
Con Rusia imposibilitada para competir en campeonatos mundiales, uno de los deportes que más ve afectada su “normalidad” es, sin dudas, la gimnasia. En cualquiera de sus ramas, no es posible explicar la historia de la disciplina sin hablar de rusos, soviéticos o representantes de la zona más oriental de Europa.
Desde la decisión en marzo de la Federación Internacional de Gimnasia (FIG) de suspender a Rusia y a Belarús por la invasión a Ucrania, cada torneo internacional se vuelve una oportunidad inédita para que banderas no tradicionales se suban a alguno de los escalones del podio. La gran particularidad en este 51er Campeonato Mundial de gimnasia artística que se realiza desde el sábado 29 de octubre y hasta el domingo 6 noviembre en Liverpool es que en la final por equipos no solo se premió a los tres mejores en este 2022, sino que también esas tres medallas significaron las primeras tres plazas de la gimnasia artística para los Juegos Olímpicos de París 2024.
Y fue así que Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá se convirtieron en los tres primeros clasificados a los próximos Juegos, boletos que son propiedad de los países y no de las gimnastas, por lo que desde hoy y hasta 2024 cada federación nacional seleccionará internamente quiénes son las cinco atletas que conformarán sus equipos olímpicos.

Estados Unidos, equipo favorito aún sin Simone Biles -no retirada, sólo “ocupándose de su salud mental”-, sumó un total de 166.564 puntos, casi tres más que las subcampeonas británicas. El equipo, con Jade Carey y Jordan Chiles como sobrevivientes de Tokyo 2020, lidió con la presión extra de sumar el sexto título mundial al hilo para su país y así actualizar la estadística que tenía a la Rumania de los ‘90 con el récord de cinco doradas consecutivas en Mundiales.
Gran Bretaña fue segunda con 163.363 y por primera vez en su historia alcanzó este resultado con el equipo de artística femenina. Lo hecho por las hermanas Gadirova, Alice Kinsella, Georgia-Mae Fenton y Ondine Achampong descomprime semanas de mucha tensión en la Federación (British Gymnastics), que luego de atravesar dos años de reiteradas denuncias por abuso y maltratos, se disculpó institucionalmente por permitir una cultura tóxica y publicó hace pocos días un documento llamado Reforma ‘25, un plan de acción que incluye la divulgación de nombres y apellidos de los entrenadores denunciados. En medio de esa rebelión interna, esta medalla con plaza olímpica, ganada en casa frente a miles de pequeñas fanáticas que atestiguaron a gimnastas de elite disfrutando de la competencia, es un poco de aire fresco en medio de la dolorosa y necesaria revisión del método.

Y el bronce de Canadá. Ese capítulo merecería varios párrafos aparte. Tal vez la imagen de la noche en el Liverpool Arenal sea la de Elsabeth Ellie Black, la “veterana” de 27 años y siete Mundiales, emocionada por darle a su país una histórica medalla mundialista y una plaza olímpica asegurada casi dos años antes, lo que cambia todas las planificaciones del equipo y lo que la coloca finalmente como una leyenda del deporte canadiense.
Canadá llegó a la última rotación disputando el tercer lugar con Japón. Y fue en la situación de match point donde Black demostró por qué lleva diez años en el primer nivel internacional. Mientras Japón desaprovechaba su chance en paralelas asimétricas, Black cerraba nada menos que en viga de equilibrio con 13.833 puntos, una serie soberbia y con su sello de consistencia. Todas sus compañeras la abrazaron cuando se confirmó el total de 160.563 puntos para ese tercer lugar histórico.
La pequeña historia que termina de darle emoción a la hazaña canadiense es la baja de último momento de Shallon Olsen, fue baja horas antes del entrenamiento de podio. La finalista olímpica de salto se enteró del fallecimiento de su mamá y regresó a Canadá inmediatamente, por lo que no pudo competir. Seguramente Olsen peleará por ser una de las cinco que integre el equipo en París 2024 y afortunadamente recibirá la medalla mundial porque en las planillas oficiales figuró como gimnasta suplente de este Canadá de bronce.
La FIG, en deuda con los países que no son potencia
La conversación digital entre los fanáticos de la gimnasia estuvo dominada por la imposibilidad de ver las jornadas de clasificación, donde más de 400 gimnastas de 74 países participaron en las maratónicas sesiones clasificatorias de sábado, domingo y lunes. Es que la Federación Internacional solo exige y comercializa la televisación de las finales, por lo que los competidores que no acceden a la definición por medallas pasaron por el principal torneo del año sin que podamos ver sus rutinas en una transmisión oficial y profesional.
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