
Un estudio de la Universidad de Colorado en Boulder, al este de Estados Unidos, señaló que la sensación de estar apurado se asocia con más ansiedad y depresión entre estudiantes universitarios, mientras que una agenda con pocas horas libres se vinculó con mejores calificaciones y menos síntomas depresivos.
El trabajo, publicado en el Journal of American College Health, separó dos conceptos: la escasez de tiempo, entendida como la falta objetiva de horas disponibles, y la presión de tiempo, que es la percepción de vivir con prisa. Ambas experiencias pueden presentarse de manera independiente.
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De acuerdo con el artículo divulgado en Phys.org, la investigación analizó encuestas, expedientes académicos y medidas de salud mental de 646 alumnos.
Los horarios cargados se asociaron con menos síntomas depresivos y mejores notas

La autora principal, Caitlin McKimmy, candidata a doctora del Departamento de Psicología y Neurociencia, examinó el tiempo destinado cada semana a asistir a clases, estudiar, trabajar, trasladarse y realizar otras actividades. También relevó el nivel de ansiedad, depresión y atención plena de quienes participaron.
Además de responder la encuesta, los estudiantes aceptaron informar sus promedios de calificaciones y permitir el acceso a sus registros académicos.
Los resultados mostraron que la escasez de disponibilidad horaria se relacionó con calificaciones más altas y menores índices de depresión. En cambio, sentir una presión constante por el reloj tuvo una fuerte asociación con más ansiedad, más síntomas depresivos y peores resultados académicos.
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“Estos datos demuestran que no es tan sencillo, que más allá de lo que figura en nuestra agenda, necesitamos sanar nuestra relación con el tiempo”, afirmó la autora y cuestionó la idea de que eliminar tareas de una rutina basta para reducir el estrés.
Tener poco tiempo no equivale a sentirse apurado

McKimmy explicó que “puede haber una persona muy ocupada que tenga una relación armoniosa con el tiempo y otra que, objetivamente hablando, tenga un calendario con algo de tiempo libre, pero que esté realmente estresada por el tiempo”.
El trabajo distingue, por tanto, entre la cantidad efectiva de horas libres y la valoración personal de ese margen. Investigaciones previas señalan que el tiempo puede sentirse de forma diferente según la actividad.
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Según otras investigaciones, entre ellas una publicada en la revista científica Computers in Human Behavior Reports, el tiempo parece transcurrir rápidamente cuando una persona se sumerge por completo en una tarea que le apasiona, fenómeno conocido como “estado de flujo”. También se comprobó que la respiración profunda y otras prácticas de atención plena incrementan la sensación de disponer de un lapso abundante.
Cuando se les consultó qué harían si contaran con más horas, los participantes situaron el autocuidado en primer lugar, incluido el cuidado de la salud mental. Sin embargo, los datos no establecen que sumar ocupaciones produzca por sí mismo bienestar o mejor desempeño.
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El estudio no atribuye una causa directa a la agenda

La especialista advirtió que los resultados muestran asociaciones, no una relación de causa y efecto. Una posible explicación es que las personas con mejor bienestar psicológico busquen más experiencias, mientras que quienes atraviesan un bajo estado de ánimo rechacen actividades con mayor frecuencia.
También podrían existir factores comunes detrás de la percepción del tiempo y el estado emocional. El artículo señala que algunas investigaciones sugieren que la depresión puede modificar la vivencia de las horas y hacer que parezcan difíciles de manejar.
La investigadora indicó que el estudio no respalda la idea de que “menos es más” en todos los casos. Por ejemplo, no encontró que incorporar compromisos a la rutina perjudicara automáticamente las notas ni el estado emocional de los estudiantes.
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“Estos datos respaldan la idea de que hacer más y estar más involucrado no solo puede conducir a una mejor salud mental, sino que también podría favorecer el éxito académico y profesional”, sostuvo la autora.
Aun así, remarcó que una agenda puede llegar a ser excesiva y que muchas personas tienen menos horas libres de lo que considerarían ideal por circunstancias fuera de su control.
La atención plena atenuó el efecto de la presión temporal

Las personas con mayores niveles de atención plena presentaron menos consecuencias negativas para su bienestar emocional cuando experimentaban presión temporal.
“Parece que hay algo en sintonizar con el momento presente que te protege contra el impacto negativo de la presión del tiempo”, explicó la autora.
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Como recomendación, la especialista planteó que, si la agenda debe estar llena, conviene priorizar actividades alineadas con los intereses y valores personales. También propuso evitar quedar atrapado en pensamientos sobre el pasado o el futuro y dirigir la atención al presente.
Para momentos de estrés, sugirió detenerse, concentrarse en la respiración y conectar con el cuerpo. “La cantidad de tiempo que tenemos en nuestra semana no es muy flexible, pero nuestra forma de pensar sobre el tiempo sí lo es”, indicó.
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