La policía francesa disparó cañones de agua contra miles de estudiantes concentrados en la plaza de la Bastilla de París, en una nueva jornada de movilizaciones que terminó con la convocatoria a una protesta aún mayor para el próximo 13 de octubre. Las organizaciones estudiantiles consideraron insuficientes las respuestas del Gobierno francés a sus reclamos sobre las condiciones de aprendizaje en los liceos.
La jornada de este jueves, que no alcanzó la magnitud de la del martes anterior —cuando se registraron hasta 450.000 manifestantes según los sindicatos—, reunió de todos modos a millares de personas en distintos puntos de Francia, con epicentro en París. Decenas de jóvenes treparon al monumento de la Bastilla, algunos ondeando la bandera francesa y cantando el himno nacional, antes de que los antidisturbios iniciaran el desalojo con cargas y gases lacrimógenos.
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Cañones de agua y cargas policiales en la Bastilla
Un portavoz policial explicó a los medios franceses que la brigada antidisturbios se vio obligada a cargar tras recibir “impactos de proyectiles”. La jefatura de policía denunció que ciertos manifestantes lanzaron adoquines y pirotecnia contra los agentes antes de que la fuerza desalojara la plaza.
Ante el operativo, sindicatos estudiantiles como L’Union Étudiante recomendaron a los asistentes trasladarse a la plaza de la Nación, a poco menos de dos kilómetros al este. Los manifestantes denuncian que las fuerzas de seguridad, en especial la Brigadas Motorizadas para Represión de Acciones Violentas (BRAV-M), han abusado de la fuerza desde el inicio de las movilizaciones.
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En el liceo Helene Boucher, en el noreste de París, los estudiantes atrincherados levantaron nuevas barricadas antes de que la policía interviniera con gas lacrimógeno. El centro educativo se convirtió en uno de los focos de enfrentamientos de la capital, dentro de las cientos de escuelas afectadas por las protestas. El Ministerio de Educación indicó que 375 escuelas permanecían cerradas total o parcialmente este jueves, una cifra menor a la del martes anterior.
En la plaza de la República, el humo de basura incendiada se mantenía en el aire mientras cientos de estudiantes de secundaria y universitarios se preparaban para marchar hacia la Bastilla. Algunos llevaban carteles con los nombres de sus escuelas; otros sostenían pancartas con leyendas como “Más dinero para la represión que para nuestra educación” y “¿Quién nos protege de la policía?”.
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Los reclamos de fondo y la respuesta del Gobierno
Desde finales de septiembre, los estudiantes de liceo, en su mayoría de entre 15 y 18 años, reclaman mejoras en el último ciclo de secundaria y la suspensión o cambios en Parcoursup, el sistema de acceso a estudios superiores que consideran poco transparente. Las protestas, surgidas en las afueras de París a mediados de mes, denuncian la falta de reemplazo de profesores ausentes, horarios sobrecargados y aulas deterioradas que no soportan el aumento de las temperaturas.
Mientras no haya 10.000 millones de euros sobre la mesa, seguiremos movilizándonos, afirmó Sabrine Kharbach, vocera de la Union Étudiante, al anunciar la nueva fecha de manifestaciones y huelga para el 13 de octubre. La vocera calificó la lucha de “histórica” y sumó a las reivindicaciones las de agricultores, bomberos y profesores.
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El primer ministro, el centroderechista Sébastien Lecornu, había estimado el miércoles por la noche que “nadie puede permanecer indiferente a las angustias que expresan” los estudiantes, aunque aplazó las “primeras decisiones” a “finales de octubre” sin anunciar medidas concretas. En un mensaje televisado, Lecornu lamentó “la violencia, las agresiones a estudiantes y personal, los policías y gendarmes heridos, las escuelas incendiadas o vandalizadas y las miles de horas de clases perdidas”.
Tras reunirse este jueves con representantes de las tres principales organizaciones estudiantiles, el ministro de Educación Nacional, Édouard Geffray, debía desvelar durante la noche las medidas de su “plan de urgencia” centrado en el reemplazo de profesores ausentes, uno de los reclamos centrales del movimiento. Según los organizadores de las protestas, esa medida no bastará para suspender las movilizaciones.
