Milena Busquets: “Las muertes, como los amores fracasados, forman parte de mí”

En diálogo con Infobae Cultura, la escritora española habló sobre su nueva novela “Gema”, que recupera la historia de una amiga que murió a los 15 años. Además, la autora de “También esto pasará” reflexionó sobre el poliamor y la búsqueda de su voz literaria, entre otros temas

Milena Busquets (EFE)
Milena Busquets (EFE)

Preguntarle a Milena Busquets, que vive en Barcelona, si extraña el pequeño pueblo y el mar de Cadaqués, es apelar a la nostalgia de los veranos en familia. “Ahora legalmente ya podría ir, hasta la semana pasada estaba prohibido salir de Barcelona, con lo cual sí, lo extrañaba, lo he extrañado bastante la verdad”, responde al otro lado de la pantalla la autora de También esto pasará. Surge el tema obligado del encierro y si se puede o no escribir en aislamiento obligatorio. “Acabé Gema [su última novela, publicada por Anagrama en febrero de este año] una semana antes de que nos encerrasen, el primer encierro, cuando por tres meses no nos dejaron salir”. Aunque su trabajo de escritora la lleve a pasar largos períodos en soledad, para Milena “la relación con los demás es muy importante”.

Está claro que “los demás” son los vivos. Pero en Gema los demás también son los que ya no están. La novela empieza: “Para mí Gema siempre ha sido el nombre de una muerta.” Pero no siempre fue así. Gema parte de una historia verídica: la muerte de una joven de 15 años, amiga de la infancia de Busquets. Tenía leucemia, y un día dejó de ir al colegio. En dos meses fallece, y Milena se queda pensando, durante 30 años, en la última vez que la vio en el patio del Liceo Francés de Barcelona, el mismo patio donde dos años después se enteraría de que era inminente la muerte de su padre, el poeta Esteban Busquets.

- Decís que escribís para responder a la pregunta “¿quién soy?”¿Qué aprendiste de vos escribiendo Gema?

- No es tan fácil y no se ve tan claro. Tengo una amiga que me dijo que le parecía muy significativo que en la escena del patio, la escena con Gema, hablase también del momento en que mi madre me dijo, en el mismo patio, que mi padre se iba a morir. A ella le parecía que donde estaba la historia importante era en esto de mi padre, que aún no he tratado, y que Gema era simplemente una forma de irme acercando al tema. Y esto no lo he visto yo, me lo tuvo que decir alguien.

"Gema" (Anagrama), de Milena Busquets
"Gema" (Anagrama), de Milena Busquets

En Gema, el fragmento en cuestión dice:

Ambas muertes tuvieron lugar en el mismo escenario, el viejo patio del colegio, aunque luego los dos fallecieron en un hospital, claro.

Mamá vino a la escuela especialmente para contarme que papá estaba gravemente enfermo, y a continuación tomó un avión para ir a pasar el fin de semana en Londres, con unos amigos. Me hizo salir de clase y en el patio vacío me comunicó que lo que iba a ser una operación rutinaria de estómago se había convertido en una sentencia de muerte. No se le ocurrió cancelar el viaje. ´Nunca pensé que te afectara tanto’, se excusó después en un millón de ocasiones a lo largo de los años.

No había vuelto a pisar aquel patio.

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-¿Por qué la historia de Gema y no la de otro personaje de tu infancia?

- No lo sé, y por lo visto, por las cosas sobre las que estoy dando vueltas en mi mente, no he terminado de indagar en el libro. La de Gema me parecía una de estas primeras muertes de una persona cercana. Es muy sorprendente y muy chocante para una niña de 15 años que se muera no tu abuelo, no tu perro, no tu hamster, sino una persona que está, como se está a los 15 años, al inicio de todo. A los 15 años, los finales no se saben ni lo que son, ni siquiera te has lanzado todavía a la vida. Tanto la muerte de Gema, como la de mi padre y mi madre me ocurrieron cuando no estaba en absoluto preparada. La muerte de un ser cercano es algo que nos debería ocurrir más tarde. Así como soy muy lenta y un poco infantil, esto de la muerte me vino bastante rápido, y quizás por eso esta obsesión por hacerlo bien, hacerlo mal, que no tengo con otras cosas como las relaciones amorosas u otros temas importantes.

