
El ministerio de Defensa de Rusia desclasificó este jueves documentos redactados en la década de 1950 que dan cuenta del calamitoso estado del Ejército Rojo al momento de intentar repeler la invasión nazi de junio de 1941, cuando se cumple el 76° aniversario del hecho que marcó el curso de la Segunda Guerra Mundial.
Se trata de una serie de informes encargados por los militares soviéticos tras la victoria para determinar los errores cometidos en los primeros días del conflicto, cuando la maquinaria bélica nazi lanzó el ataque más destructivo en la historia de la humanidad. Parecía que nada podía detenerla.
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La tarea fue encomendada en 1952 al general Aleksandr Pokrovsky, director de ciencia e historia en el ejército soviético, quien lideró un equipo de recolección de datos y testimonios sobre el estado de las fuerzas militares al momento de la invasión, según destacó la cadena rusa RT.
Infobae indagó en los documentos en los que diferentes comandantes responden preguntas sobre el nivel de preparación, el control sobre la tropa y la respuesta al ataque de los alemanes y sus aliados.
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Los testimonios revelados
"Uno puede juzgar la sorpresa del inicio de la guerra por el hecho de que un regimiento de artillería, que había sido transportado por tren a la estación Shulai en la madrugada del 22 de junio, pensó que el bombardeo de nuestros aeropuertos marcaba el inicio de maniobras de entrenamiento", dijo el general Pyotr Sobennikov, comandante del 8° ejército en el Báltico.
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En esos primeros días de la invasión, la fuerza aérea alemana, la Luftwaffe, arrasó con las unidades de primera línea de su par soviética y dejó a la tropas sin apoyo aéreo, en especial en la zona de Sobennikov.

Allanó entonces el camino para que 3,8 millones de soldados de Alemania, Rumania, Eslovaquia, Hungría, Finlandia e Italia cruzaran la frontera y se lanzaran, apoyados en más de 3.000 tanques y 2.700 aviones, contra la Unión Soviética. La denominaron Operación Barbarroja, según el historiador estadounidense David M. Glantz.
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Frente a ellos, casi tres millones de rusos, bielorrusos, ucranianos y otras nacionalidades estaban movilizados para la defensa, un número que en poco tiempo prácticamente se duplicaría con el llamado a las armas de todo el país.
"Debo remarcar que esa misma noche del 22 de junio recibí la orden estricta del jefe del frente [Petr Semenovich] Klenov de retirar las tropas de la frontera, de dejar las trincheras", cuenta el general en uno de los documento. "Me rehusé y las tropas permanecieron en sus posiciones. Había un sentimiento de extrema tensión, de miedo a estar provocando una guerra", agregó.
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La debacle en Ucrania
Un relato similar ofreció el mariscal Ivan Bagramyan, jefe de operaciones en Kiev, quien dijo haber desarrollado planes defensivos y construido fortificaciones en la frontera, pero que "el alto mando prohibió que las tropas ocuparan estas posiciones, para no dar a la Alemania fascista una causa para comenzar la guerra".
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Mientras que el mayor general Nikolai Petrovich Ivanov, jefe de estado mayor del 6° ejército en Kiev, dijo que "a pesar de los indicios evidentes de una gran concentración de tropas alemanas, el comandante en Kiev prohibió adelantar a las tropas, sonar la alerta o traer refuerzos incluso luego de los ataques aéreos en la madrugada del 21 de junio. El 22 se levantó esta prohibición, pero los alemanes ya había cruzado la frontera y estaban en nuestro territorio".
En el frente de Kiev, el 5° ejército soviético también recibió las órdenes de "no caer en la provocación, [de] no disparar a los aviones", a pesar de que se reconocía que había enfrentamientos en la frontera.
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Incluso hubo sectores en los que se ordenó "dar la alarma entre las tropas pero no entregarles municiones", lo que contribuyó al sentimiento de que estaban iniciando "maniobras" y no una guerra.
Tal fue el caso de la división 48° de Infantería, que fue enviada a la frontera en el Báltico sin apremios y marchando con música hasta que se toparon con las tropas y aviones alemanes por sorpresa y fueron aniquilados.
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Barbarroja duró poco más de cinco meses en los que las fuerzas del Eje tuvieron avances espectaculares, llegando a las puertas de Moscú, asediando a San Petersburgo, conquistando Kiev y causando millones de bajas a sus enemigos entre muertos, heridos y capturados.
Pero los soviéticos resistieron, y a partir de 1942, ayudados por los suministros y los frentes abiertos por sus aliados occidentales, frenaron el avance del Eje y pasaron a un contraataque que no frenó hasta la caída del régimen genocida de Adolf Hitler y el nacimiento de la Unión Soviética como superpotencia.

Los fatídicos sobres rojos
El general Boris Andreevich Fomin, jefe de operaciones del 12° ejército en Bielorrusia, dijo que el ataque aéreo enemigo del 22 de junio "alcanzó a las tropas mientras se preparaban para ocupar posiciones defensivas".
"Las estaciones de radio fueron destruidas y tuvimos que comunicarnos con medios móviles como autos y aviones. Era muy difícil, ya que los aviones enemigos destruían estos medios en tierra y aire. Es suficiente con un ejemplo: el 26 de junio envié a cada ejército un auto, un avión y un paracaidista con sus órdenes cifradas. Todos fueron destruidos y solo dos hombres llegaron a su destino con los documentos", relató.
Según los documentos se desprende que cada comandante tenía planes de defensa detallados que estaban en sobres rojos cerrados que no pudieron abrirse hasta el día de la invasión. De esta manera, desconocían lo que se esperaba de ellos y en gran medida su mejor o peor desempeño frente al ataque nazi se debió a su propia iniciativa en la preparación anterior.

Los consultados estuvieron de acuerdo en los serios problemas que hubo en cuanto a la falta de personal administrativo para coordinar la respuesta, cantidades insuficientes de equipos de comunicación, especialmente radios, y de vehículos, protección deficiente de los cuarteles generales y la rápida disrupción de las comunicaciones por cable por parte del enemigo.
Estos cientos de páginas desclasificadas con motivo del aniversario muestran también que los líderes soviéticos se consideraban en inferioridad de condiciones frente a los alemanes, especialmente en experiencia -los nazis habían ocupado Polonia y Francia- y recursos, y que intentaban dilatar la entrada de la Unión Soviética en la guerra para alcanzar una mejor preparación.
Por esta razón pusieron un freno a la reacción inicial a la invasión, buscando evitar caer en lo que pensaban era sólo una provocación, y confiaron también en el infame pacto de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética que los cancilleres Joachim von Ribbentrop y Vyacheslav Molotov firmaron en 1939, días antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.
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