El mundo del espectáculo argentino despidió a Leandro Rud, el empresario que durante años representó a algunas de las figuras más reconocidas de la televisión local y que luego se convirtió en conductor. Murió a los 51 años tras diez años de lucha contra un cáncer de glándulas salivales con metástasis en huesos, hígado y esófago. Meses antes de su muerte, el 26 de marzo de 2026, había dado una entrevista en Puro Show (El Trece) en la que habló con una franqueza que pocos se permiten: sobre su enfermedad, sobre su vida cotidiana y sobre un sistema de salud que, según describió, abandona a los pacientes oncológicos a su suerte.
“Es bastante jodido vivir diez años con un cáncer para ocuparte y ver la vida de otra persona”, dijo en ese programa. La frase resumía una década de tratamientos, recaídas y una pelea que no era solo médica, sino también judicial y burocrática. Su diagnóstico inicial fue un cáncer de glándulas salivales, un tipo que en el 98% de los casos es benigno y para el cual no existe medicación específica. Esa rareza lo dejó en un limbo terapéutico desde el principio: los médicos debieron buscar tratamientos diseñados para otros tipos de cáncer que pudieran funcionar en su caso. Durante tres años estuvo estable con una medicación que su equipo oncológico había logrado adaptar. Pero en diciembre de 2025 llegó la recaída.
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“No resultó”, explicó sobre ese último tratamiento. La enfermedad se había extendido al hígado, al esófago y a varios huesos. “No es joda”, subrayó, aunque aclaró que seguía haciendo deportes y llevando una vida activa. Su equipo médico lo integraban cuatro profesionales: los oncólogos Daniel Campos y De Cristófaro —quien hasta hacía poco había sido jefe de oncología del Hospital Roffo— y los médicos Ramiro Heredia y Nicolás González. El tratamiento se hacía una o dos veces por semana en el sanatorio Finochietto.
En ese contexto, la medicación que su equipo consideraba la única opción viable se convirtió en el centro de una batalla legal. El fármaco estaba aprobado por la FDA en Estados Unidos para cáncer de mama y otros tipos, pero el ANMAT no lo había autorizado para su caso particular. Dos oncólogos de primera línea lo avalaron por escrito como el tratamiento indicado, pero la obra social se negó a cubrirlo.
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“No me lo autorizan a mí porque mi cáncer es muy raro de glándulas salivales. Pero dos oncólogos de primera línea, que son de los más importantes de Argentina, dijeron que ese es el tratamiento a seguir”, explicó en la entrevista.
Desde su programa en C5N, los domingos a las 24 horas, llevaba médicos como invitados y abría el micrófono a pacientes oncológicos de todo el país. Lo que recibía a cambio lo perturbaba: “Me llegan muchísimos mensajes. Al margen de lo mío, es terrible lo que está pasando con la gente que tiene problemas oncológicos que no les llega la medicación. Y la gente dice: ‘Nos quieren muertos. Nos quieren muertos’.”
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Describió un patrón que se repetía: obras sociales y prepagas que demoraban autorizaciones, que recetaban medicamentos más baratos en lugar de los clínicamente indicados, que dejaban a los pacientes sin respuesta hasta que se rendían. “A la gente que no tiene ninguna posibilidad, no le llegan los remedios oncológicos o le recetan un remedio mucho más barato para que no tengan gastos, y la gente en un momento se tira en la cama y no se levanta más”, afirmó.
Y luego se permitió una confesión que rompía con el tono combativo que había sostenido durante toda la charla: “Yo hoy no sé dónde estoy parado. Por ahí yo tengo alguna posibilidad económica más que mucha gente, pero lo que yo te estoy diciendo es que esto es una porquería. Acá te morís como nada y no le importa a nadie.”
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Fuera de los estudios, su vida transcurría entre el campo y sus perros. “Yo lo único que trato hoy es levantar perros de la calle, estar con mis perros, irme al campo, quedarme ahí, seguir mi tratamiento. La verdad que no la paso bien. Es imposible vivir así todo el tiempo”, dijo. Pero también dejó en claro que esa dificultad no lo había doblegado: “Yo sigo luchando porque tengo ganas de vivir. Y porque quiero vivir y quiero ayudar a toda la gente que no recibe su medicación.”
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