45 años de la desaparición de Haroldo Conti: 4 libros para no dejar de leerlo nunca

Apenas pasada la medianoche del 5 de mayo de 1976, un grupo de militares irrumpió en la casa del escritor argentino, lo golpearon e interrogaron durante seis horas, robaron sus pertenencias y se lo llevaron secuestrado. En esta nota, un repaso por su vida pero también por su valiosa obra que se vio interrumpida trágicamente

Haroldo Conti
Haroldo Conti

“Estamos en guerra. Y acá somos ustedes o nosotros y no hay que dejar siquiera la semilla”, les dijo un militar, en la noche del 5 de mayo de 1976, a Haroldo Conti y a Marta Scavac. Habían regresado del cine y al llegar a su casa de la calle Fitz Roy una patota los esperaba. Adentro, estaban sus dos hijos —una niña de siete años y un bebé de tres meses—, a quienes encerraron en una pieza para luego golpear e interrogar a la pareja durante seis horas.

El bebé, Ernesto, era el cuarto hijo de Conti y el primero de Marta. Ambos encapuchados escuchaban cómo los militares se lo disputaban. “¡Es mío!”, dijo uno. “¡No, es mío porque es rubio y blanco! ¡Se puede conseguir muy buena guita y esta vez me toca a mí!”, respondió el otro. Todo esto lo contó Marta Scavac en el juicio oral de 2009 por la causa contra el represor Jorge Olivera Rovere, jefe de la subzona Capital Federal y otros cuatro ex jefes de áreas militares porteñas.

De pronto, un militar dice que se llevan a Conti a un interrogatorio. Ella pidió despedirlo, entonces la llevan a, se supone, una pieza contigua. Él se le acerca, le pregunta cómo está, ella le pregunta lo mismo. “Estoy bien, no te preocupes”, responde él. “A pesar de las dos camisas, yo tenía una parte de la cara descubierta. Haroldo me da un beso justo en ese lugar y en ese momento me di cuenta de que él no estaba encapuchado, y grito desesperadamente que no se lo lleven”.

Haroldo Conti
Haroldo Conti

Esa noche, cuando los militares se fueron, Marta Scavac —que murió el 11 de agosto de 2016— escapó con los dos chicos por una ventana, sale a la calle, consigue un taxi y se va a la casa de sus padres. A las pocas horas va a la redacción de la revista Crisis, lugar donde trabajaba, y realizan las denuncias internacionales. Los medios locales no publicaron nada; sólo el Buenos Aires Herald.

Dos semanas después, el cura Leonardo Castellani, amigo de Conti, asiste a un almuerzo con Jorge Rafael Videla —van también Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato y Horacio Esteban Ratti— y le pregunta por el escritor desaparecido. No recibe respuestas, pero en julio Castellani ve a Conti en la cárcel de Villa Devoto. Sobrevivientes dijeron que luego estuvo en el centro de detención El Vesubio. En 1980, Videla le confirma a algunos periodistas españoles que Conti estaba muerto.

Haroldo Conti
Haroldo Conti

Cincuenta años antes, en Chacabuco, Haroldo Conti nació el 25 de mayo de 1925, hijo de Petronila Lombardi y de Pedro Conti, tendero ambulante y fundador de la unidad básica del Partido Peronista en su pueblo. A los 13 entró en el Don Bosco de Ramos Mejía, un colegio religioso que le avivó la llama literaria: “en aquel tiempo no había cine, y reemplazábamos esa diversión dominical con unas funciones de títeres; yo me ocupaba de escribir los libretos”, contó.

Comenzó a trabajar de muy joven como docente en General Pirán. Ingresó en el Seminario Metropolitano Conciliar de Villa Devoto, pero abandonó en 1947 para estudiar Filosofía en la UBA, donde se recibió en 1954. En esa época trabajó de asistente de dirección de la película La bestia debe morir y se casó con Dora Magdalena Campos, con quien tuvo a Alejandra y Marcelo. Tuvo dos hijos más: María José, de una breve relación con Gloria Ana Ibañez; y Ernesto.

