador, inventando una trama policial completamente nueva: un investigador de seguros, interpretado por Edmond O’Brien, reconstruye la vida del muerto a través de múltiples testimonios en flashback. Esa estructura de relatos encadenados desde distintos puntos de vista fue una revolución formal, por la que incluso la han comparado con otros títulos pioneros en el uso de este recurso, como Ciudadano Kane.
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El guion que articuló todo eso fue obra, en gran parte, de un John Huston que no cobró crédito alguno. El director de El halcón maltés y La reina de África estaba bajo un contrato en exclusiva con el estudio Warner Bros. Sin embargo, Forajidos era una producción independiente del productor Mark Hellinger distribuida por Universal Pictures. A pesar de la restricción, Huston escribió gran parte de la estructura y los diálogos del guion (junto a Richard Brooks) como un favor para su buen amigo Mark Hellinger, productor de la película.
Mala suerte para él: como no pudo firmar el texto, el crédito oficial en la pantalla y la posterior nominación al Oscar al Mejor Guion Adaptado acabaron siendo para Anthony Veiller en solitario, quien realizó la revisión final sobre el borrador de Huston.
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Dos rostros desconocidos para el gran público que acabarían en lo más alto
Cuando Forajidos se estrenó, sus dos actores protagonistas no eran demasiado conocidos. Sobre todo en el caso de Burt Lancaster, un hombre de 33 años que, en la piel del boxeador, se convirtió en un galán del cine de la década y en un icono de la masculinidad. Además, logró también un altísimo prestigio en Hollywood después de ganar el Oscar al Mejor Actor por Elmer Gantry en 1960 y conseguir dos nominaciones por El hombre de Alcatraz y Atlantic City. Por si fuera poco, su carrera en el cine europeo también dejó huella: participó en El gatopardo de Luchino Visconti y en Novecento de Bertolucci.
Pero si alguien brilla con luz (u oscuridad) propia en Forajidos, esa es Ava Gardner. La actriz, que no aparece hasta el minuto 38 de la película, se convierte en protagonista absoluta de la película interpretando a Kitti Collins, la femme fatale que manipula al boxeador hasta su perdición. Con este papel, Gardner redefinió el arquetipo de la mujer fatal del noir: letal, magnética, irresistible, lo que la catapultó a otras grandes producciones como Las nieves del Kilimanjaro o Mogambo.
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Ambos figuran en la lista de 25 grandes leyendas femeninas y masculinas de la historia del cine clásico, y fue en gran medida gracias a esta película que también logró convertirse en un éxito comercial: recaudó aproximadamente 2,5 millones de dólares solo en el mercado estadounidense (habiendo costado menos de 900.000 dólares), nada mal para la época.
Sin embargo, por encima de la buena recaudación, e incluso por encima de las nominaciones a los Oscar, quizá el mayor mérito de Forajidos fuera conseguir adaptar una historia de Hemingway y que el escritor acabara contento con el resultado. El escritor era conocido por detestar casi todas las adaptaciones que Hollywood hacía de su obra, pero se cuenta que, tras el estreno, guardó un proyector de 16 milímetros con una copia personal de la película en su residencia para proyectarla con sus amigos.
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