Milena Busquets y su relación con la muerte de sus seres queridos.


-En una entrevista con Vogue España a raíz del lanzamiento de Gema dijiste “Creo que la muerte es un buen punto de partida para hablar sobre la vida”. ¿Cómo es esto?

-El camino de acompañar a alguien querido a la muerte es muy importante, como lo es el del amor. Para mí las muertes, luego del duelo y de las cuestiones que me quedan durante años dando vueltas en la cabeza, han sido siempre un puntapié para disfrutar de la vida. No es nada original, es lo del carpe diem (aprovecha el día” en latín). Es intentar que esta aventura que tenemos, que además es muy corta porque pasa muy rápido, sea lo más intensa, lo más física, apasionada posible.

-¿Superamos a nuestros muertos?

-Yo no quiero superar mis muertes. No considero que las muertes sean una cosa a superar. Las muertes, como en el fondo todos los fracasos -como los amores fracasados-, forman parte de mí. Y en el fondo no son fracasos, son vivencias. Espero tener una fila muy larga de muertos y amores cuando me muera yo.

-En las dos novelas, tanto en Gema como en También esto pasará, se trata de buscar el recuerdo, el fantasma de otra mujer, mujeres que además marcaron tu infancia. En el caso de Gema, su muerte viene a marcar el fin de la inmortalidad que sentimos en la juventud. En el caso de tu madre, el fin de la infancia. En ambas la protagonista empieza a percibir que el paso del tiempo es algo real. Leyendo Gema, recordé haber vivido una situación similar, cuando tenía 10 años, y me di cuenta de que la había olvidado.

-Te extrañará, pero hay bastantes personas que me han dicho esto, que me están diciendo “a mi también me pasó”. Es muy difícil prepararse para la muerte: a los 10 ó 15 años no estás en absoluto preparado. Esos momentos son como un primer toque de atención de que esto se acaba, nos morimos. Al mismo tiempo, a esa edad estás empezando a vivir, con lo cual recuerdo que lo pasé muy mal durante varios días pero con mis amigas lo superamos, o aparentemente lo superamos, muy rápido. Al cabo de un mes estábamos yendo al cine, descubriendo el arte, descubriendo a los hombres. A pesar de esto, yo creo que la historia se quedó conmigo. Que me fue acompañando todo este tiempo.

-En tus novelas y columnas siempre hablás del amor, el recuerdo, el paso del tiempo, la muerte, una pensaría “claro, ¿de qué más hay que hablar?”

- Yo pienso que no hay mucho más. A mí son estos los temas que me interesan. Son los temas capitales, que voy retomando, y que iré retomando hasta el final, esperando aclararme más. Por supuesto que hay otros géneros, gente que escribe novelas de misterio, de aventura, que también está muy bien.

-¿Cuánto tiempo de tu día le dedicás a la escritura?

-Depende del momento en el que esté. Al principio, cuando estoy tanteando una idea, tres horas al día, por ejemplo. Pero voy tanteando, escribiendo de una forma muy libre lo que quiero, sin fijarme casi en nada más que en lo que voy diciendo, lo que se me ocurre. Creo que a medida que te vas metiendo más, que vas viendo más el libro, vas dedicandole más tiempo, te va pidiendo más trabajo. Siempre empiezas un libro con miedo, yo al menos entro a pasitos pequeños como si estuviera en un bosque, a ver qué plantas, qué árboles hay, qué voy a coger, qué no. Es una parte bonita también la del inicio de un proyecto.

"No considero que las muertes sean una cosa a superar", dijo (Télam)
"No considero que las muertes sean una cosa a superar", dijo (Télam)

-¿Y ahora en qué estás trabajando, se puede adelantar algo?

-Estoy en otra novela, y aún dando pasos en medio del bosque, todavía no lo sé. Pero estoy contenta.

-También esto pasará, tu segunda novela, tuvo una repercusión increíble ¿por qué pensás que fue así? ¿Te considerás un fenómeno de éxito?

