
Durante esta cuarentena, vamos aprendiendo e incorporando nuevas medidas de higiene personal y desinfección del hogar. El lavado frecuente de las manos con agua y jabón y el uso diario de alcohol en gel ya son hábitos, a los que se sumó el uso (ya obligatorio) de tapabocas/nariz en la vía pública.
El nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), responsable de la enfermedad llamada COVID-19, está estrechamente relacionado con el SARS-CoV-1 (causante del síndrome respiratorio severo (SARS) y con el síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS).
Las partículas del nuevo coronavirus tienen una concentración muy alta en la cavidad nasal y en la nasofaringe, por lo que los especialistas en otorrinolaringología tienen alto riesgo de contraer el virus: realizamos procedimientos que son habituales en la consulta y revisamos siempre la nariz y la garganta (además de los oídos), lugares preferidos por el virus.
Otros especialistas que también tienen alto riesgo son los odontólogos, anestesistas, gastroenterólogos, endoscopistas y oftalmólogos, entre otros.
Es por esto que tenemos que respetar la recomendación sobre el uso de equipos de protección individual, en primera instancia.

Estas medidas apuntan a evitar la diseminación del virus. Lo que sabemos con respecto al comportamiento de este microorganismo es que las principales vías de transmisión son el contacto directo desde las manos hacia las mucosas y las gotitas Flügge y las partículas pequeñas que se expulsan al hablar fuerte, toser o estornudar.
El virus infecta aquellas células humanas con alto contenido de proteínas, estas son una llave de entrada clave. Se detectó que hay dos proteínas, una receptora llamada ACE2 y otra transmembrana llamada TMPRSS2, que activan la entrada del coronavirus y se expresan en células de varios órganos, sobre todo en el revestimiento nasal y bucal, así como en los alveólos pulmonares. Esto hace que las células presentes en la boca constituyan un verdadero reservorio para este virus. La replicación activa del SARS-CoV-2 se produce en la vía aérea superior, lo que sugiere la presencia de niveles altos del virus durante la primera semana de síntomas de los pacientes, momento de mayor replicación.
Así, las medidas de prevención son tan importantes para los profesionales de la salud como para los pacientes.
Con la incorporación de la anosmia (pérdida de olfato) como síntoma de presentación de COVID-19, las consultas otorrinolaringológicas aumentaron de manera exponencial. Esta especialidad se caracteriza por una exploración física con instrumentos y aparatos específicos como microscopio otológico, nasofibroscopia, rinoscopia y orofaringoscopia, que pueden favorecer la contaminación. Para ello, en la práctica de consultorio se recomienda:

-Colocación de información visual (carteles, folletos) en lugares estratégicos dentro de la sala de espera.
-Lavado de manos antes de atender a cada paciente.
-Evitar el uso de anillos y relojes durante la consulta (para evitar reservorios del virus).
-Disponer de alcohol en gel.
-Mantener distancia de al menos 1,5 metros en la sala de espera, evitando los cruces de todas las maneras posibles.
-Dar turnos distanciados de aproximadamente 1 hora entre paciente y paciente, para tener tiempo de realizar la limpieza correspondiente del lugar (superficies inanimadas), del instrumental y del propio examinador.
Es por esto que, de la misma manera que hemos incorporado a nuestra rutina el lavado de manos con agua y jabón, la utilización de alcohol en gel y el tapabocas, debemos mantener una higiene adecuada de la boca y la lengua para bajar la carga viral. Es importante pedirle al paciente que se realice buches o gargarismos durante 30 segundos a un minuto con cloruro de cetilpiridinio, también puede utilizarse agua oxigenada al 1%.

Si bien la incidencia de alergia a estos productos es bajísima, es un factor a tener en cuenta. Nombres difíciles aparte, son compuestos por todos conocidos: los famosos buches o sprays mentolados que tantas veces nos alivian luego de un procedimiento odontológico. Específicamente el cetilpiridinio parece tener efecto sobre la capa lipídica del virus, inactivándola. Esto aun está en estudio, pero no deja de ser un dato promisorio. Es así que se recomienda incorporar la realización de los buches, como profilaxis, utilizando cualquier colutorio con cetilpiridino que este disponible en el mercado y se sumaría al resto de las medidas de higiene ya adoptadas.
Con respecto a la nariz como lugar preferido por el virus, sugerimos también la higiene diaria de las fosas nasales con solución salina hipertónica, porque acelera el movimiento mucociliar, facilita el transporte y fluidificación del moco y mejora su eliminación. Para esto, también podemos utilizar los sprays con carragenina (un derivado de las algas rojas). Este compuesto tiene propiedad antiviral: atrapa los virus en el interior del moco e impide que entre a las células. De esta manera, el virus no se puede replicar, por lo que disminuye la carga viral en el individuo y, por ende, las posibilidades de contagio.
Estos productos están disponibles en farmacias y son recetados por los profesionales correspondientes, solamente requieren de una técnica, y la misma la explicamos durante la consulta.
Debemos recordar que la aplicación correcta de estas medidas de prevención no solo disminuye el riesgo de infección, sino que impiden en forma efectiva la propagación.
Es importante tener en cuenta la posibilidad de incorporar estas medidas a los protocolos de atención de personas con sospecha de COVID-19, ya que el riesgo para el personal sanitario es muchísimo más elevado y todas las medidas en dirección a su protección deben ser consideradas con especial cuidado.
(*) Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga (MN 81701), experta en olfato. Alergista. Ex- presidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA)
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