Jorge Baradit y la “democratización de la democracia” en Chile: del estallido social a una nueva Constitución

El popular historiador y candidato a constituyente por el Partido Socialista conversó con Infobae Cultura sobre lo que lo que está en juego en la elección de abril y sobre la división de las propuestas de centroizquierda e izquierda, que beneficia al oficialismo. “Tendremos una mejor Constitución pero no la que soñamos”, dijo

Jorge Baradit
Jorge Baradit

Chile es una erupción. No sólo ahora, que sufre los azotes de la pandemia, ni dentro de unos meses, que vivirá un intenso proceso democrático, sino desde hace unos años. Para empezar por algún punto cercano, hablemos de 2019. Fue en octubre cuando, tras una suba en la tarifa del transporte público de Santiago, los estudiantes se autoconvocaron y desataron una escalonada ola de protestas que se extendieron como focos a lo largo del país. El gobierno de Sebastián Piñera decretó estado de emergencia y habilitó la represión desmedida. Pero eso que muchos llamaron la gran rebelión chilena jamás cesó, el accionar de la policía tampoco. Hubo muertes, heridos y un caos generalizado que puso en jaque la estabilidad del sistema político chileno. Entonces llegó la pandemia que, lejos de matizar la erupción, la complejizó. Chile encontró una salida democrática: redactar una nueva Constitución que deje atrás la que aún rige, dictada por la dictadura de Augusto Pinochet en 1980.

El plebiscito nacional iba a ser en abril de 2020 pero, debido a la pandemia, se postergó para octubre y el resultado fue afirmativo: el país latinoamericano está debatiendo sus raíces políticas, económicas y sociales. Lo que sigue son las elecciones de convencionales constituyentes, quienes serán los representantes de la ciudadanía encargados de redactar una nueva Constitución Política de la República, como allí la llaman.

Los comicios se llevarán en la misma fecha que las elecciones municipales y de gobernadores regionales: el 11 de abril. Uno de los candidatos a constituyente por el Partido Socialista es Jorge Baradit, una figura pública por su carácter de historiador y escritor bestseller. Si bien también ha escrito ficción, su trilogía Historia secreta de Chile lo convirtió en un autor de renombre. Las continuaciones de esa saga son: La dictadura, Héroes y Héroes 2. Desde su tierra natal, a distancia, conversa con Infobae Cultura sobre el presente chileno.

Miles de manifestantes protestan en la Plaza Italia, rebautizada como Plaza de la Dignidad (Foto: EFE/Alberto Valdés)
Miles de manifestantes protestan en la Plaza Italia, rebautizada como Plaza de la Dignidad (Foto: EFE/Alberto Valdés)

—¿Cómo se está viviendo en Chile el debate por el proceso constituyente que comenzará en abril?

—El ambiente político está muy tenso. Una vez que se terminó de celebrar la unanimidad del triunfo en torno al plebiscito que aprobó con un 80% inédito la factura de una nueva constitución, aparecieron las grietas y diferencias en los intereses del grupo de oposición al gobierno de Piñera. Desgraciadamente se formaron tres grandes grupos: la izquierda, la centro izquierda y los independientes, que fragmentarán la votación frente a una derecha que va unida a defender los principios pinochetistas. Este fracaso generacional de esta cosecha de líderes políticos, incapaces de alcanzar la muy necesaria unidad de fuerzas transformadoras, impedirá que alcancen los 2/3 de mayoría en la Convención Constitucional que se requerían para modificar la Constitución sin tener que negociar con la derecha. Es un desastre.

Es importante que se sepa que nuestras tres constituciones fueron escritas luego de golpes militares por las elites gobernantes, contra un enorme pueblo inconsulto que nunca ha podido participar en la redacción de los destinos de su propio país

—Como candidato y también como historiador, ¿qué es lo que se está por definir en el terreno de las ideas?

—Nada menos que trascender la historia completa de nuestro país. Un territorio gobernado desde la colonia por una oligarquía castellano vasca dueña de los medios de producción, que generaba los abogados, los obispos, los gerentes, los generales y los presidentes; un mundo cerrado que se independizó de España y jamás permitió que la Constitución y el Estado fueran transformados para beneficio de todos. La tragedia de Allende no fue sino el capítulo extremo de una larga historia de intentos emancipadores de un pueblo feudalizado, tutelado, viviendo una democracia de mentira. Es importante que se sepa que nuestras tres constituciones fueron escritas luego de golpes militares por las elites gobernantes, contra un enorme pueblo inconsulto que nunca ha podido participar en la redacción de los destinos de su propio país. Hoy existe por primera vez la posibilidad de que ese pueblo sea consultado, para que por primera vez en la historia de Chile, la forma de nuestra sociedad responda a los deseos de todos, no solo de la oligarquía dominante.