-No, en absoluto. No lo sé. Creo que este tipo de novelas, autoficción o como quieras llamarlo, este deseo y este esfuerzo (porque es un esfuerzo muy grande) en ser honesta, aunque me perjudique a mí misma o a mi personaje, este esfuerzo de autenticidad y honestidad que yo considero muy importante cuando escribo, creo que esto la gente lo detecta. Creo que estamos en un momento, en general, de muy poca honestidad, con lo cual cualquier cosa que la gente ve que es verdad, o que no es verdad, pero que es auténtico, creo que con esto la gente se identificó muchísimo. E interesa también una visión que no sea solo la políticamente correcta, a pesar de que yo me considero feminista, que no sea la políticamente feminista o de izquierda, sino algo más personal. Cuando me leen, algunos me dicen que es como si me escucharan hablándoles a la oreja. Creo que esta cercanía no se puede trabajar: es una voz que tienes más o la tienes menos.

-En una entrevista dijiste que tu mamá te dijo leyendo tu blog que ya habías encontrado una voz y que podías comenzar a escribir otras cosas. ¿Cómo es eso de encontrar una voz? ¿Cómo te das cuenta?

-No, no te das cuenta, y además es muy fácil perderla. Por eso es recomendable para quienes quieren escribir que practiquen: escribiendo un newsletter, cartas al vecino... Creo que la edad también ayuda. Creo que a medida que te vas haciendo mayor, esta mirada la vas afinando. No sabes lo que buscas, porque nunca sabes, pero sabes identificar cuando hay algo que te sirve. La voz y la mirada están muy relacionadas, al menos en mi caso. La imaginación me sirve, pero sobre todo la memoria. De los dos pilares para un escritor (memoria e imaginación), la memoria es lo que tiene más peso para mí.

-¿Qué va a pasar con tu blog?

-No sé. Como estoy sin columnas (se refiere a las columnas que escribía para el diario El País y La Vanguardia, entre otros, que en 2019 fueron recopiladas por Anagrama bajo el título Hombres elegantes y otros artículos), he pensado hacer una pequeña web y colgar textos míos, ir escribiéndolos sin la presión de tener que producirlos para un periódico, o tener una fecha, sino hacer una cosa pequeña, un newsletter pago y que, por poco dinero, la gente tenga una conexión conmigo cada semana.

-¿Cómo es tu trabajo con la palabra?

-Como decía Jorge Herralde (editor de Milena, escritor y fundador de Anagrama): es como picar piedra. Es difícil saber de qué depende. Lo que está claro es que es muy importante sentarse, abrir el ordenador, y ponerse delante del texto. Se te pueden ir ocurriendo ideas, pero si no estás frente al ordenador, con el trauma que es, sentarte, tus frases y tú, no hay manera.

-El tema es cómo romper ese trauma...

-Es muy difícil, yo he tardado 6 años, a mí no me preguntes...(risas). Cuando realmente te sientas con todo lo que tú eres, solo, sin voces, sin ayuda, sino tú y tu texto, yo creo que se parece al momento en que sabes que tienes que separarte de un hombre o de una mujer, y lo piensas, lo piensas, y no lo haces, y de repente un día por la mañana o por la noche llegas a casa, y le dices: ‘¿Sabes qué? Esto se ha acabado’, es un poco lo mismo. Un día abres el ordenador y te pones a hacerlo. Esta cosa terrible que le da muchísimo miedo a todo el mundo, que es muy difícil, que además sabes que te va a poner en peligro, que te va a hacer más vulnerable, esta cosa loca y un poco sádica, es como abandonar a alguien y como ponerte frente al ordenador.

-Tus protagonistas mujeres tienen una relación fluida con su cuerpo y su deseo sexual, pero no tanto con sus emociones, dos rasgos que se han asociado históricamente a los hombres.

-Totalmente. Qué interesante, no lo había pensado. Yo creo que también se debe a la educación que tuve: mi madre era feminista, vivíamos en un matriarcado porque mi padre no vivía en casa (N. de la R: Esther Tusquets y Esteban Busquets estaban separados), nos dieron una educación muy igualitaria en aquella época, muy poco represiva, natural. Tampoco es que mi madre fuera una hippie, no dejaba de ser una casa bastante burguesa, donde todo el mundo trabajaba. Se hacían libros, que era algo serio, mi abuelo era cirujano. Pero sí, tienes razón: en mis alter egos, y por lo tanto seguramente en mí, hay una relación más fácil con lo físico.

