Un puesto de peaje en Svinesund, en la frontera entre Noruega y Suecia. Arriba a la izquierda, el logo del partido FNB
Un puesto de peaje en Svinesund, en la frontera entre Noruega y Suecia. Arriba a la izquierda, el logo del partido FNB

Cuesta reconocerlo como un partido político por el nombre. "Acción Popular — No a Más Peajes" (FNB por la sigla en noruego) fue fundado en 2015 por Frode Myrhol en la ciudad de Stavanger. El municipio ubicado en el sudoeste del país es el tercero más poblado, con 319.822 habitantes en su región metropolitana, y es la cuna de la industria petrolera.

La creación de un partido fue el desenlace inesperado de una iniciativa ciudadana en defensa de los automovilistas ante el aumento de los peajes. Que se haya convertido en todo un fenómeno tiene mucho que ver con la excepcionalidad de Noruega.

Frode Myrhol, fundador y líder nacional del FNB (Facebook)
Frode Myrhol, fundador y líder nacional del FNB (Facebook)

Con un PIB per cápita 79.733 dólares —cuatro más alto del mundo— y un Índice de Desarrollo Humano de 0,953 —el más alto—, es uno de los países más prósperos del planeta y tiene un enorme sistema de bienestar social, que se financia con una elevada carga impositiva. Además, en parte gracias a la abundancia de petróleo, es uno de los países con más autos: son 514 cada mil habitantes, sólo menos que Alemania a nivel europeo.

"Somos un partido cuyo objetivo principal es la eliminación de los peajes como forma de financiar la construcción de carreteras", dice el FNB en su plataforma. Difícil encontrar otra fuerza política en el mundo erigida alrededor de una demanda tan específica.

Un moderno puesto de peaje en la entrada de Oslo
Un moderno puesto de peaje en la entrada de Oslo

"El FNB es un partido de un solo tema, compuesto por miembros sin experiencia previa en política. La razón principal de su éxito es la frustración con el aumento de la cantidad de peajes. Los votantes creen que los partidos dominantes no han escuchado sus preocupaciones y utilizaron las elecciones para castigarlos por su falta de respuestas. El partido aprovecha los sentimientos populistas y antielitistas que parecen impregnar a las democracias alrededor del mundo", dijo a Infobae Sveinung Arnesen, politólogo del Centro de Investigación de Noruega.

Algunos analistas lo comparan con los chalecos amarillos, el movimiento de protesta francés que surgió ante el aumento del combustible, que afectó especialmente a los conductores que viven en los suburbios. Pero son países muy diferentes. Los chalecos eran desorganizados y por momentos anárquicos, con expresiones violentas. El FNB, en cambio, sigue todos los cánones de la política institucionalizada.

Lo que tienen en común es que ambos defienden el uso irrestricto del auto y se oponen a las políticas que buscan hacerlo más caro e imponer restricciones para combatir el cambio climático. De hecho, esto explica parcialmente el incremento en el costo de los peajes en Noruega.

"Los peajes se introdujeron primero como una forma de recaudar fondos para la construcción de autopistas, pero más recientemente se ha añadido otra razón: reducir la cantidad de autos que ingresan a las ciudades. Este último objetivo forma parte del intento del gobierno de disminuir las emisiones para que Noruega pueda cumplir con sus obligaciones en virtud del Tratado de París. Por eso, los peajes también deberían proporcionar fondos para ampliar el transporte público y construir carriles para bicicletas. Estos objetivos han llevado a una ampliación en el número de cabinas, también fuera de las ciudades, de modo que la gente tiene que pagar aunque no se desplace al centro. Es esta última expansión la que ha alimentado a este movimiento", explicó Lars G Svasand, profesor del Departamento de Política Comparada de la Universidad de Bergen, en diálogo con Infobae.

