
La “caja roja” del fotógrafo Antoni Campañà con fotografías inéditas sobre la Guerra Civil española sale a la luz en la exposición La guerra infinita, que se exhibirá a partir del día 19 y hasta el 18 de julio en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC). Allí se descubrenlas diferentes facetas de la obra de Campañà (Arbúcies, 1906 - Sant Cugat del Vallès, 1989), poniendo el foco en las fotografías que realizó durante la Guerra Civil, fotografías que la familia encontró fortuitamente en 2018, aunque también se exhiben instantáneas de su época pictorialista o, tras la contienda, de sus trabajos para el deporte o el turismo.
Arnau Gonzàlez, comisario de la muestra junto con Toni Monné y Plàcid Garcia-Planas, ha subrayado que la exposición “sitúa por primera vez en su globalidad a Campañà como uno de los grandes nombres de la fotografía catalana y española del siglo XX y como fanático de la fotografía”.
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A través de más de 300 fotografías la muestra descubre un número importante de estas fotografías inéditas, jamás positivadas ni por el propio fotógrafo; y la mayoría de las piezas de la exposición proceden del fondo de la familia del artista, que ha decidido hacer un importante depósito al museo de 63 fotografías de la etapa pictorialista anterior a la guerra. Una parte de estos materiales se exhibe también por primera vez en la exposición.

Campañà, según Gonzàlez, se puede definir como “un fotógrafo de contrastes”, que se inició muy pronto en la fotografía y se convirtió en uno de los pictorialistas más premiados en todo el mundo. Se integró bien pronto en las corrientes estéticas de la vanguardia europea y utilizó las técnicas pigmentarias del pictorialismo pero con una mirada que bebe de la “Nueva Visión”.
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Las diagonales, los picados y unos encuadres atrevidos pasaron a ser su manera de plasmar la realidad, mirada que mantuvo durante la Guerra Civil, a pesar de que la crudeza de la realidad que le rodeaba hacía que su fotografía fuera más directa y rápida. Campañà realizó más de 5.000 fotografías durante los años de la guerra, capturando todo lo que veía en un intento de superar el trauma del conflicto a través del visor de la cámara. “Fotografió la complejidad de su tiempo sin autocensura ni concesiones a ninguna causa determinada”, subraya el comisario.

Las milicianas, los refugiados que llegan de Málaga a Barcelona en enero de 1937, las ruinas después de los bombardeos, los comedores populares, el entierro de Durruti o la exhibición de las momias de las monjas de las Salesas en el paseo de Sant Joan estuvieron bajo su objetivo. El fotógrafo no esconde nada: fotografía las iglesias víctimas de la iconoclastia y también hace retratos de libertarios tan atractivos que los mismos anarquistas harán postales con ellas; desde protestas por la falta de alimentos ante la Pedrera de Gaudí hasta soldados del Tercer Reich desfilando por la Diagonal.
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Campañà recogió escenas de la vida diaria, entre lo cotidiano y la violencia de la guerra y, finalmente, en 1939, la retirada del ejército republicano y los desfiles franquistas. Fue entonces cuando el fotógrafo decidió encerrar la guerra en una caja para intentar comenzar de nuevo, a pesar del contexto. La posguerra supuso para Antoni Campañà una adaptación traumática, y la recuperación y dedicación intensa a temas como los deportes, los paisajes o escenas de la modernidad, cuando esta empezó a llegar al país.
En la exposición se puede constatar que los dos bandos “manipularon” las fotos de Campañà en favor de su causa y “una iglesia quemada podía ser publicada en una revista católica y en un diario anarquista”.
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El recorrido finaliza con un “cóctel Campañà” formado por curiosas parejas de fotos de diferentes períodos, como la que muestra el ataúd de Durruti en 1936 bajo la estatua de Colón y otra de Franco en su visita en 1963 a Barcelona bajo el mismo monumento; la de la llegada de Tarradellas en 1977 y la de Companys en 1936 tras salir de prisión; o la de un barco soviético en el verano de 1936 y de un portaaviones norteamericano en la Guerra Fría en 1952 en el puerto de Barcelona.
Una instalación final de Jesús Galdón yuxtapone esas imágenes de la guerra con decenas de postales turísticas en color de los años del boom turístico en España, que forman parte de su etapa comercial. Un retrato de Copito de Nieve despide al visitante.
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Fuente: Efe
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