
En el principio, Peronismo para la juventud no tenía una forma definida. Sabía tres cosas: que debía recuperar un tono irónico y hasta corrosivo que ensayaba en tuits, esa suerte de epigramas efímeros e irresponsables que varios interesados en política solemos eyectar en la red social. Sabía, en segundo lugar, que el objeto de crítica y sorna iban a ser los discursos y varios sujetos gorilas, antiperonistas, tanto los actuales como los de antaño. Por último, sabía que quería recuperar algo de la actualización peronista de los últimos años, de las cosas nuevas o emergentes que, para varios que votamos y apoyamos con más o menos intensidad a gobiernos peronistas, se revelan como parte de nuestro peronismo, un peronismo diferente al configurado por Menem, por ejemplo.
El desafío fundamental era que el libro no se convirtiera en un compendio de tuits aumentados: lo único que debía ser recuperado de la escritura en esa plataforma era el tono y cierto modo de hacer humor. En esa línea me permití recuperar algunos textos literarios y académicos pero para hacer de ellos un uso un tanto plebeyo, un tanto desacralizador, en línea con el juego de inversiones carnavalescas que en alguna medida forman parte del peronismo. La lectura de un autor particular me animó a introducir piezas ficcionales y un poco delirantes en medio de esas lecturas: Pedro Saborido y su Una historia del peronismo. Saborido no deconstruye el mito peronista, tampoco lo reafirma sin decir nada: a través de la hipérbole y de la psicodelia aumenta el mito, lo tuerce un poco y te lo devuelve aún más querible, y algo de eso le quise robar.
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En cuanto a la parte más satírica y crítica de algunos personajes de los que hablo, el modelo fue Fenómenos argentinos de Juan José Becerra, la lengua alacrana que Becerra pone en juego para hablar de ciertos personajes del macrismo fue un canto de sirena al que se acercó mi escritura. Otros dos modelos se me presentaron en el proceso de construcción del libro: el inevitable Jauretche en El medio pelo en la sociedad argentina y el querido Enrique Santos Discépolo con su “¿A mí me la vas a contar?”, emisión en la que satirizaba e increpaba a “Mordisquito”, un arquetipo del antiperonista.
El libro fue escrito durante la pandemia de coronavirus, en el encierro y la incertidumbre. Las especulaciones sobre el día después de la crisis no tardaron en llegar, y varios esperanzados afirmaron la posibilidad de salir mejor: más solidarios, más humanos, más unidos. Las “frías aguas del cálculo egoísta” y su triunfo casi total demostraron que el mundo que queda es el mismo que antes o aún más desigual; por eso la justicia social sigue siendo la bandera más urgente.
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*La autora de este libro es @lainca_ en Twitter
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