Cuando en 1971 conoció Cuba, al ser elegido como jurado del Premio Casa de las Américas, dijo: “Cuba es una especie de colina de América desde donde se divisa todo el continente. Desde La Habana tomé conciencia de América Latina”. Por entonces comenzó a militar en el PRT (Partido Revolucionario del Pueblo) y en el FAS (Frente Antiimperialista por el Socialismo), así como también rechazó la Beca Guggenheim por “convicciones ideológicas”.

Mucho antes, en 1960, se enamoró del Delta del Tigre, se compró una casa a orillas del arroyo Gambado —hoy es un museo— y empezó a escribir con mayor constancia ya que había obtenido algunos premios literarios. Y de pronto vendrían sus grandes libros, las novelas inolvidables, su enormes cuentos y más premios. Iniciada la dictadura, decidió quedarse en el país. Sobre su escritorio puso un cartel en latín que significaba: “Este es mi lugar de combate, y de aquí no me moveré”.

Sudeste

Sudeste
Sudeste

Su primer libro fue una novela. En 1962 publicó Sudeste. Hacía dos años que había comprado la casa en el Delta y ese paisaje ya lo había poseído. Boga, el héroe de la historia, está totalmente dominado por la naturaleza del río: pesca, navega, nada, se esconde entre los juncos, enciende un fuego en la orilla. La novela gana el concurso de la Editorial Fabril —sello que la publica— convirtiendo a Conti en un referente de la llamada “Generación de Contorno”.

“El genio literario de Haroldo Conti, abrazado a un idioma de necesidad narrativa que apuesta todo a la precisión descriptivista, nos cuenta la infinidad de peripecias que surgen del tedio de la vida. Pero también nos muestra que el hábito es un arte humano”, escribe Juan José Becerra sobre este libro, y agrega: “En Sudeste el hombre es la naturaleza. Los argumentos de Conti están a la vista porque para él naturaleza y hombre no se distinguen entre sí”.

En vida

En vida
En vida

Un jurado integrado por Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, entre otros, definió que En vida, la novela de Haroldo Conti, sea la ganadora del Premio Barral. En 1971 salió el libro a las calles. “El hombre en su totalidad es una causa. Mucha gente habla de revolución y olvida que las revoluciones las hacen los tipos concretos. En En vida quise hacer la radiografía de un hombre del montón, jodido por esta sociedad, castrado en sus posibilidades de elegir”, dijo en 1975.

La balada del álamo carolina

La balada del álamo carolina
La balada del álamo carolina

Un volumen de diez cuentos, eso es La balada del álamo carolina, publicado en 1975. El relato que abre es el homónimo. Le siguen: Las doce a Bragado, Mi madre andaba en la luz, Perfumada noche, Ad astra, Devociones, Bibliografía, Los caminos, Memoria y celebración y Tristezas de la otra banda. “Pocos libros dados a conocer en la década del setenta en la Argentina deben contener tan alta carga de emotividad y explosión lírica como La balada del álamo carolina”, sostiene Claudio Zeiger.

Por su parte, Selva Almada asegura que “la prosa de Conti es sencilla al mismo tiempo que va al corazón de los asuntos; y de esta combinación resulta un libro memorable, que viene a decir algo propio sobre temas universales como la evocación, el lugar de donde venimos, quiénes o qué somos. Y sobrevolando todos los relatos, la voz del álamo carolina que nos susurra una verdad bella, poética y contundente: un día de un viejo árbol es un día del mundo”.

Mascaró, el cazador americano

Mascaró el cazador americano
Mascaró el cazador americano

Conti fue dos veces jurado del Premio Casa de las Américas. Luego quiso participar. Lo hizo con una novela que, junto a La canción de nosotros de Eduardo Galeano, resultó ganadora: La balada del álamo carolina, de 1975. “El registro verbal oscila entre lo reflexivo y lo humorístico, lo religioso y lo sexual, el lirismo y la parodia desacralizadora. Tal mutabilidad parecería indicar que casi todo es posible y conforma uno de los sentidos relevantes de esta novela”, escribió Eduardo Romano.


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