El reloj marcaba exactamente las 7:19 de la mañana de este jueves (hora de Costa Rica), cuando el silencio sepulcral que dominaba Playa Grande, en el estado de La Guaira, se rompió con un estallido de júbilo, llanto descontrolado y aplausos.
Tras una agónica espera de siete días, Hernán Gil, un vigilante venezolano de 44 años, volvió a respirar aire puro. Su extracción no fue una maniobra más; fue una hazaña de dimensiones colosales liderada desde el primer minuto por la Cruz Roja Costarricense, cuyo equipo se convirtió en el faro de esperanza que guio a rescatistas de todo el planeta hacia el fondo del abismo.
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Hernán permaneció sepultado durante 170 horas bajo los escombros del Centro Comercial Galerías Playa Grande, destruido por los sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que azotaron la costa caribeña el pasado 24 de junio. Contra toda lógica médica, hoy está vivo.
La historia del rescate cambió por completo el pasado 30 de junio. Mientras el desánimo empezaba a rondar la zona de desastre, una brigada de la Cruz Roja de Costa Rica realizaba un rastreo minucioso y milimétrico sobre la peligrosa e inestable montaña de concreto.
Fue en ese momento cuando la agudeza y el entrenamiento de los rescatistas “ticos” marcaron el destino de la operación: divisaron el leve movimiento de una mano a través de una grieta casi invisible y, al acercarse, escucharon una voz debilitada pero firme.
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Hernán estaba vivo en el tercer piso subterráneo. Había sobrevivido porque su caseta de seguridad en el sótano resistió el impacto inicial, creando un microespacio vital que lo protegió de las más de 140 toneladas de escombros que colapsaron encima. Al confirmar el hallazgo, los rescatistas costarricenses no lo dudaron e inmediatamente activaron los protocolos de emergencia para solicitar apoyo internacional, conscientes de que la extrema complejidad del terreno requería un esfuerzo humano titánico y multidisciplinario.
A partir de ese instante, la Cruz Roja Costarricense asumió con orgullo y templanza el liderazgo técnico del operativo, coordinando las acciones hombro con hombro junto a los valientes miembros de Protección Civil de Venezuela.
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Una hermandad global unida bajo el mando técnico de Costa Rica
El llamado de auxilio de los rescatistas ticos resonó con fuerza en todo el continente. Rápidamente, el campamento base se transformó en un conmovedor ejemplo de unión global. Más de 100 especialistas de brigadas USAR (Búsqueda y Rescate Urbano) procedentes de El Salvador, Estados Unidos, Chile, Portugal, Colombia, México y España se sumaron al plan estratégico trazado por Costa Rica y Venezuela.
Fueron 114 horas de labores ininterrumpidas y desesperantes. La inestabilidad de la estructura obligó a los rescatistas a cavar centímetro a centímetro usando herramientas manuales pesadas y escáneres sónicos.
El peligro era constante: las réplicas del sismo hicieron que los primeros túneles de aproximación colapsaran. Sin embargo, el equipo tico mantuvo la calma y la dirección del plan, logrando introducir una sonda vital para suministrarle a Hernán aire comprimido, hidratación y medicamentos que lo mantuvieron estable en la oscuridad.
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Afuera, la vigilia de su esposa, Gusbimar González, se alimentaba del coraje de los rescatistas, quienes se negaron a rendirse incluso cuando el cansancio físico amenazaba con vencerlos.
El llanto de victoria: ¡Lo hemos logrado!
La recompensa a tanto sacrificio llegó finalmente la mañana de este jueves. Las primeras imágenes enviadas desde el corazón de la zona de desastre por Ricardo Arias, miembro del equipo de la Cruz Roja de Costa Rica, plasman un momento de profunda humanidad. En ellas se observa el instante exacto en que los rescatistas costarricenses, con los cascos cubiertos de polvo y los rostros marcados por el cansancio extremo, rompen en llanto y se funden en abrazos eternos con sus hermanos venezolanos y del resto de los países participantes.
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“¡Hernán está afuera! Tras 114 horas de esfuerzo ininterrumpido y más de siete días después de los terremotos, Hernán ha sido rescatado y ya se encuentra en una ambulancia”, comunicó con profunda emoción la Cruz Roja Costarricense en sus redes sociales oficiales, desatando una ola de orgullo en Costa Rica y el mundo.
Hernán Gil ya recibe atención médica especializada y se reporta estable. Su rescate quedará para siempre en los anales de la ayuda humanitaria como el día en que la persistencia de un grupo de rescatistas ticos movilizó al mundo para salvar una vida, demostrando que la solidaridad no conoce fronteras cuando se trata de rescatar la esperanza.
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