
Muchas lenguas tienen palabras de uso corriente que expresan conceptos que no existen en otros idiomas y que, por lo tanto, no tienen traducción, o es difícil. Investigando ese tipo de términos se encuentra una intención similar entre ellos, la de expresar impresiones o emociones abstractas, de difícil racionalización, que bien podrían ser aproximaciones al dominio de lo inexpresable. Así, toska, en ruso, refiere a la sensación de un anhelo sin que haya nada que anhelar. En lengua yámana, el término mamihlapinatapei, refiere al significado implícito en un cruce de miradas entre personas que guardan silencio. En galés la voz hiraeth, dice de una especial nostalgia por un pasado que debió ser mejor de lo que fue. Los árabes usan ya’aburnee, para referirse al deseo de morir en lugar de un ser querido. En alemán, el término Fernweh, dice de la nostalgia que se siente por un lugar en el que nunca se ha estado. En japonés, wabi-sabi refiere a encontrar belleza en aquello que es imperfecto.
En la década de los noventa, el Dr. Antonio Damasio, profesor de neurociencia en la Universidad del Sur de California, de origen portugués, irrumpió en el campo de la neuropsicología con una nueva teoría sobre las emociones y los sentimientos. Sin ánimos de abundar, podríamos resumirla del siguiente modo: un determinado estímulo tiene lectura en estructuras inconscientes del cerebro que, de acuerdo a su interpretación inconciente, desencadenan cambios en nuestro cuerpo. Esas modificaciones son registradas por el sistema nervioso periférico y leídas nuevamente por nuestro cerebro, pero en otras estructuras. Es como si el cerebro le consultara al cuerpo y usara su respuesta para tomar una decisión. Al recibirla emerge una emoción, que va a teñir nuestra atmósfera y generar una tendencia de acción. Si la emoción resultante de esa lectura física fuera el miedo, la balanza se inclinará hacia el alejamiento, si la emoción fuera ternura, será hacia la proximidad.
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A esa teoría se la llama “teoría del marcador somático”, del griego soma, que significa cuerpo. La interpretación de esa emoción, en la que influirá nuestra personalidad, estado psíquico, biografía, dará lugar a un sentimiento. Bajo estas ideas, la génesis de las emociones surge de una suerte de diálogo entre el cerebro y el cuerpo.
La emoción, y luego el sentimiento resultante, serán los algoritmos que utilizaremos para tomar la mejor decisión posible en el menor tiempo. Por ejemplo: uno de los numerosos experimentos que se realizaron en este marco, llegó a la conclusión de que una persona con la vejiga llena, con imperioso deseo de orinar, toma decisiones más ventajosas en el casino, ganando más o perdiendo menos, que aquellos que recién orinaron.
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Así, pareciera ser que una mayor conciencia del estado físico colaboraría a que tomemos mejores decisiones. El reconocimiento emocional, “escuchar a la panza”, como diría buscapina, podría resultar en un asesoramiento conveniente. Luego, el registro de la eficiencia histórica de un sinfín de tomas de decisiones, irá perfeccionando el algoritmo y preparándonos para enfrentar sucesos futuros.
Ahora, nada puede prepararnos para aquello que no ha ocurrido nunca antes. Ante estímulos sobre los cuales nuestra mente no puede establecer una predicción, como una pandemia que de pronto cambia la vida como la conocíamos, entonces, puede que surjan emociones erráticas, desproporcionadas, fuera de timing, o incluso incoherentes.
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Así es que en estos tiempo muchos experimentamos sensaciones de difícil identificación, como buscando una señal que represente cómo nos sentimos, pero que no termina de encontrar precisión.
Estudios recientes en personas recuperadas de Covid-19, informan que aproximadamente un tercio refieren dificultades trastornos anímicos o emocionales. Así, es frecuente que nos invadan sensaciones angustiosas o sesnsaciones de desasosiego, sin desencadenantes claros.
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En estos tiempos, parece que la representatividad de nuestros estados emocionales se expresara mejor por vacíos de significado, que por su semiótica tradicional. Nuestras emociones desbordan los diccionarios y salen huérfanas a colarse por intersticios en el lenguaje, buscando términos con matices alternativos. Entonces, a situación inédita… ¿sentimientos inéditos?
Quizá estos sean tiempos de esperanzas por la salvación de terceros, de anhelos sin fundamentos, de significados tácitos en un cruce de miradas. Quizá estos sean tiempos de nostalgias por lugares inexistentes. Quizá estos sean tiempos de belleza en lo que es imperfecto.
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