La primera ministra de Noruega Erna Solberg y su esposo Sindre Finnes votan en las elecciones locales en Bergen, el 9 de septiembre (Marit Hommedal/NTB Scanpix/via REUTERS)
La primera ministra de Noruega Erna Solberg y su esposo Sindre Finnes votan en las elecciones locales en Bergen, el 9 de septiembre (Marit Hommedal/NTB Scanpix/via REUTERS)

Una irrupción que sorprendió a la clase política

El FNB surgió en respuesta a la instalación de nuevas cabinas de peaje aprobadas por el Concejo municipal de Stavanger en diciembre de 2014. Lo que empezó como el reparto de panfletos y la organización de protestas derivó rápidamente en la conformación de un partido político porque Frode Myrhol se dio cuenta de que su mensaje simple y concreto tenía mucha llegada.

A pesar de tener sólo cuatro años de vida, fue la sorpresa de las elecciones locales que se celebraron el lunes pasado. Se presentó en 11 municipios, que representan la mitad del país en términos de población.

En Bergen, que es la segunda ciudad más poblada de Noruega detrás de Oslo, la capital, salió tercero con el 16,7% de los votos, apenas detrás del Partido Conservador de la primera ministra Erna Solberg (20%) y del Partido Laborista (19,8%). El resultado le permitió acceder a 11 concejales.

Trym Aafløy, líder del FNB en Bergen (Facebook)
Trym Aafløy, líder del FNB en Bergen (Facebook)

"El éxito del FNB se debe al rechazo a la elevada presión impositiva y a la incapacidad de los políticos para cumplir sus promesas. Los peajes son altos y molestos para las personas, especialmente para las que conducen a su trabajo. Son un impuesto muy visible, a diferencia de los que se esconden en el precio de las cosas que se compran. Por otro lado, muchos votantes se sienten manipulados y engañados, ya que se les dijo que los peajes se iban a utilizar para financiar nuevas y mejores autopistas, pero se usan más para otros fines. El Partido del Progreso, que forma parte de la coalición de gobierno, había prometido eliminarlos, pero no tuvo mucho impacto desde que está en el poder. Todo esto lleva a la alienación de muchos electores", sostuvo Kaare Strom, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de California en San Diego, consultado por Infobae.

Solberg, que nació y se inició políticamente en Bergen, estaba en la mira de los antipeajes porque su esposo, Sindre Finnes, había tenido acciones en compañías que gestionan puestos en distintas carreteras del país. En respuesta a las críticas y en un intento de contener el avance del FNB, reconoció que el valor de los peajes era demasiado alto y anticipó medidas para evitar que siga subiendo.

Una calle en la ciudad de Bergen (Shutterstock)
Una calle en la ciudad de Bergen (Shutterstock)

El partido también salió tercero en Stavanger, con un 9,3% que le permitió pasar de tres a seis representantes en el concejo municipal. Pero la gran sorpresa la dio en Alver, una nueva localidad creada a partir de la agregación de tres más pequeñas: Meland, Lindas y Radoy. En este municipio de unos 30.000 habitantes fue la fuerza más votada, con el 22,1 por ciento.

"La cuestión de los peajes es sencilla. La gente puede entender de qué se trata y tiene una respuesta de sí o no: se está a favor o en contra. Existen desde mediados de los años 80 y eran más o menos aceptados, porque las personas sentían que recibían algo a cambio: nuevas carreteras y un centro urbano sin demasiado tráfico ni contaminación. Pero muchos consideraron que la última extensión en la cantidad de puestos que se decidió en abril de 2019 iba demasiado lejos, y explotó el deseo de no pagar más", dijo a Infobae Anne Lise Fimreite, profesora del Departamento de Política Comparada de la Universidad de Bergen.

Militantes del partido FNB (Facebook)
Militantes del partido FNB (Facebook)

El desafío de dar el salto nacional

"Creo que una de las consecuencias del avance del FNB es que los representantes políticos se mostrarán reacios a anunciar planes de infraestructura totalmente nuevos, que impliquen una financiación a gran escala con peajes —dijo Arnesen—. El riesgo de perder votantes en futuras elecciones es demasiado alto para ello. Ya antes de los comicios, la coalición de gobierno lanzó un paquete en el que se reducía la cantidad en los proyectos existentes. Sin embargo, muchos de estos emprendimientos ya están en marcha y es complejo o no se puede detenerlos, y los municipios dependen en gran medida de los peajes para financiarlos".

