#VivaLaNoFicción: los elegidos de diciembre

Crónica, memorias, diarios, biografías, crítica literaria, gastronomía, textos deportivos, musicales y mucho más: comentarios y recomendaciones de títulos valiosos de reciente aparición

La no ficción es un género amplio. Excede a la crónica periodística y al ensayo académico. Puede incluir investigaciones históricas, memorias, diarios, biografías, libros de gastronomía, de crítica literaria, textos deportivos o musicales, entre muchos otros. A partir de hoy, una vez por mes Infobae Cultura acercará comentarios y recomendaciones de algunos de los títulos más valiosos de reciente aparición de este panorama rico y ecléctico.

OBRAS, de Edouard Levé. (Eterna Cadencia)

Un libro catálogo, un libro lista, un libro río. Un gran inventario artístico. Los talentos de Levé eran múltiples. Se dedicó con éxito unos años a la pintura, además ser fotógrafo y de escribir cuatro libros. Eterna Cadencia está a punto de completar la publicación de su obra narrativa. Sólo falta Journal (que, según se anuncia en la solapa, aparecerá en breve). Suicidio y Autorretrato son sus otros dos libros que comparten algunas características con éste. Al igual que Obras, parecen leerse rápido pero exigen una lectura lenta. No muy abundantes en páginas, sus cortos párrafos son intensos, asfixiantes, y requieren una especie de digestión pausada.

Aquí Levé crea (planta, propone, sueña, desea) 533 obras. El plan del libro está descripto a la perfección en la primera entrada (quizá la única de estas obras que finalmente concretó): "1. Un libro describe obras que su autor imaginó, pero que no ha realizado".

Cada propuesta debe saborearse, merece que el lector se detenga y la imagine. Entre estas propuestas hay instalaciones, pinturas, fotografías, libros, películas, videos, performances y actividades inclasificables. Es un rompecabezas de más de quinientas piezas que conforman un mapa preciso y perfecto de un ideario y de una visión artística que no tiene nada de complaciente, que siempre es imaginativa y algo desafiante. La enumeración puede resultar arbitraria a primera vista pero cada entrada está ligada a las demás por un hilo casi invisible pero sólido e indestructible.

En estos proyectos se filtran (¿o se reflejan?), naturalmente, las presunciones del autor, sus gustos, ideas, reflexiones, sueños, deseos, convicciones, afirmaciones, creencias, observaciones, costumbres, obsesiones, recuerdos, manías, contradicciones y perplejidades.
La traducción fluye y es armoniosa, tiene ritmo a pesar de ser un texto inventario. No es de extrañar: siempre que Matías Battistón está involucrado sucede lo mismo. No hay libro malo en el cual él sea el traductor o cuya la edición haya quedado a su cargo. En este caso parece tener como principio rector una frase que Levé escribió en otro de sus libros: "Intento escribir en un lenguaje que no se vea alterado ni por la traducción ni por el paso del tiempo". Hay una musicalidad evidente en cada entrada y el texto adquiere, rápidamente, un ritmo danzarín.

Obras es, a su manera, un libro autobiográfico. Resume una vida artística, un mundo creativo denso e intenso.

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LA ESCENA DOCUMENTAL, de Sergio Wolf (Monte Hermoso Ediciones)

Sergio Wolf es director de documentales, crítico especializado y, también fue director del Bafici unos años. Hace casi dos décadas publicó un libro, que ya es un modesto e inhallable clásico, sobre las traslaciones de las obras literarias al cine. La escena documental aparece en simultáneo con el estreno de su última película: Esto no es un golpe, un notable documental que cuenta la historia del primer levantamiento carapintada, aquel de Semana Santa de 1987, el de "La casa está en orden" y el de "Felices Pascuas".

La escena documental logra ser, en apenas 150 páginas, muchas cosas a la vez. Es un diario de rodaje, es un tratado sobre el cine documental, una indagación sobre los problemas prácticos y éticos que enfrenta quien cuenta un episodio histórico, un thriller político con un gran villano: Aldo Rico. Tiene algo de western representado en ese enfrentamiento entre el villano y el autor, y es hasta un cuento de fantasmas (como escribe el autor: "Todo documental es un cuento de fantasmas si se lo piensa bien").

