
La escritora Alejandra Pizarnik, una de las poetas argentinas más relevantes del siglo XX, fue declarada “ciudadana ilustre post mortem” de la provincia de Buenos Aires, en donde nació el 29 de abril de 1936, según informaron este martes fuentes oficiales. En la resolución, que apareció publicada hoy en el Boletín Oficial de la provincia, se indicó que esta decisión es por el “destacado aporte a la cultura” de la escritora.
Considerada una “poeta maldita”, y con grandes influencias del surrealismo, Alejandra Pizarnik nació y creció en la localidad bonaerense de Avellaneda, situada en las inmediaciones de la capital argentina, dentro den seno de una familia de comerciantes de joyas que, por su procedencia judeo-rusa, se preocupaban las situaciones que se estaban desarrollando en Europa durante los primeros años de la autora, casi toda su familia fue masacrada a manos del nazismo en Rivne (Ucrania).

Pizarnik, durante su adolescencia, desarrollo problemas de autoestima; se veía ensombrecida por la figura “normal” de su hermana mayor, la cual la autora consideró siempre la favorita de su familia, mientras ella era señalada de rara, con un acento europeo marcado, tartamudez, granos y tendencia a engordar, lo cual la llevó a ser una persona sensible e insegura. Desde la adolescencia abandona Flora, su nombre original, y decide hacerse llamar Alejandra.
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Su legado comenzó a gestarse en 1954, concretamente en los alrededores de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Escuela de Periodismo, lugares que le sirvieron para conocer a poetas surrealistas y a algunos de los referentes literarios y artísticos del momento, como Olga Orozco, Oliverio Girondo o Juan Batlle Planas.
A sus 19 años de edad firma su primer poemario, La tierra más ajena bajo el nombre de Flora Alexandra Pizarnik. Un año después, con La última inocencia, libro que editó con la ayuda de su padre, se convirtió oficialmente en Alejandra Pizarnik, motivada por su reinvención incluye en este poemario a Solo un nombre, composición de solo tres versos.

Tras la publicación de sus primeros poemarios, marcados por la oscuridad y el tono íntimo de sus versos, Pizarnik pasó cuatro años en París, en donde, además de entablar amistad con Octavio Paz y Julio Cortázar, dio forma a sus libros consagratorios: Árbol de Diana (1962) y Los trabajos y las noches (1965).
A su regreso a Buenos Aires, y después de recibir las prestigiosas becas Guggenheim (1969) y Fullbright (1971), Pizarnik comenzó a tener graves problemas de salud, y murió el 25 de septiembre de 1972, tras ingerir una sobredosis de barbitúricos. A más de 50 años del final trágico de la escritora argentina, su legado continúa vigente y es considerada una de las creadoras hispanoamericanas más destacadas del siglo XX.
Fuente: EFE
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