¿De qué hablamos cuando hablamos de "teatro oficial"? A riesgo de volverse un poco solemne hay que decirlo: las categorías existen. No hace falta volvernos ni muy apegados a ellas ni tampoco desconocerlas. A veces para entender mejor los procesos, para poder periodizar o simplemente para poder recomendar, en Buenos Aires, convenciones por medio, nos hemos puesto de acuerdo en que, a grandes rasgos (¡muy a grandes rasgos!) hay tres categorías para el teatro: comercial (extendidamente "el de la calle Corrientes"), alternativo (también llamado off, under, independiente…) y oficial. El primero es el de las grandes marquesinas con los nombres de las estrellas y celebrities. Allí funciona, en la mayoría de los casos, el sistema clásico: un género que ofrece como garantía un elenco de actores extendidamente conocidos y una producción imponente.

El "off" es aún más difícil de definir pero, reduciendo esquemas, ese teatro se refiere a aquel que experimenta y no utiliza fórmulas como garantía. Circulan por él muchos autores que dirigen sus propias obras, cooperativas que tienen a cargo todo el proceso productivo, actores que se atreven a materiales más difíciles y que no buscan una eficacia inmediata.

El oficial, con ese nombre pomposo, se trata ni más ni menos que de aquellas obras que se muestran en los escenarios de las salas que pertenecen a teatros nacionales o de la ciudad. Pero ¿qué obras se muestran ahí? Lo cierto es que es de lo más variado el panorama. Pero algo es claro: son buenas producciones, cuidados elencos, textos clásicos en algunos casos –en el Teatro San Martín muchas veces se pueden ver obras de grandes dramaturgos, desde Shakespeare a Beckett- o los más eximios representantes de la escena contemporánea y a precios accesibles para todos.

Aquí, cinco obras muy distintas entre sí pero que se pueden ver en salas oficiales.

(Carlos Furman)
(Carlos Furman)

Petróleo

Las chicas de Piel de Lava, un colectivo teatral y de experimentación que fue creado en el 2003 por Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Valeria Correa y Laura Paredes, tomaron la audaz decisión de convertirse en hombres para su nueva obra Petróleo. La postura más cómoda sería intentar correrse de los estereotipos y, en cambio, hacer nuevas "versiones" de este mundo masculino. Pero no, ellas son definitivamente corajudas. Qué pasa si se plasman sobre el escenario todos los comportamientos cotidianos de maltrato, machistas, homofóbicos. Se ven estos micro comportamientos como en una especie de lupa que los muestra ya no singulares sino universales. Expuestos así, desde la óptica femenina se exaltan los prejuicios, los permanentes maltratos hacia quienes creemos diferentes, la vulgarización de la burla.

Tres amigos/compañeros que comparten un pozo petrolero en un yacimiento en la Patagonia reciben a un cuarto. Siempre, el que se suma a un esquema que hace tiempo funciona de una forma establecida dinamiza otra lógica. Y eso sucede con la llegada de Palladino que tiene una característica que lo diferencia del resto: con su accionar no le teme al qué dirán. Por eso, en medio de una cueva de machos puede ponerse un tapado de piel de su mujer, porque abriga y porque la extraña. Y esa indiferencia ante la burla consumada en lugar de exponerlo a él, expone lo absurdo de esas burlas.

Pilar Gamboa descubrió, además, tal vez sin darse cuenta, que los hombres se dan el permiso de pronunciar menos consonantes porque ¿para qué?, si igual son los dueños del mundo.

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(Sandra Cartasso)
(Sandra Cartasso)

Pundonor

Una docente universitaria retoma su materia luego de estar unos meses alejada de ella. ¿El motivo de la licencia? Se irá conociendo de a poco y su poderío -que parece en principio implacable- irá debilitándose a medida que avance la obra. La platea convertida en el alumnado, la sala teatral en aula y la actriz en docente, un juego de teatralidad excelso porque ¿no es acaso una clase algo semejante a una obra teatral? Un parlamento que será dicho por ese sujeto a cargo de la escena, o vale decir de la clase, una platea que espera ansiosa ese placer o goce por pasarla bien pero también por sorprenderse por lo que escuchará. Una expectativa pero también un juicio por lo que se ve y se oye. Y, entonces, esa docente altiva que nos somete a sus preconceptos filtrándolos, casi de manera imperceptible, entre las verdades de la filosofía, se muestra finalmente insegura.

La obra creada y actuada por Andrea Garrote y que dirige además junto a Rafael Spregelburd muestra la fragilidad de esta doctora de Sociología que luego de haber pasado por un momento muy embarazoso que la sometió a una licencia forzada decide retomar su materia pero ya no es la misma, los miedos a convertirse nuevamente en una burla virtual la confinan a la pérdida del honor que, academia mediante, había logrado conseguir en sus decenas de años como docente.