La manera en que está construido este antagonista es ejemplar: hasta podría afirmarse que el Rico de Wolf tiene más matices que el real. Sus vaivenes, contradicciones, amagues y bravuconadas alimentan el suspenso hasta las últimas páginas. Rico sigue manteniendo sus viejos vicios. Esa pasión por el verticalismo, por imponer su parecer, manejarse caprichosamente, manipulando a su interlocutor, callando, mintiendo, acomodando los hechos a su antojo. Un entrevistado poco dócil.

En ese tira y afloje que tiene el director con los carapintadas envejecidos se cifran los principales problemas de toda investigación histórica -no sólo del documental. Él sabe qué necesita su película, cuál es la escena que busca pero no puede recurrir a métodos espurios, al engaño a los entrevistados (aunque algunos de estos no cuenten con la nobleza como principal rasgo). Wolf lucha contra la pulsión por filmarlo todo, por pasar los límites. La ética se impone. Dice el autor: "Si el cineasta tiene algún deber es el de hacer la mejor película que pueda, entendiendo la palabra 'mejor' en sus distintos sentidos y no sólo el estético, sino también, y casi equivalente, en el sentido ético".

La Escena documental es mucho más que la interesante trastienda de un rodaje; esta indagación de los modos de contar es un estudio exhaustivo sobre los límites de la narración histórica. Con un mismo tema, en dos lenguajes diferentes -el literario y el cinematográfico-, Sergio Wolf pergeñó dos grandes obras que se complementan.

Una mención final para quien editó el texto. Una apuesta valiente, no segura pero inteligente. Monte Hermoso es una joven editorial independiente que, por el momento, viene invicta. Todos sus libros, con tapas discretas y elegantes, son excelentes. Hay ensayos de Cozarinsky, de Willa Carther, los escritos de cine de Jonathan Rosenbaum y éste. Un catálogo sólido y promisorio.

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CORREO LITERARIO, de Wislawa Szymborska. (Nórdica)

Este año no hubo Premio Nobel de Literatura. Los efectos del #MeToo llegaron a la Academia Sueca y un abusador y las terribles consecuencias de sus actos pusieron el premio en stand by hasta que se reconstruya la Academia. Durante más de dos décadas el Premio mantuvo en vilo a los argentinos. Era nuestro mundial de fútbol anual. Se esperaba ese primer jueves de octubre con ansiedad pero los suecos honraban año tras año su tradición de ignorar a Borges.

Así, salvo en el caso de García Márquez, en diarios, revistas y radios se multiplicaban los párrafos indignados contra los favorecidos. No había presunción de inocencia. Se criticaba (sin haberlos leído, sin siquiera haber oído de ellos antes) a maestros como Saúl Bellow, Czeslaw Mislosz, Elias Canetti, Samuel Beckett o Eugene Montale.

Siempre discutido, este premio tiene, en ocasiones, una ventaja indiscutible. Da a conocer y pone al alcance la obra de escritores en los que nunca hubiéramos reparado de otro modo. Algunos ejemplos: la formidable periodista bielorrusa Svetlana Aleksievich con sus libros de historia oral, el sueco Thomas Tranströmer o el poeta irlandés Seamus Heaney. Tal vez, el mayor descubrimiento que le debamos los lectores en las últimas décadas a la Academia Sueca sea el de Wislawa Szymborska. Hace ya unos años, el Fondo de Cultura Económica hizo circular una compilación de sus poemas. Quien los lea quedará hechizado bajo el influjo entrañable e irónico de Wislawa (aunque uno se pregunte siempre qué es lo que está leyendo, qué queda de la musicalidad de sus poesías en el traspaso del polaco al castellano).

