Delfina Cheb: “El tango es nuestra lengua madre”

La joven cantante argentina, graduada en Berklee y New England, ha vuelto para hacer su camino en la música que define a Buenos Aires. “Vivimos un resurgimiento increíble”, afirma. Esta noche presenta su nuevo disco, el segundo que produjo el multipremiado Javier Limón

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Delfina Cheb presenta este jueves
Delfina Cheb presenta este jueves su álbum "Buenos Aires" en Bebop Café, en el barrio porteño de Palermo

En el libro de la vida de Delfina Cheb, quien este jueves 25 presentará en Bebop su segundo álbum, Buenos Aires, agosto de 2022 no será un mes como cualquier otro. Es que, además de estrenar su nuevo trabajo, producido por Javier Limón, la cantante argentina acaba de sellar su regreso a la ciudad que la vio nacer, luego de ocho años en Boston repartidos entre la Berklee School of Music y el New England Conservatory.

“Acabo de firmar mi primer alquiler, hoy a las 9 de la mañana”, dice Cheb, que a los 25 años ya tildó los casilleros de su doble licenciatura en Composición de Jazz y Performance vocal y el de la maestría en Improvisación Contemporánea, y que decidió poner en una especie de compás de espera su “candidatura” al doctorado en Musicología y música contemporánea.

“Estoy en el medio de la investigación. Puedo no estar en los Estados Unidos mientras la llevo adelante, y elijo no estar ahí”, explica la artista, que contrasta su descripción de Berklee como el “Disney de la música” con el carácter más tradicional y clásico del New England, el conservatorio más antiguo de los Estados Unidos, creado en 1867.

Para Delfina, enmarcar el momento preciso en que decidió emprender su periplo hacia el hemisferio norte es algo difícil, a la salida de un recorrido que incluye su infancia de barrio en Núñez con clases de canto como una más de las actividades “extracurriculares”, la seducción del jazz y la fascinación por la libertad creativa que le ofrecía el género.

Delfina Cheb "Milonga de más allá", canción que integra el discoDoce Milongas de Amor y un Tango Desesperado (2020).

El fascinante universo del jazz

“Me flasheaba mucho eso de ir a una jam session con gente mucho más grande que yo, que apareciera un tema y todos lo supieran y lo tocaran”, recuerda. Y aunque admite que lo mismo podía suceder en una peña o hasta en algún reducto tanguero, reconoce que le costó unos seis años darse cuenta de eso.

“En aquel momento iba a escuchar tango, pero en el formato de conciertos, y las cantinas y milongas a las que íbamos con mi viejo estaban más almidonadas. No era tan libre. Era un nicho al que era más difícil acceder”, dice, y enseguida compara con el clima de ebullición que vivía el jazz, de la mano de las primeras ediciones del Festival de Buenos Aires y el surgimiento de diferentes propuestas.

Con apenas 14 o 15 años, acompañada por una compañera de colegio y estimulada por sus maestros, Cheb comenzó a transitar algunos escenarios porteños y otros offshore, como el de la Casa Ástor de Barcelona. “Para ir a las peñas me atacheaba a (Verónica) Condomí; con Flor Otero, que es una cantante increíble y es como mi madre adoptiva en la música, me sumaba para cada impro… Y siempre estaba ahí, escuchando”, cuenta.

Por entonces Delfina aún no había entendido que el jazz y la música de raíz afroamericana era compatible con otros géneros mucho más cercanos en su geografía. “Quizá hubiese pedido ‘Zamba de Argamonte’, pero en ese momento no estaba con gente que la fuera a saber tocar. Entonces era el jazz, porque era lo que la gente que estaba alrededor mío conocía”, explica.

La cantante enumera a Carmen McRae, a Anita O’Day y Nancy Wilson entre sus referencias. De la primera, resalta su approach “comunitario”, de la segunda su modo de abordar lo afro sin pretender serlo y de la última su capacidad para transformar una pieza del género en una canción pop.

