
En el suroeste de Islandia, el suelo puede convertirse en una fuente de agua hirviendo, vapor y gases con olor a azufre.
En el valle de Haukadalur, las formaciones geotérmicas modifican el paisaje de manera permanente: fumarolas, pozas termales y géiseres forman parte de una zona donde el calor procedente del interior de la Tierra alcanza la superficie.
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Según un informe publicado por Wildlife Magazine, el Área Geotérmica de Geysir es una de las principales atracciones del llamado Círculo Dorado, un circuito turístico que también incluye la cascada Gullfoss y Þingvellir.
La publicación detalló las características de este territorio de unos 3 km², donde se concentran más de 40 formaciones geológicas.
Geysir, el fenómeno que dio nombre a los géiseres
El nombre que identifica a estas formaciones en distintos lugares del planeta surgió precisamente en Haukadalur. Geysir fue utilizado en 1647 para denominar a este géiser y posteriormente pasó a convertirse en el término genérico para fenómenos similares.

Según Wildlife Magazine, la palabra procede del verbo nórdico antiguo “gjosa”, relacionado con brotar o entrar en erupción.
El sistema que alimenta a Geysir es mucho más antiguo que la formación visible en la superficie. El géiser comenzó a formarse alrededor del año 1150 d. C., aunque la estructura subterránea que proporciona el agua caliente funciona desde hace más de 10.000 años.
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La ubicación también explica parte de su actividad. El Área Geotérmica de Geysir se encuentra en una región donde la placa norteamericana y la placa euroasiática se separan progresivamente.
El magma asciende para ocupar el espacio generado por ese movimiento, aportando el calor que impulsa el sistema geotérmico.
Un estudio geofísico identificó reservorios de agua en ebullición y vapor bajo Haukadalur. La investigación concluyó que las fracturas y la tectónica extensional local controlan la circulación de los fluidos del campo hidrotermal.

Actualmente, Geysir ya no ofrece erupciones regulares como en otros períodos. Durante un tiempo, los científicos utilizaron escamas de jabón para provocar sus erupciones, una práctica que fue abandonada en la década de 1980 debido a sus efectos perjudiciales sobre el ambiente.
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Strokkur, el géiser que concentra la atención
Con Geysir en una etapa de actividad intermitente, el protagonismo turístico recayó en Strokkur, situado en la misma área. Su apariencia puede resultar engañosa: la piscina tiene apenas unos 8 metros de diámetro, pero debajo de ella se desarrolla un proceso capaz de lanzar agua hirviendo a gran altura.
A unos 22 metros de profundidad, el agua se calienta hasta transformarse en vapor. La presión aumenta dentro del sistema hasta provocar la expulsión del agua hacia la superficie.
Estudios y mediciones directas de temperatura e imágenes de alta velocidad describieron el ciclo de Strokkur como una sucesión de ascenso de vapor, erupción y recarga del conducto.
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Las erupciones habituales alcanzan unos 20 metros, aunque en determinadas ocasiones el chorro puede llegar hasta los 40 metros de altura.
Una investigación publicada en 2025, basada en un registro de 4 años y unas 650.000 fuentes eruptivas, concluyó que la frecuencia de Strokkur no es fija: los vientos más intensos prolongan el intervalo entre erupciones al favorecer la pérdida de calor del sistema.
La actividad actual del géiser también está vinculada con una intervención humana. En 1963, habitantes de la zona desbloquearon su conducto principal, una modificación que permitió recuperar su funcionamiento regular.
Blesi y las condiciones extremas para la vida
Entre las formaciones de Haukadalur también se encuentran las pozas de Blesi, dos cuerpos de agua de tonalidad azul que presentan condiciones muy diferentes. Una contiene agua clara y cálida, mientras que la otra permanece en constante ebullición.
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El color característico procede de la sílice, un mineral disuelto en el agua que dispersa la luz solar y produce el tono azul lechoso.

En los alrededores aparecen franjas de colores naranja, amarillo y rojo asociadas con microorganismos capaces de desarrollarse en condiciones extremas.
La temperatura constituye uno de los principales límites para la vida. El informe señaló que 122 °C es la temperatura máxima conocida por encima de la cual ninguna forma de vida celular terrestre puede sobrevivir.
Las algas tampoco pueden desarrollarse en la poza más caliente de Blesi, cuyo entorno supera su límite de tolerancia de 73 °C.
En las zonas donde las condiciones permiten la supervivencia, determinadas bacterias resistentes al calor aprovechan el hierro y el azufre como parte de su metabolismo. Su actividad contribuye a las franjas amarillas y rojas que rodean las pozas.
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Un paisaje geotérmico a pocos metros de los visitantes
El Área Geotérmica de Geysir cuenta con senderos y pasarelas que permiten recorrer las distintas formaciones sin ingresar en las zonas de mayor peligro. Desde esos caminos pueden observarse manantiales, fumarolas, respiraderos de vapor y los géiseres.

El acceso cercano permite apreciar la actividad geotérmica de Haukadalur a corta distancia, aunque las temperaturas del agua y la presencia de gases hacen imprescindible respetar las zonas delimitadas.
La recomendación del lugar es mantenerse en los senderos y evitar cualquier contacto con las aguas termales, especialmente en las áreas donde alcanzan temperaturas cercanas al punto de ebullición.
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