-Ellas están en contacto con su cuerpo, pero eso no les impide la conexión emocional...

-No, mis protagonistas se enamoran cada cinco minutos. Yo creo que son mujeres muy libres, pero muy conscientes de lo importantes que son para ellas las relaciones sentimentales.

-Decís en Gema que es posible enamorarse no solo de las personas, sino de las cosas o las ciudades.

-Esto de que entablo relaciones de pareja con todo, con las ciudades, con todas las cosas que me gustan, también es algo de temperamento y de carácter. Hay personas más grupales, a mí me interesa mucho la relación de uno con otro, que considero que es también un poco la relación de un escritor con su libro. Todo me toca de un modo muy personal. Creo que tengo un romance con la vida.

Milena Busquets y el poliamor.


-¿Qué libertad nos da el amor? ¿Nos da alguna?

-Considero que la libertad es muy importante, pero ser fiel también. No he sido infiel a ningún hombre. Precisamente esta libertad de la que gozamos ahora las mujeres nos permite dejar a un hombre cuando queramos y empezar una historia con otro o no. A mí me interesa más esta libertad: la de elegir largarme que la de intentar ampliar el círculo y tolerar cosas. Es que soy una gran romántica, y pienso que en realidad también lo somos todos. Hay muy poca gente que se acuesta solo por acostarse, o que es capaz de tener dos relaciones a la vez, iguales. Creo que esto sirve para hacer alguna serie, alguna película divertida, pero en el fondo seguimos siendo Romeo y Julieta. No hay mucho más. La suerte es que ahora no nos tenemos que quedar con ningún hombre que no queramos: esta es la libertad importante, y la autonomía importante es, por lo tanto, la económica. Lo de abrir la relación, yo estoy segura que a mí no me funcionaría. Me muero (risas). Me viene un tío a proponer esto con cara seria, creo que me desmayo del susto.

-En una columna de Hombres Elegantes decís que escribir un texto para que sea publicado no es nunca una terapia sino “una labor complicada que no está pensada para que uno se sienta mejor sino para intentar dar placer, entretener, seducir a los demás, que es uno de los objetivos más altos que existen”. ¿Dónde está la seducción en tus personajes?

-Creo que siempre hay algo en la gente que tiene tanta necesidad y deseo de ser amado, querido, aceptado, siempre hay un punto tierno. No es lo mismo -o no siempre es lo mismo- que el deseo de ser un Don Juan. El deseo de ser amado es un deseo primordial y básico. A mí me gusta mucho la gente que tiene este deseo latente, se detecta, y no se avergüenzan de él, porque me parece que lo normal cuando vamos creciendo es ir poniéndonos más capas y más capas para tapar esta vulnerabilidad extrema que en el fondo tenemos todos.

-Hay una manera de algún modo depredatoria de vivir los vínculos hoy en día, ¿qué pensás sobre eso?

-Creo que hay falta de empatía, falta ponerse en el papel del otro. Pienso que en el terreno del amor es importante comportarse con una mínima decencia. No tiene que ser nada del otro mundo: no tienes que llevar flores, regalar brillantes, pero está bien dar la cara. Hay que tener modales, incluso para el sexo, lo que no quiere decir que no puedas ser un salvaje si te divierte. Pero sí, como dices tu, de alguna forma los modales en el amor y en las relaciones sentimentales se relacionan más con esta cosa romántica, como antigua, y se han perdido. No hay cortejo, cuando el cortejo es una parte muy importante de la relación sentimental.

Yo soy muy moderna, pero sé lo importante que es: tienes que estar deseando a alguien durante semanas antes de conseguirlo. Es una parte del camino que seguramente es larga, pero es muy importante. Esto ya se ha acabado. Lo mismo que el irse alejando paulatinamente. Al cabo de dos días deciden que ya no, y no es “voy y vengo”, es adiós y nunca más, y si te he visto no me acuerdo, más bien.