En este libro se compilan las respuestas que la poeta brindaba desde el correo de una revista literaria polaca en los años sesenta. Jóvenes poetas y cuentistas enviaban sus (prematuras) obras para que fueran analizadas por los directores de la revista. Wislawa responde casi con impiedad pero siempre con ese tono zumbón, alegre, ese encanto lleno de delicada alegría. Con mucho humor. Pero nada de ese tono le impide afirmar (casi en cada línea) que la literatura es un asunto serio. Que hay que trabajar mucho, escribir mucho y fracasar mucho. Por eso, que estos intentos juveniles que ella recibía en su escritorio no fueran buenos, que se situaran lejos de la buena literatura no le parecía grave, lo consideraba natural. Pero cada escritor debía ser consciente de sus falencias, debían saber que estaban lejos de sus objetivos (quién no lo está cuando se trata de escritura).

El libro se abre con una entrevista que le realizó la compiladora en el año 2000. Allí explica los motivos de sus respuestas, la falta de maquillaje para expresar su disgusto con los escritos recibidos. Cree que es su deber decir la verdad, que esa es la única manera en que los aspirantes a escritores puedan saber dónde están parados y mejorar. Este volumen es, en cierta medida, un riguroso e inclemente taller literario.

Para Szymborska la literatura es importante: es su vida. Alguna vez escribió: "Soy una persona anticuada que cree que leer libros es el pasatiempo más hermoso que la humanidad ha creado". Amaba los libros. Es por eso que sus consejos, opiniones, puntos de vista no se podían permitir el maquillaje amable, la mentira piadosa. Piensa que el de escribir es un trabajo duro, acumulativo, paciente pero que se debe partir de un requisito previo indispensable: el talento. Y eso, sostiene, se tiene o no se tiene: imposible adquirirlo.

A un flamante poeta lo manda a enamorarse en prosa, a otro le pide la dirección de un célebre cuentista polaco para mandarle el 80% del pago porque ese es el porcentaje del cuento que plagió quien mandó la carta, a otro le sugiere que sus poemas a lo sumo son para leérselos a sus invitados y eso sólo si son muy pacientes

Los desplantes que les hace a los aspirantes son olímpicos. Podría citarse cada una de sus respuestas. Elijamos al azar. A un flamante poeta lo manda a enamorarse en prosa, a otro le pide la dirección de un célebre cuentista polaco para mandarle el 80% del pago porque ese es el porcentaje del cuento que plagió quien mandó la carta, a otro le sugiere que sus poemas a lo sumo son para leérselos a sus invitados y eso sólo si son muy pacientes. Un joven envió su escrito con la aclaración de que corrigieran todo lo que les parezca. Wislawa le contesta que por suerte no era atleta porque sino mandaría una misiva al Comité Olímpico Polaco diciendo: "Quiero una medalla dorada, ¿pueden entrenar por mí?".

Este Correo Literario completa el perfil de esta entrañable poeta y refuerza la imagen de una apasionada por la literatura. Si todo esto no lo convenció, juguemos la última carta en favor de Wislawa Zsymborska. Es autora de una de las frases más extraordinarias de las últimas décadas, una frase que vendría bien tener más presente (y no sólo en lo que a literatura se refiere): "Estimo altamente estas dos pequeñas palabras: no sé".

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EN BUSCA DE AQUEL SONIDO: MI MÚSICA, MI VIDA, de Ennio MorriconeConversaciones con Alessandro De Rosa. (Malpaso)

Hay un género imbatible. Y no hablamos sólo de libros. Los ejemplos son varios: los programas del ciclo Inside Actor's Studio, las largas entrevistas de Playboy, varios documentales televisivos o las compilaciones de las conversaciones de The Paris Review con escritores célebres. Pocos formatos más atractivos que alguien que sabe lo que hace hablando de su oficio. Para el mundo editorial, también debe decirse, pocos formatos resultan menos exitosos. Son libros que, aún en momentos de un mercado editorial menos depreciado que el actual, venden pocos ejemplares.

Sin embargo, seguir a un creador en su trayectoria, narrando cómo fue creando su mundo, cómo se fue forjando su tono, de qué manera se relacionó con su época y sus contemporáneos, cómo superó las etapas en baja, en qué circunstancia pergeñó sus principales obras es sumamente tentador. Lo que se desprende de este tipo de libros en primera instancia, el componente común en todos los casos, es la pasión y el amor que tienen estos artistas por lo que hacen. Ese es el verdadero rasgo distintivo. Luego entran en juego el genio, la elocuencia del entrevistado, su sinceridad y la habilidad del entrevistador para penetrar en el mundo de su interlocutor.