“Ella cantaba baladas, pero también de la nada sacó el álbum con Cannonball Adderley, con temas con la forma de la canción, redigeribles, con letras con las que puedo empatizar mucho y melodías que podés recordar, al mismo tiempo que estaba tocando ‘Cannonball’. Ese álbum me mató. Me di cuenta de que el jazz puede ser pop y de que todos los géneros de raíz pueden serlo. Porque lo que está cantando son canciones pop. No está cantando jazz”, reflexiona.

Delfina Cheb publicó dos discos
Delfina Cheb publicó dos discos que llevan la firma sonora del multipremiado productor español Javier Limón

—Algún purista del jazz podría cuestionar esa mirada.

—El tema es que “jazz” es un término racial muy sensible. Estando allá aprendí eso. Entendí que Nina Simone cantaba música clásica negra. Que no cantaba “jazz”, que es una construcción de los sellos. Es la música popular también tocada por afroamericanos. Después le pusieron ese nombre. Pero ellos tocaban así porque esas eran las referencias que tenían: la influencia del gospel, del blues… Un purista del jazz podría enojarse si no conoce ese trayecto, pero Nina Simone te hubiera tirado un vaso en la cara si le decías que era cantante de jazz.

Bariloche no, Berklee sí

Delfina asegura que en aquel tiempo Berklee no aparecía ni en sus sueños. Pero menos aún aparecía ir al viaje de egresados de su división. “Me daba pánico ir. Me llevaba pésimo con todos mis compañeros. Mi viejo me quería mandar, y yo no podía congeniar con la idea. Llegué a pensar en inventarme un problema de salud para no ir”, confiesa.

Y en medio de ese dilema su compañera Nina le propuso ir a un programa de cinco semanas en la escuela de música que solo conocía por algo que había escuchado sobre Pat Metheny y Pedro Aznar.

“Lo único que sabía era eso. La cosa era que si entrabas en el programa de Five Weeks te pagaban todo, menos el pasaje. Lo hicimos, salió la beca y nos fuimos cinco semanas, en junio. Ahí se fue dando que quise volver, porque acá no había encontrado una comunidad de gente con la que pudiera juntarme a tocar solamente por tocar, gente de mi edad…”

Así las cosas, al regreso al país del Norte le siguió una audición en la que hizo sonar una versión al piano de “Alfonsina y el mar“ con un arreglo medio raro del tema, en 5/4″, y consiguió una nueva beca. Esta vez, por cuatro años.

—¿Y tus padres?

—Me dijeron que lo íbamos a pensar. Recuerdo que después me pusieron un papelito en el espejo del baño que decía: “Te podés ir a Berkley”. Nunca voy a olvidar que estaba mal escrito. Tal vez ni lo habían googleado. Y yo me mandé. Sentí que algo me dijo que los astros se habían alineado para que me fuera.

Delfina Cheb publicó "Doce milongas
Delfina Cheb publicó "Doce milongas de amor y un tango desperado" en 2020, y "Buenos Aires" en 2022

La chica que alineó los planetas

Aunque hable de algún movimiento de los planetas a su favor, lo cierto es que la previa estuvo cargada de dedicación al estudio y el entrenamiento vocal. No en vano Alejandro Sanz dijo alguna vez que “Delfina Cheb no es una casualidad”.

Y lo que vino después de la partida fue mucho aprendizaje y entender que en un lugar así uno no solo siempre es inmigrante, sino que además es latino; y no solo eso, sino argentino. Pero también fue encontrar joyitas de personas que le dijeron cosas que le sirvieron de piedra fundamental, a pesar de que encontrar un lugar, sobre todo musicalmente, no le resultó fácil.

Aún así, la chica de Núñez se las arregló para pensarse cantante de jazz. “Es una carrera que podés lograr, con un par de conciertos por mes, dando clases, laburando en alguna universidad… Estaba medio lista para eso”, señala. Solo que entonces apareció otro planeta. O, mejor dicho, apareció Javier Limón y le dijo que si quería podía seguir con su plan, pero que también había otro camino. Y ahí fue, a seguir alineando astros.