-Deja una sensación de que las personas son accesorios. Me parece que es finalmente la actitud que todos criticamos (hombres, mujeres), y que no tiene que ver con la libertad...

-A la gente no se la utiliza. Esta actitud nueva de cancelar a la gente porque ha dicho esto, me indigna. Esto de cosificar a las personas es un absoluto desastre y una absoluta locura.

Busquets propone otra mirada sobre las relaciones (EFE)
Busquets propone otra mirada sobre las relaciones (EFE)

-Hicimos un doble movimiento como sociedad: tenemos más libertad, pero también nos volvimos muy restrictivos con algunas cosas, por ejemplo con esto de que un hombre no puede pagarle un trago a una mujer...

-Esto es horrible, yo quiero que me paguen todos los tragos (se ríe), que me paguen los tragos de hoy hasta el día de mi muerte, ¿verdad que sí? Esto es indignante. Hay que pagar el trago, hay que pagar la cena. Hay algunos que no lo hacen, o gente de mi edad que quiere pagar a medias. La libertad de las mujeres no dependerá de esto, de que nos paguen el vino: ¡que nos paguen el vino! (risas)

El hijo menor de Milena Busquets pasa por detrás de ella con su mochila y es captado por la cámara, durante la conversación por zoom. Vuelve del colegio, la autora interrumpe su respuesta para decirle si quiere saludar, pero no lo consigue. Al final se ríe con esa medida justa de enamoramiento y burla que despliegan las madres ante los hijos y sus desplantes.

-¿Cómo viven tus hijos el hecho de que seas escritora?

-Bueno, su abuela ya lo era, y nacieron un poco en este mundo. Yo creo que les divierte. Por un lado les parece muy normal y natural que la gente escriba porque tenemos muchos amigos periodistas y gente a la que le gusta escribir. El pequeño me lee, pero el mayor no porque no le interesa. Les hace ilusión cuando me ven contenta, y a veces me ven sufrir o pasarla mal con algo. Lo que sí está claro es que sabrán lo difícil que es escribir un libro, lo difícil que es ponerse a escribir.

-¿Alguno tiene inclinación por la escritura?

-Quizás el pequeño, pero no sé...

- Tu modelo de familia, la de tus alter egos en las novelas, es bastante poco convencional: pueden convivir en la casa de Cadaqués dos de tus ex maridos y los hijos que tuviste con ellos como en También esto pasará, y algo similar pasa en Gema...

-Sí. Esto lo puedes hacer cuando te has desvinculado amorosamente de la gente, cuando has pasado de que sean tus maridos, tus novios, tus amantes, y los has convertido en familia, y esto sí que me interesa. Me interesa mucho la transformación de los hombres a los que he amado, si es posible, y adoptarlos de otro modo en mi familia. Esto lo tenía claro desde que me separé del padre de mi hijo mayor. También es porque somos unas románticas, tu eres muy joven, pero la gente que has querido profundamente, de alguna forma te acompaña siempre, como te acompaña la gente muerta que has querido mucho.

Al padre de mi hijo mayor me costó mucho convencerle de que realmente le quiero muchísimo, me costó años. La gente esto no lo entiende, te dice: “¿Cómo me vas a querer si nos hemos separado?”. Yo creo que esto puede ser posible, pero cuando ya no estás enamorado. Cuando estás enamorado, todo esto que parece viable entre personas inteligentes, adultas y generosas, es imposible porque todo resulta muy doloroso.

-En tus libros elogiás la ligereza como una manera elegante y buena de tomarse la vida ¿Cómo es esto?

-Huir de la gravedad de la vida es imposible. En cambio puedes elegir una cierta alegría de vivir, una cierta frivolidad. Lo que podamos elegir, elijámoslo, porque de todos modos vamos a sufrir. Soy consciente de la suerte que tengo, hay casos en los que no se puede: es evidente que no vas a decirle esto a una persona de África que no tiene agua potable. Si puedo elegir, prefiero pensar que todo es festivo, que mientras no haya alguien gravemente enfermo ni pasando hambre, siento un poco el deber casi moral de intentar ser feliz y hacer felices a los demás que tengo cerca.

-¿Qué le dirías a Gema si hoy estuviese viva?

-No lo sé. Que yo no la he olvidado.

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