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El movimiento, iniciado a mediados de septiembre en las afueras de París, reclama más fondos para la educación pública ante aulas deterioradas, falta de reemplazo de profesores y horarios sobrecargados, además de exigir cambios en Parcoursup, el sistema de acceso a la universidad. Los sindicatos piden 10.000 millones de euros y no descartan extender la movilización hasta diciembre si el Gobierno no responde con medidas concretas.
Heridos, detenciones y vandalismo
Las protestas han dejado más de 300 heridos y más de 6.600 detenciones desde finales de septiembre, la mayoría de ellas a menores de edad, según el Ministerio del Interior. Entre los afectados figuran unos 700 policías y gendarmes y algo más de 200 manifestantes.
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Varios incidentes se registraron este jueves en distintos puntos del país. En Reims, un policía fue ingresado de urgencia tras recibir el impacto de un proyectil y un joven quedó bajo custodia policial por ese hecho. En Lormont, cerca de Burdeos, un liceo resultó vandalizado por un grupo de personas encapuchadas, según un video difundido en redes sociales; el director del centro evaluó los daños entre 100.000 y 200.000 euros.
Se conoció además que el jefe de la policía municipal de la localidad de Port-de-Bouc, en el sureste del país, fue suspendido de sus funciones después de ser filmado el 2 de octubre intentando atropellar a un grupo de estudiantes de instituto. La movilización ha estado marcada por acusaciones mutuas de violencia entre manifestantes y policías, con destrozos materiales que ascienden ya a decenas de millones de euros.
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Casos de adolescentes gravemente heridos durante las protestas tras intervenciones policiales —uno perdió una mano, otro la visión de un ojo y un tercero sufrió graves heridas en la boca y la mandíbula— llevaron a que madres y padres se sumaran a las manifestaciones, tanto para respaldar las reivindicaciones como para proteger a sus hijos. El Gobierno, por su parte, sostiene que las fuerzas del orden se han visto ante situaciones de extrema violencia por parte de los manifestantes.
Emma Khelil, una universitaria de 18 años, acudió a su antigua escuela secundaria para apoyar a quienes estaban en las barricadas. “Estamos aquí para defender nuestros derechos, no para perder un ojo o una mano”, manifestó a The Associated Press, al tiempo que señaló problemas de aislamiento, filtraciones de agua e incluso avistamientos de ratas en el edificio, algo que otros estudiantes confirmaron.
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Tensión política a meses de la elección presidencial
Las protestas llegan en un contexto tenso para el Gobierno, que busca aprobar en el Parlamento unos presupuestos para 2027 con un ajuste fiscal de 60.000 millones de dólares destinado a limitar el elevado déficit y una deuda pública récord. A ello se suma que los franceses elegirán el año próximo al sucesor del presidente centroderechista Emmanuel Macron, en comicios previstos para abril.
Lecornu arremetió contra los “líderes políticos que usan esta ira para librar sus batallas electorales” y advirtió: “No podemos jugar con la seguridad de la juventud de Francia”. La ultraderechista Marine Le Pen, favorita en los sondeos, acusó por su parte al mandatario actual de colocarse “siempre del lado de quienes atacan a la policía”.
El candidato presidencial para 2027 Jean-Luc Mélenchon, de La Francia Insumisa (LFI), acusado de azuzar las protestas, celebró “una nueva toma de la Bastilla”, en alusión a la fortaleza tomada por el pueblo parisino el 14 de julio de 1789, hito que marcó el inicio de la Revolución Francesa.
Sofia Ferdials, estudiante de 18 años de la Universidad París 8, resumió el ánimo del movimiento: “Estamos aquí, estamos manifestándonos y no vamos a parar. Hasta octubre, noviembre, diciembre si es necesario. Nada nos detendrá”. En la misma línea, Dounia Gergeon, bibliotecaria escolar de 39 años que se sumó a la protesta en la Bastilla, afirmó que los estudiantes “no se sienten apoyados” y que se sienten “acorralados y obligados a trabajar en estas condiciones”.
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