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(Mauricio Cáceres)
(Mauricio Cáceres)

La vida extraordinaria

El director y autor Mariano Tenconi Blanco construye de manera sutil y delicada un gran homenaje a la literatura. Aquí no habrá citas directas ni autores consagrados sino la celebración de encontrar en la lectura y escritura de poemas un verdadero espacio de expansión, de creatividad: un salto a la libertad absoluta de dos mujeres del sur.

Aurora y Blanca, dos amigas entrañables desde la infancia, nacidas en Ushuaia recorren su vida. Aurora, en la piel de la mayúscula Valeria Lois, viajará a Buenos Aires, allí se casará, tendrá un hijo, un perro, un amante. Su amiga, Blanca, interpretada por otra increíble actriz como es Lorena Vega, mientras tanto, se queda allí, en la ciudad más austral del mundo.

A través de un texto cuidado y lleno de detalles, Tenconi Blanco trasmite emociones, sensaciones, que hace que la platea pueda emocionarse, reír y sentir una inmensa melancolía. Pasajes sensibles que narran las peripecias de estas dos mujeres que crecieron a distancia pero conservaron esa ingenuidad y ese cariño que mantendrán, seguro, a lo largo de sus vidas.

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(Carlos Furman)
(Carlos Furman)

Blum. El excéntrico empresario Cayetano Blum que dio nombre a la obra teatral de Enrique Santos Discépolo que estrenó a fines de los años 40 y que tuvo su versión cinematográfica en los años 70 cuando Julio Porter, el coautor, la adaptó para la pantalla grande, es encarnado ni más ni menos que por Humberto Tortonese y entonces una impronta tan propia del actor se prende a este personaje de una manera tan potente que parece haber sido creado para él. Y esa fuerza es la que sostiene toda esta comedia, que es ligera, pero con tan buena interpretación por parte del protagonista que se vuelve un deleite.

La puesta, por su parte, es contundente. Recrea el clima epocal y está dividido en dos grandes espacios: la oficina de Blum, donde sucede la acción de la primera parte, y la casa del empresario, cuando sus emociones -que parecían no existir en esa vida ambiciosa e inescrupulosa- se hacen presentes y transforman por completo a este hombre que hasta ese momento desconocía de lo que era capaz el amor.

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Los martes, orquídeas

Para disfrutar de esta pieza que se trata de una transposición del lenguaje fílmico (aquella película homónima estrenada en 1941 en la que tuvo su primer protagónico Mirtha Legrand) al teatral, hay que aceptar rotundamente que está anclada en los años 40 y que no intentará en ningún momento de la pieza dialogar con el presente. Situación verdaderamente inusual teniendo en cuenta que la mayoría de las veces que se toma una obra de otro tiempo, se intenta actualizar algunos de sus pasajes. No es el caso.

Aquí un hombre de la casa, un verdadero pater familias, interpretado por Rodolfo Ranni, intenta de manera desesperada encontrarle un marido perfecto a cada una de sus hijas. A la mayor, recientemente casada, ya lo hizo. Y le quedan las tres siguientes. La menor es la más problemática. Helena, la joven, dulce y soñadora que vive sumergida en la historias de sus libros y que en su momento representó Mirtha Legrand y ahora Candela Vetrano, es incapaz de salir a la vida y conocer a su príncipe azul. Por eso su padre encuentra una treta para lograr que su hija consiga verse más segura.

La obra escrita por Jorge Maestro -a partir del argumento de Carlos Olivari y Sixto Pondal Rís- está dirigida por Lía Jelín, la mujer detrás del fenómeno indiscutido que significa Toc, toc y tiene un elenco lo suficientemente sólido como para que muchas de las funciones estén agotadas, nada usual para el teatro 25 de Mayo. La puesta además es imponente y el clima de la época se genera a la perfección. Claro, con los puntos cuestionables que significa naturalizar maltratos físicos o patriarcados autoritarios.

Para agendar:
*Petróleo, de jueves a sábados a las 21 y domingos a las 20 en Teatro Sarmiento, avenida Sarmiento 2715, entradas a $160, jueves día popular $80.
*Pundonor, viernes a las 21 y domingos a las 18 en Cultural San Martín, Sarmiento 1551, entradas $160, estudiantes y jubilados con acreditación $130. Hasta el 31 de agosto, luego: a partir del 8 de septiembre, todos los sábados a las 20.30 en Espacio Callejón, Humahuaca 3759.
*La vida extraordinaria, jueves a domingos a las 21 en el Teatro Cervantes, Libertad 815, entradas $180.
*Blum, de jueves a domingos a las 20.30 en Teatro Regio, avenida Córdoba 6056, entradas a $195, jueves día popular $100.
*Los martes, orquídeas, de jueves a domingos a las 20, en Teatro 25 de Mayo, avenida Triunvirato 4444, entradas desde $200.