En ese plan, mientras buscaba datos de una supuesta clase que Jorge Drexler iba a dar en Berklee, Delfina vio entre los nombres de los profesores de Javier Limón. El disco rígido actualizó la información: el productor del álbum El cantante, de Andrés Calamaro, que le había cambiado la vida y había escuchado hasta rayarlo, estaba por dar una clase de songwriting (composición) en español a un par de aulas de distancia.

“Le mandé un mail: ‘Hola, me gustaría ir a tu clase. No escribí muchas canciones, pero alguna que otra sí, y voy a estar en el festival Latin Vive. Nunca me contestó. Le volví a escribir… Y nada. Así que me colé”, recuerda Delfina, que cuando ya en la clase el anfitrión preguntó quién podía cantar una canción a capella y nadie quiso hacerlo, se animó a levantar la mano.

“Ni estaba anotada, pero canté algo que había compuesto -una chacarera medio balcánica-, él flasheó y la clase se concentró en la canción”, completa la cantante, que de a poco fue estrechando su contacto con Limón hasta que un viaje a Nueva York compartido con él y su pareja, Eva Alcántara, productora ejecutiva de su sello, abrió una nueva puerta.

Delfina Cheb es graduada con
Delfina Cheb es graduada con las licenciaturas en Composición de Jazz y Performance vocal, y la maestría en Improvisación Contemporánea

Del jazz al tango de la mano de Javier Limón

“Vamos a hacer un disco de tango y se va a llamar 12 milongas de amor y un tango desesperado. El tango desesperado va a ser ese que me mostraste, que canta tu abuelo, ‘Barrio de tango’. Y así fue”, cuenta que le dijo el hombre detrás de discos de artistas como Diego El Cigala, Paco de Lucía, Luz Casal, Buika, José Luis Perales, Ana Belén, Chucho Valdés, Wynton Marsalis, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina, entre muchos otros.

A partir de ese momento, Delfina Cheb puso buena parte de aquello que había aprendido en Boston al servicio de la música con la que había crecido. “Creo que en el canto el tango es para nosotros como la lengua madre. O al menos lo fue para mí. Entonces, fue como volver al mismo lugar con otros anteojos, habiendo visto otras cosas. Yo lo siento así”, resume.

—¿Cuáles eran o son tus referencias tangueras principales?

—Podría nombrar a Rubén Juárez, Aníbal Troilo también… Guille Fernández, de quien era fan y después me hice amiga, y de quien tuve un apoyo muy fuerte que me hizo tener confianza en mis decisiones estéticas. Y puede parecer cliché, pero para mí la interpretación de la canción perfecta es “El día que me quieras” por Gardel. Me parte al medio en cualquier situación y estado de ánimo.

—¿Qué encontraste en tu manera de interpretar que no conocieras, cuando te pusiste a cantar tango?

—Encontré cosas que yo ya sabía cómo me gustaban; más referías estéticas de las que pensaba. Pero no lo pensé tanto. Fue una situación muy linda, y antes de que me diera cuenta ya lo estábamos grabando. Y hubo mucha libertad. Tenía idea de la música, pero no tenía mucha idea de la dimensión de lo que estaba haciendo. Estaba haciendo un disco de canciones con un amigo al que admiraba. Fue un momento hermoso.

—Después de 12 milongas de amor y un tango desesperado, ahora con Buenos Aires todo indica que te quedaste a vivir en el tango.

—Lo que pasó fue que el tango me recibió de una forma muy linda. Bah, algunas facetas del tango me recibieron de una forma muy linda, y conocí mucha gente a la que admiraba mucho y me sentí parte de algo muy genial que está sucediendo. El tango tiene un resurgimiento increíble. Facundo Arroyo hizo un mapa del nuevo tango argentino y es una cosa espectacular. Está Julieta Laso que está rompiendo todos los paradigmas, el festival del CAFF (Club Atlético Fernández Fierro) que está buenísimo.