El FNB empezó a causar ruido en la política nacional incluso antes de las elecciones, afectando especialmente al Partido del Progreso, que tiene una retórica populista de derecha, con la baja de impuestos como una de sus banderas. Sacar peajes era una de sus promesas, pero no hizo nada desde que forjó la alianza con el Partido Conservador de Solberg. El crecimiento del FNB en las encuestas desató una crisis de gobiernos meses atrás.

Una vista panorámica de la ciudad de Stavanger (Shutterstock)
Una vista panorámica de la ciudad de Stavanger (Shutterstock)

"El año pasado, la coalición Conservador-Progresista se amplió para incluir a los Demócrata Cristianos y al Partido Liberal, cuyo eje programático es la protección del medio ambiente y la política climática. La reducción del tráfico es para ellos un mecanismo importante. Por lo tanto, los liberales y los progresistas se encuentran en extremos opuestos del espectro político. Un compromiso precario mantuvo unido al gobierno, pero no fue suficiente para impedir el avance del FNB", afirmó Svasand.

De todos modos, por más que ya esté influyendo en la política nacional, y que pueda incluso aumentar su peso específico, por lo acotada que es su propuesta política no le va a resultar sencillo transformarse en una fuerza decisiva. Este lunes, de hecho, recibió apenas el 2,3% de los votos en todo el país.

La primera ministra Erna Solberg y el líder del Partido Laborista Jonas Gahr Store debaten después de las elecciones locales el 9 de septiembre de 2019 (NTB Scanpix/Vidar Ruud via REUTERS)
La primera ministra Erna Solberg y el líder del Partido Laborista Jonas Gahr Store debaten después de las elecciones locales el 9 de septiembre de 2019 (NTB Scanpix/Vidar Ruud via REUTERS)

"El FNB está, casi por naturaleza, limitado a algunas zonas del país —continuó Svasand—. Incluso si se presenta en las elecciones generales de 2021, es posible que no obtenga tanto apoyo. Su principal problema es que apenas tiene posiciones tomadas sobre otros temas, como el bienestar y la educación, que se encuentran entre los más importantes para los votantes. Pero, si mantiene el equilibrio entre el bloque de partidos de izquierda y el de derecha, podría tener cierto poder político y potencial de chantaje en caso de ganar algunos escaños".

Si bien el partido tiene rasgos populistas, como su reclamo de que las obras de infraestructura vial sean financiadas exclusivamente con dinero del presupuesto nacional, no es fácil clasificarlo ideológicamente. Aunque se presenta como una fuerza independiente, ubicada en el centro político, algunas de sus consignas son asimilables a la socialdemocracia.

Un paisaje en Radøy, parte del municipio de Alver
Un paisaje en Radøy, parte del municipio de Alver

"Nuestra ideología se basa en dos principios fundamentales que son la libertad y la justicia para los ciudadanos. También somos un partido que quiere igualdad de oportunidades para todos y busca más equidad social", dice la plataforma del FNB. Lo curioso es que en determinados municipios sus candidatos optan por un discurso más alineado a la izquierda, pero en otros juegan a asimilarse a la derecha.

"Actualmente, el FNB sólo está representado en algunas ciudades y concejos municipales. Si es solo una expresión de una protesta fiscal tradicional, puede resolverse reduciendo el número de cabinas de peaje. Esta solución empezó a ser implementada en parte por el gobierno justo unas semanas antes de las elecciones locales. Como el FNB es un partido de un solo tema, si este deja de existir desaparecerá su razón de ser. Las próximas elecciones parlamentarias en Noruega son en dos años y, dada la concentración geográfica del FNB, puede ganar algunas bancas, que le den ciertos mandatos, pero no más que eso. Si quiere tener una vida más larga como partido, tendrá que extender sus propuestas a otras áreas y encontrar su lugar en un paisaje de fuerzas ya de por sí muy variado. No creo que eso suceda, pero ¿quién sabe? Nadie vio venir el éxito del FNB", concluyó Fimreite.

MÁS SOBRE ESTE TEMA: