Una dieta intermitente permite un adelgazamiento del 47% más que una dieta continua. (Shutterstock)
Una dieta intermitente permite un adelgazamiento del 47% más que una dieta continua. (Shutterstock)

La gran cantidad de dietas que se popularizan puede resultar abrumadora. Algunas, que tienen seguidores fervorosos, como la dieta paleo o el veganismo, son difíciles de seguir. Para quienes necesitan adelgazar, una opción sencilla para hacerlo de manera acelerada puede sonar a algo increíble. Pero la Universidad de Tasmania dice que la ha encontrado: interrumpir la dieta con dos semanas de no hacer dieta.

El cambio rompe una de las mayores dificultades que enfrentan las personas que necesitan bajar de peso: para adaptarse a la restricción energética, el metabolismo compensa el gasto calórico, de manera tal que se come menos pero se gasta menos. Esa meseta es uno de los factores más frustrantes en el esfuerzo por adelgazar.

Por un mecanismo de supervivencia, el metabolismo basal se adapta al menor consumo calórico y bajar de peso se vuelve más difícil. (iStock)
Por un mecanismo de supervivencia, el metabolismo basal se adapta al menor consumo calórico y bajar de peso se vuelve más difícil. (iStock)

El truco que encontraron los investigadores australianos para hackear este  mecanismo de supervivencia básico del cuerpo, además, hace más probable que el peso que se pierde no se recupere.

El estudio, Intermittent energy restriction improves weight loss efficiency in obese men (La restricción energética intermitente hace más eficiente la baja de peso en obesos), publicado en International Journal of Obesity, convocó a 51 hombres de entre 25 y 54 años que llevaban seis meses sin cambios en su peso y los dividió en dos grupos.

Engañar al metabolismo basal con una interrupción de la restricción calórica dio buenos resultados en un nuevo estudio. (Getty)
Engañar al metabolismo basal con una interrupción de la restricción calórica dio buenos resultados en un nuevo estudio. (Getty)

Uno de ellos mantuvo una dieta que redujo su consumo calórico en una tercera parte de sus necesidades individuales durante 16 semanas seguidas. El otro grupo siguió esa dieta por dos semanas y luego consumió todas las calorías que necesitaba durante dos semanas, al cabo de las cuales retomó la dieta, y así. El ciclo se repitió hasta completar las 16 semanas.

Contra lo que indicaría el sentido común, al final del estudio los que hicieron la dieta intermitente bajaron de peso un 47% más que los que hicieron la dieta sin parar.

(Archivo)
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Además, seis meses más tarde, cuando se los volvió a estudiar, los participantes del primer grupo habían subido un poco de peso, como es normal al terminar una dieta. En cambio, los del segundo grupo, que habían bajado 18 libras (unos 9 kilos), no habían aumentado un gramo.

La autora principal del trabajo, la profesora de Ciencias de la Salud Nuala Byrne, explicó en sus comentarios al texto: "Cuando reducimos nuestra ingesta energética al hacer dieta, el metabolismo basal reduce su tasa mucho más de lo que se espera. Es un fenómeno denominado termogénesis adaptativa, que hace que bajar de peso sea algo aun más difícil de lograr".

La profesora Nuala Byrne, de la Universidad de Tasmania. (Kit Wise)
La profesora Nuala Byrne, de la Universidad de Tasmania. (Kit Wise)

Con su idea de dieta intermitente, Byrne comprobó que es posible engañar al metabolismo basal, cosa que no habían logrado, aunque partían de la misma conjetura, las personas que, por ejemplo, alternan comida regular con ayunos.

Por último, este hallazgo tiene un beneficio psicológico menor pero adicional: a veces una dieta sin horizonte final cercano hace que las personas pierdan la motivación. Al saber que cada dos semanas hay una vacación de dos semanas, es más fácil mantener la constancia.

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