
La Frida Kahlo de la India. Esa etiqueta le pusieron a Amrita Sher-Gil. Nació en Budapest, Hungría un día como hoy, 30 de enero, pero de 1913. Su padre, Umrao Singh Majitha, era un aristócrata punjabí sikh especialista en sánscrito y su madre, Marie Antoinette Gottesmann, era una cantante de ópera húngara-judía. De ese cóctel nació la pintora más importante del siglo XX de la India.
Varias cosas para destacar: es la única asiática que formó parte del Gran Salón de París y su legado sólo puede ser comparado con los maestros del Renacimiento Bengalí. De ella hay muchas fotos porque su padre era un fotógrafo amateur. La adoraba, entonces siempre le pedía que pose para su cámara. Ella aceptaba y dejaba su mirada impregnaba en cada postal.
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Nació en Budapest, luego vivió en Dunaharaszti y en 1921 se mudó con su familia a Shimla, al norte de la India, donde el arte empezó a calar en su cuerpo. Su madre se fue a Italia, entonces se fue con ella. Allí estudió en el Colegio Santa Anunciata, donde se sumergió en la pintura clásica. La expulsaron por declararse atea. En 1927 volvió a la India ya sabiendo lo que quería ser: pintora.

Amrita Sher-Gil no era una chica que podía quedarse quiera. Se fue a París, a la Académie de la Grande Chaumière, donde fue alumna de Lucien Simon y Pierre Vaillana, después a la École des Beaux-Arts. Comenzó a pintar con óleo inspirada en el realismo francés de la época y se volvió una admiradora de la pintora Suzanne Valadon: adoraba cómo representaba a las mujeres, empezó a hacer lo mismo.
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Luego de aprender por años de los mejores, regresa a la India a desarrollar su estilo y pintar postales de escenas callejeras del sur, por ejemplo. Entonces se da la fusión entre el estilo europeo y el indio, una combinación fascinante para la época. Al año de su regreso pinta la obra que aquí presentamos: Tres chicas, un óleo sobre lienzo de 1935 que se está en la Galería Nacional de Arte Moderno de Nueva Delhi, India.
También llamada “Grupo de las tres chicas”, la pintura ganó la medalla de oro en la exposición anual de la Sociedad de Arte de Bombay en 1937. La interpretación de la crítica fue esta: “tres mujeres vestidas de colores vivos contemplando un destino que no pueden cambiar”. No están alegres, tampoco erotizadas, es una representación dramática, es una obra llena de fuerza y silencio.
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“Realicé mi verdadera misión artística, interpretar pictóricamente la vida de los indios y particularmente de los indios pobres, pintar esas imágenes mudas de infinita sumisión y paciencia, reproducir en el lienzo la impresión que esos ojos tristes me dejaron”, escribió Sher-Gil sobre el objetivo de su obra en general, y de Tres chicas en particular.
Sobre Sher-Gil escribió Bárbara Pistoia: “Con los años fue abrazando los ideales comunistas primero, profundizando en el socialismo a medida que su experiencia artística se amplificaba. De esta forma se convirtió en la voz representativa de artesanos y artistas locales, lo que la hizo ganar el título mediático de ‘loba comunista con ropa británica’”.
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En 1937 volvió a Hungría, se casó con su primo Víctor Egan, con quien regresó a la India en 1939, a un pequeño pueblo llamado Saraya. Cuatro años después se mudó con su esposo a Lahore, actual Pakistán, donde abrió un taller de pintura. Estaba por inaugurar su primera exposición individual cuando murió. Fue en 1941 a los 28 años. Se cree que fue por un aborto que le provocó peritonitis, pero nada de esto está claro.
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