Manuel Vilas (EFE)
Manuel Vilas (EFE)

Doce años atrás, el escritor español Manuel Vilas irrumpió en el ambiente literario argentino con la novela España (Mansalva). No era su primer libro; de hecho, llevaba varios años publicando poesía y ensayo en su país. Pero con aquella novela, que en su momento fue muy promovida por Fogwill, su nombre comenzó a circular como una clave entre los lectores de América latina. Desde entonces, cada libro de Vilas se volvió un suceso en la agenda editorial.

Después de España llegaron Los inmortales y El luminoso regalo —que lo trajo a una gira por Sudamérica; en Argentina visitó Buenos Aires, Córdoba y Rosario—, Lou Reed era español y Ordesa, una novela que tuvo una gran reseña muy elogiosa de Juan José Millás.

Su nueva novela, Alegría, terminó finalista del Premio Planeta —el ganador fue Javier Cercas—. Alegría retoma en parte el tema de Ordesa, pero como su contracara. Si en aquella, el tema era el duelo y la pérdida, en esta la trama habla de cómo el tiempo transforma la memoria y el dolor. “Todo aquello que amamos y perdimos”, dice al comienzo, “que amamos muchísimo, que amamos sin saber que un día nos sería hurtado, todo aquello que, tras su pérdida, no pudo destruirnos, y bien que insistió con fuerzas sobrenaturales y buscó nuestra ruina con crueldad y empeño, acaba, tarde o temprano, convertido en alegría”.

Esta semana, en el marco del ciclo “Los libros permanecen abiertos” que coorganizan Infobae y el Grupo Editorial Planeta, Manuel Vilas participó en una entrevista que pudo verse en vivo en las redes de Infobae, en la que habló de esta novela y de cómo la pandemia del coronavirus necesariamente va a terminar afectando la vida y la literatura.

"Alegría", de Manuel Vilas (Planeta)

¿Por qué escribir sobre la alegría?

—La felicidad es un sentimiento muy demandado y goza de mucha popularidad, sobre todo en las redes sociales. Pero la alegría me interesa más. Es un sentimiento que se genera tras la experiencia de la vida. Es más primitiva, más atávica, menos circunstancial que la felicidad. Concibo a la literatura como una representación inteligente de la vida y, si la vida tiene este sentimiento biológico natural de la alegría, pensé una novela con este sentimiento como protagonista. La alegría como una síntesis de la existencia humana. La alegría obliga a la supervivencia y ahora, que estamos en confinamiento debido al coronavirus, me afirmo más en su efectividad, porque es lo que nos va a proteger, lo que nos va a ayudar a salir adelante.

¿Hablar de alegría en medio de la pandemia no es una provocación?

—No, porque tal como la concibo en el libro, es una alegría conquistada desde el dolor. No es un sentimiento de frivolidad. El narrador de Alegría ha sufrido en la vida, conoce la adversidad, la desgracia, el dolor, y, aún así, desde el conocimiento íntimo y devastador del dolor, apuesta por la alegría. Mi obligación con la vida es la afirmación de la misma, y esa afirmación se produce a través del sentimiento de la alegría, que se alcanza desde la voluntad de querer vivir.

Quería preguntarle por la frase inicial de la novela: esa idea de que lo que produjo dolor vuelve como alegría.

—Cuando ya estás en la madurez de la vida, contemplas la memoria de una manera misteriosa y te das cuenta de que todo lo que has vivido, aún cuando haya habido mucho dolor, vuelve al presente convertido en alegría. Ese es uno de los grandes misterios de la vida y tiene que ver con la edad madura. Es una sensación muy hermosa. Es un pacto, una negociación que has hecho con la vida. Yo soy un vitalista y en mis novelas, tanto Ordesa como Alegría, hay una gran carga dramática y dolorosa, pero también en la vida hay cargas dramáticas y dolorosas, y tenemos la obligación y el derecho de seguir adelante. Esa es la épica que intento plasmar en las novelas. El narrador de Alegría tiene un antagonista que dice que la vida no tiene sentido, que la vida está vacía, que solo hay dolor y adversidad, y, pese a eso, el narrador sale adelante y lo hace con las armas de la alegría y del amor.

Estos dos personajes parecen moverse en el plano del existencialismo, pero dando respuestas distintas.

—La vida siempre tiene sentido. Me gusta el existencialismo que indaga qué demonios estamos haciendo en este mundo y qué finalidad tenemos. Pero si la conclusión ha de ser la negación de la vida, me aparto. Una cosa es preguntarse por la existencia y otra negarla. Ese fue un mensaje histórico del existencialismo que ya no tiene vigencia. Sería el paso que va del existencialismo al nihilismo. Mis novelas son existenciales, pero siempre apuntan a que la vida es grandiosa, es maravillosa y te da plenitud pese a la adversidad.

