
Broadway. Los grandes musicales. Los empecé a escuchar de la mano de Pepe Cibrián con el que pasábamos noches y noches maravillados mirándolos en su videocasetera mientras unos sustanciosos fideos con tuco humeaban en la mesita ratona y soñábamos con poder hacer algún día algo “parecido a eso” que en ese momento era inalcanzable. Así fui protagonizando, junto a otro artistas a quienes también les atraía ese género, esos nuevos musicales que tenían un sabor más autóctono y que hablaban de nuestros deseos y contradicciones.
Musicales como Aquí no podemos hacerlo, De aquí no me voy, Las invasiones inglesas, fueron tomando importancia y avanzando hasta la tan deseada calle Corrientes. Hasta que un día sucedió el milagro Drácula y el musical argentino tuvo espacio propio y abrió las puertas para que aquellos musicales que veíamos en casete se hicieran realidad y llenaran la calle Corrientes.
¿Y yo? ¿Qué hacer? El tiempo había pasado y quería un espacio más personal con mi propio imaginario sobre el escenario. Los personajes a los que podía acceder no me convencían. Las audiciones… cómo decirlo: no son lo mío. Los nervios, el sí, el no, la espera. Así pues que no quedaba otra que la autogestión, ese espacio que generamos los artistas cuando el medio no nos permite crecer de la manera que creemos tenemos que hacerlo. Dos unipersonales. Primero fue Acá no se fuma, escrito por Pepe Cibrián, que me tendió la mano para que pudiera empezar este nuevo camino y que generó mi primer éxito como artista independiente. Después fue Eres maravillosa que escribimos junto a un prócer del teatro como es Héctor Presa y que me valió varias nominaciones a los premios ACE y Premios Hugo. Con ella viajamos por Madrid y Barcelona y generamos un producto de exportación. Pero… otra vez seguía ahí acechándome la famosa “hoja en blanco”.

¡No, vete de mí! ¡No se me ocurre nada! Tengo un recurso: cuando no aparece la idea me busco un otro para pensar juntos, para decir cualquier cosa, lo que se nos pase por la cabeza, la “tormenta cerebral” que le dicen. Así que después de ver Lord el musical y a Diego Bros y su fantástica interpretación supe que él sería mi nuevo compañero de ruta. ¡Y así fue! Aún sin tener la bendita idea nos pusimos a pensar y casi por casualidad después de un cometario al pasar que me hizo una de mis alumnas de canto sobre su compañera de trabajo, algo hizo ¡click! Y empecé a escribir casi sin parar Más que real, mi primer musical escrito solo por mí. El equipo se armó mágicamente. Emiliano Samar, a quien yo deseba como director, dijo ¡sí! La sala Belisario Club de Cultura en plena calle Corrientes dijo presente, y el público llenó por 27 funciones consecutivas la platea. Nominaciones otra vez y el premio a la mejor interpretación en musical off para mí, que atesoro por el reconocimiento más que al talento, por el esfuerzo y la dedicación al trabajo. ¡Se venía la segunda temporada con todo! Pandemia. La pesadilla, lo que nadie esperaba. Los streaming, los Zoom y el sueño de volver al escenario.
Y ahora acá estamos, nuestra segunda temporada ya es realidad. Esta vez tengo otro compañero de aventuras, Max Accavallo, que como su glorioso apellido lo indica es otro gran luchador en esta profesión, y junto con Emiliano y todo el staff de grandes profesionales que hicieron posible esta vuelta. Ahora todos los viernes se encienden las luces de Belisario Club de Cultura en la mítica calle Corrientes para contar la historia de Claudia, esta mujer de mediana edad que sueña simplemente con ser “Más que real”.
*Más que real puede verse en Belisario Club de Cultura (Av. Corrientes 1624 – CABA) este viernes 29 de abril a las 20:30.
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