Trilogía de "Historia secreta de Chile" de Jorge Baradit
Trilogía de "Historia secreta de Chile" de Jorge Baradit

—Muchos chilenos esperaron por décadas la reforma constitucional. ¿Existen posibilidades de que la derecha obtenga un triunfo en la elección de constituyentes y terminen conformando una Constitución heredera de la de Pinochet?

—Es muy frustrante que, debido a la impericia o a los intereses particulares de partidos que se dicen de izquierda pero actúan para su propio beneficio, veamos reducidas las posibilidades de obtener la mayoría transformadora. Es muy improbable que la derecha, que nunca ha sido mayoría en Chile, pero que se ha inventado mecanismos para verse sobrerrepresentada en el Congreso, alcance mayoría. Pero el sistema electoral D’Hondt utilizado en nuestro país puede premiar ir en un solo pacto de unidad y otorgarle una nueva sobrerrepresentación que le permita negociar muchos puntos relevantes por los que se luchó en las calles en 2019. Tendremos una mejor Constitución, pero no la que soñamos. La única forma de empeorar la situación también está en las manos de la oposición: luego de separarse en infinidad de pactos para las elecciones, el circo romano, las cuchilladas y la guerra sucia se dará solamente allí, no en la derecha que va unida. Eso dejará heridas, distanciamientos y cuentas que pueden perjudicar los acuerdos de las fuerzas transformadoras al interior de la convención constituyente.

—¿Cuáles son los principales puntos a erradicar, según su mirada, de la Constitución de Pinochet?

—La Constitución de Pinochet deja al ciudadano abandonado a su suerte. Convierte los derechos —la salud, la educación, la previsión— en negocios disponibles para quien pueda pagarlos. Cuestión que en un país donde los salarios son bajos y la clase adinerada es un porcentaje muy reducido, genera una desigualdad escandalosa. El principal punto que se enarboló durante el estallido es el de convertir al Estado de Chile, llevado al mínimo por Pinochet, en un Estado robusto capaz de entregar derechos sociales garantizados de calidad en salud, previsión y educación al menos. Un piso mínimo digno para que las personas puedan ver estas necesidades básicas resueltas y puedan dedicarse a enriquecer sus vidas en aspectos que hoy son inalcanzables para la mayoría. Esa sola transformación exige un Estado que vuelva a ser empresario, que vuelva a poder fiscalizar a la empresa privada, que pueda regular aspectos de la economía para que gire en torno a la persona y no al revés. Hoy el Estado chileno no puede hacer empresa, por lo tanto no puede ni siquiera explotar sus propios recursos naturales, administrar el agua o el transporte público, debiendo entregar todo a privados incluso cuestiones de orden estratégico. Eso también debe cambiar para robustecerlo y hacerlo capaz de responder al clamor de Chile: Dignidad para la vida de sus hijos.

Una iglesia es incendiada durante una protesta contra el gobierno, en la conmemoración del primer aniversario del estallido social, en Santiago, Chile, el 18 de octubre de 2020 (Foto: Reuters/Ivan Alvarado)
Una iglesia es incendiada durante una protesta contra el gobierno, en la conmemoración del primer aniversario del estallido social, en Santiago, Chile, el 18 de octubre de 2020 (Foto: Reuters/Ivan Alvarado)

—Sin dudas es una etapa histórica la que está atravesando Chile. ¿Cómo cree que será recordada? ¿Cómo definirán los historiadores del futuro estos años?

—Una de las pocas rebeliones populares del mundo sin líderes, sin partidos políticos u organizaciones. Una rebelión popular que tampoco busca instalar un modelo previsto por un grupo de intelectuales o uniformados de cualquier color, sino una rebelión que busca que todos los chilenos nos sentemos a conversar cuál es el modelo que todos queremos para el futuro. La democratización de una democracia que transitará desde lo representativo hacia lo directo como resultado de una decisión propia, sin caudillos ni intermediarios. Chile se dará su propia idea de democracia.

—Última pregunta: ¿cómo está viendo la gestión del presidente Piñera y el manejo que está haciendo de la pandemia?

—Errática y dubitativa como la de casi todo el mundo, pero con un factor adicional: ha buscado proteger mucho más a la industria y la empresa que a los ciudadanos, que han debido echar mano a sus propios ahorros previsionales para subsistir, demostrando de paso el fracaso más evidente de un modelo de Estado incapaz de proteger a su población. Quizá el estallido social y esta pandemia hagan realidad un grito que surgió durante nuestra Rebelión popular: “Chile, el lugar donde nació el neoliberalismo, será también su tumba”.


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