
En la primera comprobación científica que asocia el uso de Facebook con actos de violencia contra personas refugiadas, los investigadores Karsten Müller y Carlo Schwarz, de la Universidad de Warwick, hallaron que las ciudades de Alemania en las que hay mayor incidencia de ataques xenófobos también tienen una tasa de uso más alta de la plataforma.
"Nuestros resultados sugieren que la red social puede actuar como un mecanismo de propagación entre el discurso discriminatorio en internet y el delito violento en la vida real", argumentaron en el estudio, "Echar leña al fuego del odio: redes sociales y discurso discriminatorio".
La investigación incluyó 3.335 puntos de datos, lo cual les permitió a Müller y Schwarz verificar que la correlación persistía también cuando se tomaban en cuenta factores como los ingresos, la edad, el apoyo anterior a ideologías de extrema derecha y cantidad de refugiados en el lugar. Un pequeño aumento del uso de Facebook en una ciudad alemana implicaba un aumento de casi el 50% en la violencia contra los refugiados.

"De manera notable, cuando había un corte de internet por el cual los usuarios no podían acceder a Facebook, la violencia contra los refugiados se reducía", señaló The Hill en un análisis de la investigación. "El estudio también diferenció entre el uso de internet en general y el uso de Facebook específicamente, y no encontró vínculos entre la violencia y un mayor tiempo en internet solamente".
Müller y Schwarz suponen que la plataforma es un acelerador, que amplifica las visiones más dañinas de los integrantes de una comunidad. "No sostenemos que las redes sociales en sí causen delitos contra los refugiados de la nada. En realidad, los crímenes de odio suelen tener muchos ejes impulsores, las diferencias locales en el plano de las ideologías xenófobas o la prominencia mayor de inmigrantes son sólo dos ejemplos obvios", escribieron en su ensayo.
Sin embargo, la amplificación del odio mediante Facebook es un factor de importancia: los investigadores estimaron que estimuló el 10% de toda la violencia contra los refugiados en Alemania.

En un artículo realizado en una de las ciudades donde se verificaron casos de violencia, The New York Times aludió al caso de Dirk Denkhaus, un joven entrenado para ser bombero, sin antecedentes policiales ni actividad política, que forzó su entrada al ático de una casa que recibía refugiados y trató de incendiarla.
Altena es una ciudad que se achica, con una economía en caída, donde los jóvenes están desilusionados, enumeró. Pero los consultados por el diario mencionaban con frecuencia "otro factor que no se asocia típicamente con el aluvión de violencia contra los refugiados en Alemania: Facebook".
Todos los entrevistados habían visto alguna vez, en las páginas locales de la plataforma, descripciones de los refugiados como una amenaza y expresiones racistas. Contrastaban con el espacio público de Altena, donde la relación entre familias locales y familias de refugiados era cálida. Luego la justicia determinaría que Denkhaus "se había aislado en un mundo online de miedo e ira que ayudó a llevarlo a la violencia", según el periódico.

El indicador más problemático —que en Altena, donde el uso de Facebook era mayor al promedio en el país, se habían dado más ataques contra refugiados— se mantuvo idéntico más allá de las diferencias entre las comunidades que estudiaron Müller y Schwarz. En ciudades grandes como en pueblos pequeños, en enclaves ricos y en lugares de trabajadores, en sitios políticamente liberales o de la extrema derecha, el vínculo entre la plataforma y la violencia xenófoba no cambió.
La empresa de Mark Zuckerberg no respondió a The Hill ni a The New York Times; una vocera envió un correo electrónico al periódico de Nueva York con una declaración: "Nuestro enfoque sobre lo que se permite en Facebook ha evolucionado a lo largo del tiempo y sigue cambiando a medida que aprendemos de los expertos".
Esos expertos advirtieron que el problema radica en el algoritmo que decide qué publicaciones verá el usuario de Facebook, ya que fue creado para promover contenidos que consigan la máxima participación de las personas. Cuanto más tiempo pasa alguien en la plataforma, más dinero gana la compañía. "Las publicaciones que tocan emociones negativas y atávicas como la ira o el miedo, según los estudios, tienen el mejor desempeño, y por eso proliferan".

De ese modo el sentimiento xenófobo aparece una y otra vez en el feed de personas como el joven aspirante a bombero. Porque "aunque sólo una minoría de usuarios exprese perspectivas vehementemente anti-refugiados, una vez que dominan las publicaciones pueden tener consecuencias para todos los demás".
Así fue posible que en Altena, en cuyo centro de integración de refugiados literalmente sobraban los voluntarios para ayudar a las familias sirias y afganas, Anette Wesemann, la directora, chocó contra una enorme cantidad de veneno online en el momento en que abrió la página de Facebook del lugar. Al comienzo le sorprendió el contraste entre su experiencia física y los insultos online. Ahora, cuando el Times la consultó sobre el estudio que asocia el uso de Facebook con actos de violencia contra personas refugiadas, no se sorprendió siquiera: "Lo creería inmediatamente".
Al aislar a una persona de la diversidad de voces que circulan en el mundo físico, el mundo virtual de Facebook crea grupos de pensamiento idéntico, porque su algoritmo ofrece a la gente aquello que sus emociones absorberán de inmediato, para que continúe en línea. "Se puede tener la impresión de que existe un amplio apoyo comunitario a la violencia", dijo Betsy Paluck, psicóloga social de la Universidad de Princeton, al periódico.

Se trata de una distorsión de las normas sociales sobre las conductas deseables en un colectivo. Y, a diferencia del mundo físico, donde una persona que insiste con un discurso puede resultar aburrida, los súper participantes —como llamaron los investigadores a los usuarios menos casuales, que publican con frecuencia sus opiniones fuertes— causan un efecto más sutil y extendido.
Sus perspectivas más exageradas se llevan bien con el algoritmo de Facebook, y por eso terminan por dominar los feeds. Según Müller y Schwarz, los usuarios súper-participantes de la red social "encarnan las maneras en que Facebook puede hacer que una comunidad se vuelva cada vez más hostil a los otros".
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