En este caso, Ennio Morricone cuenta cómo urdió su carrera musical, su ingreso al mundo de cine, cómo compuso sus mayores obras, su relación con la música. Los chismosos saldrán desilusionados de estas páginas. No hay detalles íntimos, ni romances ni secretos de alcoba develados de celebridades. Sin embargo la sucesión de nombres es extraordinaria: Sergio Leone, Pasolini, Tarantino, Mallick, Tornatore, Warren Beatty, De Palma, Almodovar. Genera la ilusión de que Morricone ha trabajado con todos los grandes directores del mundo. Lo que sí se puede afirmar es que todos los directores han querido trabajar con él.

Sin hablar mal de nadie, el músico expresa con quien se sintió más cómodo para trabajar y con quiénes no. Revela su método de trabajo, recorre película a película en un trayecto que resulta apasionante. Para los conocedores de música, hay pentagramas desparramados por las páginas que ilustran y precisan las explicaciones de Morricone. Pero quien no sepa leer música no queda afuera del libro.

Alessandro de Rosa, también músico y quien llevó adelante la obra, es gran responsable del brillo del texto. No sólo por haber promovido el proyecto e insistido a Morricone para que se sentara a conversar sino porque ha entendido su papel a la perfección. Funciona de médium: sólo es un intermediario, un canal para que llegue el mensaje del artista. Sus preguntas son breves, incitan a hablar a Morricone, son el motor que impulsa la exposición del maestro. De Rosa nunca busca el lucimiento personal, entiende y ejecuta a la perfección su papel.

En busca de aquel sonido es un libro vivo e incitante. Es un diálogo que con cada respuesta, como si fueran pequeños mosaicos, construye una autobiografía , inteligente y pasional, de un genio musical.

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OPERACIÓN SINATRA, de Sebastián Grandi y Diego Mancusi (Sudamericana)

En agosto de 1981, Frank Sinatra se presentó en Argentina. Un sueño tantas veces postergado se hacía realidad. Sinatra, probablemente, haya sido la mayor estrella del espectáculo del siglo XX. Pero Argentina siempre da sorpresas. Aquello que prometía ser un éxito colosal, que no parecía tener posibilidades de fracaso (¿quién no querría escuchar a Sinatra en vivo?) se convirtió en una catástrofe financiera por una megadevaluación ("El que apuesta al dólar pierde", había dicho el ministro de Economía Lorenzo Sigaut).

Sebastián Grandi y Diego Mancusi, con gran habilidad, recrean esos días grises de principios de los ochenta, con el Proceso marchitándose. Los protagonistas son varios y atractivos: Sinatra, Palito Ortega, Viola, Galtieri, Reagan, la CIA, Las Vegas, el casino de Mar del Plata, la farándula local. Los autores narran los problemas que tuvo Palito Ortega con el abrupto cambio del valor del dólar, la intervención fundamental del otro productor, Ricardo Finkel, olvidado cada vez que se recuerdan esos días, el desarrollo de cada show, su trastienda y la trama política.

El color de época está muy logrado. Pero el mayor mérito del libro es haber encontrado un whodunit: ese mensaje que Reagan manda a la Junta Militar a través de La Voz, que logra mantener suspenso a través de las páginas. Operación Sinatra es una excelente investigación periodística. Uno de esos libros frecuentes en otras épocas pero que ahora son raras excepciones. Encontrar un gran tema no transitado, rigor en la investigación, una prosa tersa, una estructura ágil. Las historias se cruzan y alimentan entre sí. Otra virtud no menor en libros en coautoría: a pesar de que el lector más informado supone que las partes musicales están a cargo de Mancusi y aquellas con ribetes más políticos de Grandi, en ningún momento se notan las cuatro manos en lo estilístico; el tono no tiene desniveles. El libro se lee con una facilidad asombrosa. Entretiene (que es más de lo que se puede decir de muchos) y reconstruye un tiempo cercano pero ya ido.

 

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