
El inicio de Ciudad dormitorio lo puedo ubicar en 2010. Con un amigo estábamos yendo a comprar cerveza, y para llegar al kiosco teníamos que cruzar una plaza; mientras lo hacíamos, me paré ahí y dije que tenía que escribir sobre ese lugar. Así apareció el escenario. Al principio pensé en usarlo para un relato corto, pero esa intención fue quedando en stand by. A mediados del 2014 la idea de la plaza me volvió a la cabeza, y en los viajes al trabajo comencé a rumiar de qué manera podía decorar aquel escenario. Imaginaba personajes, agregaba y descartaba; los ponía en diferentes situaciones… hasta que de todo ese lío apareció una situación que me resultó interesante: dos amigos dentro de un Dodge escuchando la radio y hablando, mientras fumaban y tomaban cerveza.
Esto se transformó en una historia corta, a la que llamé “Festipunk”; supuse que iba a quedar en eso, en solo un relato corto, porque es el género en el que me solía desenvolver. Casi en simultáneo, y buscando alguna otra cosa, encontré un relato mío a medio terminar sobre un programa de radio. Era un homenaje a las radios locales, ya que desde el 2002 venía haciendo programas de rock en diversas señales de FM como las que se mencionan en este relato.
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Cuando lo volví a leer supe que se complementaba con “Festipunk”. Lo trabajé pensándolo de esa manera y luego releí ambos relatos de corrido. Eso me empujó a volver sobre todas las historias y personajes que había pensado para el escenario de la plaza unos años antes. Después tomé muchas anécdotas, experiencias, situaciones que habíamos pasado con amigos en los años de transitar esos mismos lugares y las ficcionalicé de forma que fueron quedando concatenadas casi de manera natural. La historia comenzó a avanzar y cada vez me entusiasmaba más en el proceso de creación.
El método de escritura utilizado en la novela fue pensarla modularmente por bloques o capítulos, los cerraba en mi cabeza y luego me sentaba frente a la computadora a escribirlos y a terminar de darles forma. Quizás por eso el libro es tan visual, y muchos de los que lo leyeron, a lo largo del proceso de creación, sintieron que les era sencillo sentirse dentro de la historia e imaginarse la escena y los personajes. Podría decir que Ciudad dormitorio es un libro que primero lo vi y que después lo escribí.
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En la novela se pueden encontrar personajes que son jóvenes, en esa franja difusa que los separa de la adultez y las responsabilidades, gente entre veintitantos y treintipocos que viven en un barrio al sur de la ciudad de Buenos Aires, y con pequeños actos reivindican, sin saberlo, la amistad y se cuestionan sobre la vida y el sentido de la misma, y el lugar donde les tocó crecer. Todo esto cruzado por veladas de boxeo, festivales de punk en sociedades de fomento que suenan mal, boliches, radios locales y partidos del ascenso.
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