Durante los pasados meses este grupo de profesionales experimentaron desafíos que aumentaron su vulnerabilidad como fuerza laboral (Photo by Guillermo Arias / AFP)
Durante los pasados meses este grupo de profesionales experimentaron desafíos que aumentaron su vulnerabilidad como fuerza laboral (Photo by Guillermo Arias / AFP)

Mientras la cuarentena se desarrolló en diferentes estilos y magnitudes, todas las voces profesionales se alzaron para poner en el mapa de las preocupaciones a la cantidad de personas que abandonaron, postergaron o no están dando atención a dolencias ajenas al coronavirus. Muchos de estos pacientes adultos mayores que fueron incluidos entre los grupos de riesgo, lo que los limita aún más en sus decisiones de atención, en paralelo que sus dolencias se multiplican.

Con temor y, en muchos casos, producto de las propias indicaciones oficiales, los pacientes del mundo prefirieron no ir a su consulta, no tomar una nueva o recurrir a la atención domiciliaria, con las muchas limitaciones que este punto presente. Un documento realizado por un equipo de la División de Medicina Interna General del Weill Cornell Medicine de Nueva York se abocó a resolver la hipótesis de ¿cuáles son las experiencias de los trabajadores de atención médica domiciliaria que cuidan a adultos mayores y a pacientes con enfermedades crónicas durante la pandemia?

Durante los pasados meses este grupo de profesionales experimentaron desafíos que aumentaron su vulnerabilidad como fuerza laboral. Compuesta por asistentes de atención domiciliaria y de atención personal y asistentes domiciliarios, cuidan a los adultos que viven en la comunidad y, por lo tanto, desempeñan un papel importante en el apoyo a las personas con COVID-19 confirmado y presunto que debieron permanecen en casa.

Los trabajadores de la salud a domicilio, “que en su mayoría son mujeres de mediana edad, personas de color e inmigrantes, suelen ser una fuerza laboral invisible y vulnerable (D-KEINE)
Los trabajadores de la salud a domicilio, “que en su mayoría son mujeres de mediana edad, personas de color e inmigrantes, suelen ser una fuerza laboral invisible y vulnerable (D-KEINE)

A diferencia de otros profesionales de la salud, cuyas interacciones con los pacientes son relativamente breves, los trabajadores de atención médica domiciliaria pasan horas o días con los pacientes, ayudándolos con las actividades de la vida diaria (como bañarse y vestirse), actividades instrumentales de la vida diaria (preparar comidas y limpiar) y tareas de orientación médica (por ejemplo, signos vitales y cuidado de heridas). Además, estos trabajadores con frecuencia brindan compañía y apoyo emocional. La pandemia de COVID-19 trae muchos desafíos potenciales a esta función de cuidador dado el riesgo de transmisión del virus tanto a los pacientes como a los trabajadores de la comunidad.

Asistencia obligatoria

A pesar de ser parte integral de la atención al paciente, los trabajadores de la salud a domicilio, “que en su mayoría son mujeres de mediana edad, personas de color e inmigrantes, suelen ser una fuerza laboral invisible y vulnerable”, según detallan los especialistas en su documento. Según cifras de Nueva York, 1 de cada 6 trabajadores vive por debajo del umbral de pobreza federal. Estas condiciones suelen provocar altas tasas de rotación y escasez de mano de obra. A medida que la pandemia de COVID-19 se intensifica y los trabajadores de la salud en el hogar continúan cuidando a los pacientes de edad avanzada, a los pacientes médicamente complejos en el hogar y la cada vez es probable demanda de solicitud de asistencia domiciliaria en virtud a la reticencia para asistir a los centros médicos y consultorios, de modo que sea probable que esta fuerza laboral se vuelva cada vez más vulnerable, tanto física como financieramente.