Le dije a Javier que quería seguir explorando el repertorio, y como es muy amigo de Luis Salinas le comenté que quería conocerlo. “Escribile. Si te da bola, te da bola”, me dijo. Le escribí, me respondió, vino a tocar en el (Torquato) Tasso y fue una fiesta. Le pregunté si estaba para grabar algo, me dijo que sí y en un mes lo hicimos, junto a Horacio Avilano, Hernán Fredes y Hernán Mastromarini.

—¿Cuándo te diste cuenta, en Boston, que habían cambiado tus prioridades y el rumbo que llevabas cuando te fuiste?

—Fue muy difícil de procesar. Me costó verme como cantante, como cantora, como una persona que está haciendo algo que quizá a alguien le va a mover algo. Me costó mucho verme en esa luz. El circuito académico de Boston en las artes es muy increíble pero muy elitista, muy académico, y de alguna forma deja muchas cosas afuera. Así que mi trabajo era venir acá, que explotara el Tasso, Bebop o el Berlín y después llegar ahí y pasar desapercibida.

Eso fue algo que hacía porque sentía que esto no es la vida real. Que no puede estar pasando que la gente venga a escucharle porque le gusta como canto. Y aún no lo termino de procesar.

Delfina Cheb estudió en Estados
Delfina Cheb estudió en Estados Unidos, en la Berklee School of Music y el New England Conservatory.

Una noche mágica en Madrid y lo que está por venir

—En alguna nota leí que un día estabas en casa de Limón y aparecieron Jorge Drexler y Avishai Cohen y terminaron cantando canciones sefardíes. ¿De dónde sale tu conexión con el género?

Javier me dijo que íbamos a hacer un concierto en Madrid. La fecha, 14 de febrero de 2020, es importante porque estábamos a nada de que se cerrara todo por la pandemia. Fue mi primer concierto agotado; claramente era porque estaba Javier, que tiene mucho peso. Pero fue increíble. Después fuimos a su casa y cayó Jorge Drexler, y después Cohen y después (Pablo) Heras Casado, que es el director más importante de orquesta de Europa en este momento.

Empezamos a hablar de las décimas, de distintas músicas, del flamenco, y Avishai empezó a tocar algo en un bajo desoctavado que estaba por ahí. Era “Morenika”, y empecé a cantarla. La música sefardí la conozco porque mi familia paterna es de Siria. Es parte de nosotros pero también es parte de un pasado difícil. A mí interesó indagar por qué mi abuelo, que cantaba tango, lo hacía con un acento tan extraño. Y venía de ahí, de la música árabe, de las canciones en ladino.

Fue muy increíble, porque estaba Javier, que aportaba el flamenco, Jorge también tiene ascendencia sefardí y le encanta indagar en eso y Casado, que viene del lado de la música barroca, conoce el repertorio. Fue un encuentro como profético. Encontré que esa gente a la que ya le pasaron tantas cosas y pasaron por tantos lugares los siguen emocionando las mismas canciones que a mí.

Compartir ese momento fue muy mágico. Y siguió con un par de días de grabación con Avishai y con Nella, que también trabajó con Javier. Fue otro de esos encuentros que me dio la vida que me indican que está bien el camino por el que voy.

El nuevo disco de Delfina
El nuevo disco de Delfina Cheb se titula "Buenos Aires"

—Buenos Aires tiene 10 canciones. ¿Cómo se completa la presentación del 25?

—Con algunas cosas del primer disco y varias sorpresas, porque van a venir Luis (Salinas), Guille (Fernández) y vamos ver qué sale con ellos. Tengo la suerte de que ellos confían en mí y yo en ellos, así que lo que surja será parte de eso. Con eso ya tenemos un viaje más que interesante de música.*

* Delfina Cheb presenta Buenos Aires este jueves a las 22:30 en Bebop, Uriarte 1658. Entradas desde $1.320 a través de www.bebopclub.com.ar y Tuentrada.com.

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