La novela El extranjero marcó a generaciones y generaciones de lectores que se preguntaron sobre el absurdo de la existencia al recorrer sus páginas. Escrita en 1942 por Albert Camus, comienza con esas frases que pertenecen al imaginario literario de los tiempos: "Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé". Así comenzará el derrotero de Mersault, el protagonista, que se encuentra frente a la muerte y a la intimidad de ella, tan gigante, pero que pasa desapercibida por el mundo social. En cierto momento, en la playa argelina, y sin tener una razón personal para hacerlo, Mersault mata a un árabe.

Jacques Ferrandez es un dibujante y novelista gráfico que llegó al país para exponer en la Biblioteca Nacional sus versiones de la novela, durante una serie de homenajes que se le rindieron a Camus días atrás a propósito de los 70 años de la visita del escritor a la Argentina. Infobae Cultura conversó con Ferrandez.

–Usted nació en Argelia, como Camus

–Sí, nací en Argelia.

–El existencialismo, del que se dice que El extranjero fue uno de sus fenómenos literarios, influyó no sólo intelectualmente en una generación, sino en una forma de ver la vida.

–Desde su aparición, su influencia no sólo se sintió en su generación sino también en las generaciones venideras y les sigue hablando a las generaciones de hoy. Hay un enigma en esta novela que concierne a la actitud y la forma de vida de Mersault, que es una persona que no quiere comportarse de acuerdo a las reglas sociales. Y que se pregunta por qué estoy acá, qué hago yo acá. Camus a los 17 años se entera de que tenía tuberculosis. En aquella época la tuberculosis no dejaba muchas esperanzas de vida. Rápido se dio cuenta de la ausencia de vida, de la cortedad de la vida y de lo absurdo de todo.

–Y la ausencia de Dios.

–El tiene una disputa con el representante de la iglesia en la cárcel, que es el único momento en el que se Mersault se rebela. No sé si está la ausencia de dios, pero sí la presencia de una ética.

–Camus escribe previamente al movimiento de la juventud del mayo del 68.

–Sí, publica la novela en el 1942. Era una época en la que estaba el sistema colonial. En la historia, Mersault mata a un árabe, un árabe que no tiene nombre. Pasa a representar al otro, a la alteridad. Es el otro que también uno tiene adentro, porque hay una cuestión especular cuando mata al árabe en la playa: es como si se matase a sí mismo. Y es lo que va a ocurrir cuando lo condenen a muerte.

Albert Camus
Albert Camus

–El Estado francés asesinaba árabes durante la revolución argelina. Hubo momentos de una escuela de tortura francesa muy fuertes. ¿Tendrá que ver con la eliminación de esa alteridad que señalaba en Camus?

–Creo que en 1942 no se planteaba con la misma fuerza la situación colonial respecto a los argelinos y por eso este libro tiene una dimensión que lo excede ampliamente. El extranjero es un extranjero respecto al otro y a sí mismo y por eso sobrepasa el contexto colonial.

–¿Cuándo fue usted a Francia?

–Yo tenía un año, pero mi familia pertenecía a la comunidad francesa en Argelia, a pesar de tener un apellido español, como hicieron los españoles, italianos, judíos y malteses. En mi familia se sentían franceses. Mis abuelos combatieron en la Primera Guerra Mundial con el uniforme francés. Antes de la independencia había un millón de franceses que incluían estas comunidades y nueve millones de argelinos, que comprendían a los bereberes, kamiles y musulmanes. El conflicto hizo que los franceses se vieran obligados a abandonar Argelia. Camus murió dos años antes de la independencia oficial de Argelia. Camus se sentía un francés argelino cuyos ancestros habían llegado a Argelia y él defendía la idea de que todos podían vivir en un sistema de igualdad. Esto era antes de la independencia. Camus fue expulsado del Partido Comunista porque tenía relaciones más progresistas respecto a la cuestión argelina. Es para mí difícil determinar cuánto influyó la relación colonial en El extranjero.

Albert Camus (1913-1960). AFP PHOTO
Albert Camus (1913-1960). AFP PHOTO

–¿No era embrionaria la independencia?

–La gran fractura fue cuando grandes manifestaciones argelinas fueron reprimidas por el Estado francés.

–¿Usted vio La batalla de Argelia, la película de Gillo Pontecorvo? ¿Como argelino francés, qué le produce?

–Fue mucho tiempo censurada. Filmada en 1965, antes de los 80 o 90 era muy difícil verla. No la pasaban por la televisión, en pocas salas. Cuando la empezaron a pasar en cine había alertas por bombas. Y no es una película maniquea. A pesar de que haya sido dictada por la propaganda argelina y que fuera protagonizada por algunos militantes del FLN, quienes permitieron a Gillo Pontecorvo filmar en Argel. Se ve en algunas escenas como atentados ciegos justo antes de un atentado, o cuando un grupo de niños asesinan a un colaboracionista. También muestra el comportamiento no caricaturesco del paracaidista francés, que dice que es la guerra, que hay que ganar.

–La situación colonial, ¿se conserva en la memoria?

–No ha sido olvidada. Hay hijos de dos, tres o cuatro generaciones que vienen de Argelia. Hay mucha gente con recuerdos que son difíciles de reconciliar.

–¿Qué piensa de la derecha extrema que dice que árabes encarnan un peligro?

–Es un camino peligroso, el de enfrentar a los unos con los otros. En mis libros hablo sobre lo que se puede hacer juntos y sin separarnos.

–Hubo un polémica en Francia sobre el uso del velo en las escuelas con Jacques Chirac y más recientemente las burkinis fueron objeto de polémica. Si en los estados musulmanes el uso de estas prendas es opresivo, ¿no lo es la prohibición en uno democrático?

–Escucho a mis amigos argelinos que viven en Argelia. La religión ha cobrado mucha importancia. Las presas argelinas que participaron en la lucha de liberación obligaban a las mujeres a usar el velo. No usar el velo para ellas es un acto de resistencia.

–¿Pero puede el Estado obligarlas a no usarlo?

–Lo que hace el Estado es reglamentar el uso de signos religiosos en lugares públicos. Es algo que conservamos en términos de libertad.

 

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