Adelanto de “Manu Chao ilegal, persiguiendo al clandestino”

El libro, editado por Sudestada, retrata el largo viaje del músico hasta la actualidad en plena cuarentena, bajo el enfoque periodístico y literario de los españoles Kike Turrón y Kike Babas, quienes desde mediados de los ’90 compartieron muchas aventuras con el músico

La portada de “Manu Chao ilegal, persiguiendo al clandestino”
La portada de “Manu Chao ilegal, persiguiendo al clandestino”

Tras la bella muerte de la Mano Negra (la popular banda formada en 1987), Manu Chao se perdió en el siglo llorando lágrimas de oro. Un iniciático viaje por tascas y hamacas, por días luna y días pena, por la carretera que cruza México, Francia, Senegal, Italia, Colombia, Brasil, España, Argentina y Mali.

Durante ese periodo nómada, con su estudio portátil, no paró de grabar los sonidos de la calle y el germen de unas canciones mestizas que darían contenido a su debut en solitario, Clandestino, un éxito global que ha influenciado a varias generaciones. Desde entonces Manu Chao ha seguido publicando discos, apoyando causas, realizando giras por el mundo sin periodicidad concreta… y desapareciendo.

Manu Chao ilegal” retrata todo ese viaje hasta la actualidad en plena cuarentena bajo el enfoque periodístico y literario de los españoles Kike Turrón y Kike Babas, quienes conocen a Manu desde mediados de los ‘90 y con quien han compartido muchas aventuras. Publicado por Editorial Sudestada, un adelanto de Infobae Cultura:

“BRASIL, MÉXICO, UN ESTUDIO PORTÁTIL Y UNA TRISTEZA INFINITA”

Esta primera versión de la Radio Bemba llegó auspiciada por la inercia con la que Manu venía de Mano Negra, sin embargo, las cosas no están tan templadas como los preclaros conciertos apuntan, antes bien, Manu se adentraba peligrosamente en el territorio de la zozobra personal.

La Mano Negra rota era un dolor en el corazón y la Radio Bemba era más una intuición y una intención, una manera de salir al paso, pero que no acababa de cristalizar en un plan concreto, la prueba más evidente era el disco grabado que nunca llegará a editarse.

En este estado de dudas sobre su carrera musical (se planteaba incluso no hacer música nunca más), su quehacer vital (se le pasa por la cabeza hacerse trabajador social en África o continuar los pasos familiares y estudiar periodismo) y su devenir personal (al desgarro de la separación de su grupo, se sumaba una reciente rotura sentimental), momento oscuro y depresivo, Manu opta por el viaje como forma de perderse sin el ánimo de encontrarse.

“Manu Chao ilegal” fue escrito por los españoles Kike Turrón y Kike Babas
“Manu Chao ilegal” fue escrito por los españoles Kike Turrón y Kike Babas

De manera intermitente, en viajes puntuales, Manu se patea Latinoamérica, haciendo especial guiño a los gigantes Brasil y México. La rutina es precisamente no tener rutina, llegar a cada ciudad y, guiado por la intuición o por un diminuto papel con el nombre de un bar, salir con la guitarra o sin ella a buscar vida. No hay horarios, no hay días o noches.

Manu va grabando en su estudio portátil lo que le va sugiriendo el momento, influenciado por el sentimiento y la situación de cada lugar. El azar, el duende, o como 27 quiera llamarse, es la guía. De un modo u otro, en aquellas sesiones clandestinas se registraban montones de posibles canciones a explorar. Manu va acoplándose en alojamientos al paso que le sirven para ir creando, para ir buscando y observando. Cada día sigue creando canciones, aún sin tener claro qué hará con ellas, se abanica con las rolas que suenan en las ajadas radios de las cantinas, con los músicos de la calle que regalan sus canciones a cambio de unas monedas o un trago, no hay necesidad de mirar atrás, de buscar un hilo conductor pues él mismo es ese hilo, esa cadena de encuentros y acontecimientos y viajes son los que van construyendo su día a día.

Todo esto será la seña identidad de estos años, ese buscarse o perderse de sí mismo en su inmediato y cambiante alrededor, una búsqueda localista que, al publicarse el disco Clandestino, se volverá universal. Se hizo una competente maletita con un DAT, un sampler, un ocho pistas, un micro cualquiera y un puñado de cables.

Con Casa Babylon ya había probado lo de no grabar a la manera clásica: llegar al estudio con las ideas preclaras para grabar, si no que ellos captaron el instante inventando cada día en el mismo estudio. Esta vez, para perderse por el mundo, se llevó una grabadora que le tuvo pendiente de registrar los sonidos de los lugares. Crónicas reales y musicales de un mundo tan marginal como exótico, enriquecidas por grabaciones captadas al vuelo: tanto de los artistas locales como fragmentos de noticieros, partidos de fútbol radiales o mensajes de contestador telefónico.

Por su estudio fueron pasando panderetas, gaitas, yembes o acordeones. Probó con ritmos techno y trash-hardcore, con rumbas y con ritmos árabes. Mil grabaciones y sonidos bañados en licor, que finalmente quedarían fuera del álbum por el carácter íntimo de este. La precaria sofisticación de ese pequeño estudio le permitió tomar instantáneas del momento, grabando allí donde encontró músicos con los que surgió magia. Un método que lo mantuvo vivo y activo, que capturaba la verdad en un confuso mundo de mentira.

Las páginas de “Manu Chao ilegal, persiguiendo al clandestino”
Las páginas de “Manu Chao ilegal, persiguiendo al clandestino”

En el dispositivo graba bases con bongos y tambores, ritmos que servirán de metrónomo para, en otras pistas, poder garabatear estrofas que surgían en el momento, riffs acústicos que irán teniendo forma de canción. La técnica nómada de grabación irá creciendo y sofisticándose hasta convertirse en un estudio profesional de grabación itinerante que Manu puede llevar en un par de bolsas de equipaje sin mayor problema… aún llevará un tiempo afinar todo eso, pero la semilla ya estaba ahí plantada.

Donde quiera que fuese iba grabando canciones, como un cronista de sonidos, como un investigador sonoro de lugares entrañables y fabulosas culturas callejeras. La idea esencial era encontrarse con gente, no músicos profesionales, e instalar el equipito en la cocina de alguna casa. Una idea original que ya venía desde Mano Negra pero que ahora encontraba su auténtica dimensión. Manu se empapa de la calle para conocer y asimilar la realidad de cada lugar, pero para tener un concepto más global de la realidad histórica de América Latina utiliza a Eduardo Galeano.

Se adentra en Memorias del fuego, la trilogía del escritor uruguayo compuesta por Los nacimientos (82), Las caras y las máscaras (84) y El siglo del viento (86) donde cuenta la historia de América Latina en una sucesión de relatos cortos en prosa cercana a la poética: no es un tratado de Historia con hache mayúscula, pero relata hechos históricos y leyendas en unos textos que recogen la tradición oral de los pueblos latinoamericanos.

El texto es una reivindicación de los pueblos indígenas: masacrados, esclavizados, violados, robados y diezmados tras la conquista española y cuya libertad del Imperio fue solo una victoria agridulce que pondría la región en manos de los intereses locales o imperialistas multinacionales. Otra de las obras de Galeano de las que Manu aprende es el clásico Las venas abiertas de América Latina.

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