
La muerte de Margaret Keane no sorprende pero si entristece. Tenía 94 años y una obra gigante. Fue en su casa de California donde dio su último aliento. Según informaron sus familiares, fue debido a una insuficiencia cardiaca. Hacía cinco años que recibía cuidados; dependía de un suministro de oxígeno permanente.
Nacida en 1927 en Nashville, Tennessee, su interés por el arte comenzó a temprana edad. Tenía diez años cuando empezó a recibir clases de dibujo en el Watkins Institute de Nashville. De chica la conocían la iglesia local por sus bocetos de ángeles con grandes ojos.
“Siempre me han interesado los ojos porque estoy interesada en el interior de la persona”, dijo en una entrevista. Ese fue su rasgo característico de sus pinturas: ojos enormes a cada personaje retratado. De esa forma, no sólo se aseguraba una marca, también un método.

En 1950 tuvo a su hija Jane, fruto de su primer matrimonio, pero todo cambi´9o cinco años después, cuando se casó con Walter Keane, un agente inmobiliario aficionado a pintar. Él la ayudaba mucho con el marketing. Por esos años, precisamente en 1959, pintó su primer cuadro profesional.
Keane cerró su negocio inmobiliario y se dedicó a vender las obras de su esposa, los que firmaba como “Keane”. Para todo el mundo, él era el creador de las pinturas; tampoco se ocupaba de aclarar el malentendido, más bien lo dejaba fluir, que corra, le convenía.
En los años 60 Margaret Keane fue una de las artistas más populares, aunque en realidad toda la fama la obtenía su marido. Eso la volvió más tímida. Así fue que durante ese tiempo Walter Keane se autoproclamaba el pintor de los cuadros, mientras que se encerraba a pintar todo el día.
Llegó un momento que mejoró su estilo y decidió cambiar la firma: “MDH Keane”. Él amenazó con matarla, también a sus dos hijas. Fue recién en 1965 que este matrimonio se divorció. Pero había un problema con el derecho de los cuadros.

Fue entonces que Margaret desafió a Walter a que pintara frente al público en la San Francisco’s Union Square. Él no se presentó. Margaret sí lo hizo y pintó uno de sus cuadros característicos frente a una multitud. Luego se mudó a Hawái, se acercó a la astrología, la meditación trascendental y se volvió Testigo de Jehová.
En 1986, tras una demanda, el jurado pidió a los dos que pintaran un cuadro con su estilo característico. Margaret lo hizo en 53 minutos. Walter dijo que no podía, que le dolía el hombro. Su ex esposo tuvo que pagarle una retribución de 4 millones de dólares.
Todo esto está contado en la película Big Eyes, dirigida por Tim Burton, del año 2014. Amy Adams interpretó a Margaret Keane y Christoph Waltz a Walter Keane. Desde entonces sus pinturas se volvieron más populares —aunque ya lo eran— y se dio a conocer su verdadera historia al gran público.
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