(Shutterstock)
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En este contexto, el presente estudio tuvo como objetivo comprender las experiencias de los trabajadores frente a otros que se han centrado en las experiencias de los pacientes en hospitales profesionales y empleados de la salud. Entre las disciplinas que han debido afrontar se encuentran la atención diaria a pacientes con enfermedades crónicas, monitoreo de pacientes para síntomas de COVID-19, aplicar precauciones para prevenir COVID-19 en el hogar. Enfrentaron temores en transmitir virus a los pacientes o de contraerlo ellos mismos, descontando que las numerosas consultas domiciliarias que se multiplicaron en este tiempo acrecienta el riesgo de propagación.

La frágil situación indicó que los cuerpos médicos comenzaran a visibilizar sus angustias. Así, por ejemplo, el personal de salud de Perú ya concretó una huelga de 48 horas para exigir al gobierno una serie de reformas en presupuesto, condiciones laborales y bioseguridad. “Desde que arrancó la pandemia hemos visto cómo las consultas en los hogares han ido incrementando. Generalmente un doctor en nuestro país hacía uno o dos chequeos por semana, pero ahora se hacen cuatro y hasta seis consultas en un lapso de cinco días”, precisa la doctora Carmen Sivira, médico internista y especialista en medicina crítica de Venezuela. En Chile, en tanto, diferentes comunas invirtieron en desarrollar nuevos servicios a domicilio, como es el programa de La Serena “Doctor en Tu Casa en tiempos de Pandemia”. “Es un momento en el que la comunidad necesita mucho apoyo, no sólo en la parte de salud sino que también en lo psicológico y emocional”, afirmó la doctora Midalys Caña, especialista a cargo de la implementación. Desde Málaga el periódico El Sur retrata un cuadro similar: los médicos de calle atienden unas 80 llamadas y visitas diarias.

El presente estudio tuvo como objetivo comprender las experiencias de los trabajadores frente a otros que se han centrado en las experiencias de los pacientes en hospitales profesionales y empleados de la salud (Shutterstock)
El presente estudio tuvo como objetivo comprender las experiencias de los trabajadores frente a otros que se han centrado en las experiencias de los pacientes en hospitales profesionales y empleados de la salud (Shutterstock)

Todas estas circunstancias coinciden con los datos obtenidos por el mencionado informe de Nueva York. Entre las dificultades que expresaron se cuentan la incompleta información respecto de COVID-19 que tienen a disposición, la que, en muchos casos, ha resultado imprecisa o hasta contradictoria. Han mencionado las limitaciones en equipo de protección y en entrenamiento específico sobre coronavirus. Lidian mano a mano con procesos de angustia, temor, desinformación y depresión de los pacientes que visitan. Otro punto que destacan en el estudio es el recurso de obtención de datos por vías no oficiales, como los medios de comunicación o las redes sociales, cuestión que contribuye a su fragilidad sin contar con una batería segura de apoyo a la cabeza.

“Fue muy revelador -indica Madeline R. Sterling, profesional a cargo del estudio- comprobar que no sólo estaban atendiendo a una población vulnerable de pacientes, sino que, debido a una gran dependencia del transporte público, tenían un alto riesgo de contraer COVID-19 y de transmitirlo a sus pacientes, a otros trabajadores y a los suyos. Sin embargo, muchos no podían darse el lujo de dejar de trabajar y otros continuaron trabajando por sentido del deber”.

La tensión adicional impuesta a los trabajadores por la pandemia, junto con su ya frágil posición como trabajadores con salario mínimo, exacerbó esta tensión. “Se necesitan esfuerzos adicionales para apoyar el bienestar físico y mental de los trabajadores durante la pandemia”, afirmaron en el documento.

Mientras que los hospitales han brindado información a los médicos y al personal con regularidad, dicha transmisión de conocimientos a los trabajadores de la salud a domicilio ha variado según el servicio prepago o del nosocomio al que pertenecen, lo que puede reflejar incertidumbre con respecto a las pautas en el sector de la atención a largo plazo. "Nuestros hallazgos sugieren que se debe implementar sistemáticamente un enfoque que integre información junto con la capacitación específica de COVID-19.

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