Manuel Vilas entrevistado vía streaming por Patricio Zunini
Manuel Vilas entrevistado vía streaming por Patricio Zunini

¿Alegría puede considerarse como un libro de memorias o es autoficción?

—Mis novelas tienen más componente de autobiografía que de autoficción. Yo me inspiro en mi vida, me cuesta narrar algo que no haya vivido en carne propia porque tengo la sensación de que no es auténtico. Ahí es donde me aparto de lo autoficcional, porque eso está concebido como un juego literario y a mí no me interesa el juego, me interesa la autenticidad.

¿Cómo opera el tiempo para tamizar aquel pasado doloroso y que vuelva como alegría?

—El tiempo es una de las experiencias más importantes de la vida. Además, hay una cuestión que el narrador de Alegría dice: un hombre o una mujer no es siempre el mismo. Nos llamamos igual a los 20 años que a los 30, 40 y 50, pero no somos la misma persona. Si te miras en fotos de cuando tenías 15 ves que ya no eres ese. Incluso si intentas recordar cómo pensabas hace 10 o 20 años no consigues encontrarte a ti mismo. Es uno de los procesos más misteriosos y es una intriga que toda identidad humana lleva adentro. Son cambios producidos por la experiencia de la vida, y la literatura los explora mucho. Desde Proust hasta la actualidad, hay un montón de novelas obsesionadas por plasmar el misterio del paso del tiempo y que hace que la vida cambie al punto de que una persona lleve dentro todas las personas que ha sido.

La literatura escribe el pasado y se lee en el presente. ¿Piensa en el futuro? ¿Cómo se escribe mirando al futuro?

Es una pregunta muy difícil de contestar. Un escritor tiene las armas del presente porque lo contempla y las del pasado porque lo ha contemplado. Lo que estoy escribiendo ahora está influido por el coronavirus y la pregunta por el futuro es verdaderamente terrible. Estamos ante un fenómeno planetario en el que cualquier idea de futuro va a estar bajo la influencia de la pandemia. La vida va a cambiar después de la pandemia. Veo una incapacidad lingüística y narrativa para reflejar la angustia de las circunstancias que estamos viviendo. Mi obsesión es averiguar el relato de lo que estamos viviendo.

¿El pasado se va a mirar con nostalgia, con tristeza? ¿Cómo vamos a mirar al mundo anterior al 2020?

—En eso estoy metido yo. Hay dos posibilidades, aunque nadie sabe cómo será la vida. Si el estado de emergencia sanitaria se va a producir cada cierto tiempo, esto hará que veamos los años anteriores a la pandemia como una época dorada, una época de grandeza como antes de la segunda Guerra Mundial. En ese caso, el sentimiento dominante será el de la nostalgia. Si finalmente se encuentra la vacuna y volvemos a un mundo como el que era antes, esto será una pesadilla, pero aún así, evidentemente, será importante su recuerdo. Todos los gobiernos apuestan a que esto sea una pesadilla y no va a ser un acontecimiento definitivo que va a cambiar la estructura de la vida.

Manuel Vilas
Manuel Vilas

Habla del pasado idílico y pienso en El gran Gatsby.

—Esa novela sería ideal: sería el recuerdo de la edad de oro. Viviendo un presente miserable y recordando con nostalgia cuando no era así. Nadie puede decir cuándo se volverá a la vida antes de la pandemia; a la vida tal como la hemos conocido.

En este nuevo mundo, ¿cuál va a ser el rol de la literatura?

—La literatura se va a tener que reinventar. La crisis que están avisando en el sector de la cultura va a ser terrible. En estos momentos, los escritores en todos los países estamos haciendo encuentros telemáticos. Habitualmente yo hago clubes de lecturas y no sé cuándo se van a poder retomar los clubes de lectura en situación normal. Si esto sigue así, va a haber una literatura de la angustia y una de la edad de oro, como la literatura del siglo XVII que tenía la Arcadia dorada.

¿Pudo escribir en estas semanas de confinamiento?

—Pese a que un escritor conoce el ámbito de estar en casa, hay un problema fundamental: un escritor elige quedarse en casa escribiendo, pero aquí no hay elección, hay un confinamiento impuesto. Además, cuando uno escribe, la literatura invoca a la vida, y en estos momentos la vida no está completa. Hay una operación en el artificio literario que es de ida y vuelta: tú representas la vida en la novela y esa representación se la devuelves a la vida. Pero ahora no puedes devolver nada porque la vida está degradada. Se va a notar en la relación del escritor con su propia obra.

En el mundo que venga después de la pandemia, ¿va a haber lugar para la alegría?

—Soy optimista. Confío en la fuerza de la vida tocando el corazón de los seres humanos. Va a ser una tarea de la gente joven, de los que tienen 17 o 18 años, rescatar la alegría en los tiempos venideros. Yo pienso que se luchará por volver a espacios de esperanza, alegría. Donde la vida sea plena.

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