
Jamás me han dicho cosas tan agraviantes. Se las escuche al Sr. presidente de mi país, mirando la pantalla lo veía a los ojos mientras repetía descalificativos hacia las personas que habían presentado el amparo que detenía un proyecto emblemático de su gobierno. Detuvimos la destrucción de la selva virgen, se detuvieron los daños irreversibles a la salud medioambiental del estado que se convirtió hace casi 20 años en mi hogar.
Las injurias tenían tácito mi nombre y apellido. El arrebato de ira fue rápidamente reemplazado por una enorme tristeza. En el discurso visceral no había espacio para el diálogo, para el intercambio de conocimientos, mis 18 años como buzo de cuevas se enfrentaban a los insultos en cadena nacional de alguien que no me conocía y no le prestaba ninguna atención a lo que estaba comunicándose; este proyecto atenta contra el derecho a un medioambiente sano ¿Dónde están las investigaciones? ¿Dónde están los permisos? El proyecto, que ha sido alterado por intereses privados, amenaza al pueblo que se ha jurado servir y proteger.
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Las respuestas de cualquier funcionario, incluyendo las instituciones que debieron proteger nuestros recursos naturales, eran aún más improperios y se añadían populosas mentiras. “Ni un solo árbol. Son acahuales; no hay ríos subterráneos; allí no hay cenotes; haremos viaductos…” Cada una de estas declaraciones confirmaban que, o no conocían el lugar, o llanamente no les importaba. El comando era contundente, “El tren se termina cuando se mande cueste lo que cueste”...pero que no cueste mucho porque ya se ha multiplicado el presupuesto.
En redes sociales el eco ofensivo es amplio. En un principio me alteraba, luego me di cuenta que las ofensas provenían de desconocidos que repetían sin conocer, sin analizar, lo que escuchaban. Buscaba pacientemente entre los energúmenos insultos argumentos, alguien que rebatiera alguno de los importantes puntos que ofrecíamos para defender la selva y el agua. Haber encontrado un contraargumento inteligente hubiese sido alentador. Pero era más importante denigrar a Derbez que detenerse a escuchar porque nos pronunciamos con tanta vehemencia.
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Palabras vacías.
Todos los días, palabras que nada construyen siembran discordia y hiel entre la población que quiere lo mismo, progreso y desarrollo para su hogar. Para alcanzarlo, nosotros, los ahora calificados con rencor como, “pseudoambientalistas”, clamamos que es vital dejar de sacrificar la salud, el equilibrio medioambiental, para progresar.
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Esa fórmula ya ha probado que destruye el futuro de muchos en beneficio del presente de unos pocos. El Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) ha reconocido obedecer el mandato económico de inversionistas, al tomar esta decisión del cambio de ruta, meses y millones de pesos fueron desperdiciados. Cuando decidieron el destino de especies protegidas, del agua que conecta irremplazables árboles con el manglar y los arrecifes no se contempló ningún aspecto ecológico.
Es de esta forma que desde hace décadas los desarrollos, parques temáticos y minas han explotado los recursos naturales de Quintana Roo, atropellando no solo el ecosistema, sino también a los ciudadanos que se opusieron.
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La comunidad científica del país, concuerda en sus más altos exponentes que no se están haciendo las cosas correctamente. La necedad no es un método científico, es el camino a la locura. Una magna obra merece una magna planeación, que priorice el bienestar, la seguridad del pueblo y no un calendario político. Los amparos se han sumado, son recursos legales de los que protegen una de las zonas más ricas en tesoros arqueológicos y paleontológicos, su atractivo turístico es incalculable y el manto acuífero es tan abundante que prácticamente hay más agua subterránea que piedras debajo de la jungla Maya.
El tren es inviable a kilómetros dentro de la selva.
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Que regrese a la carretera y la modernice, proveyendo a la población de un medio de transporte verdaderamente alternativo. ¿Es muy caro construirlo en la carretera? Los hoteleros no quieren ceder 17 o 20 metros de sus tierras…
Pues entonces, al parecer, lo que viene sobrando es el tren.
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Vamos a invertir mejor, en drenajes, plantas de tratamiento de agua, en vivienda digna y a rescatar los daños producidos por proyectos irresponsables del pasado. Ese sería un magno legado, digno de un héroe social, para las futuras generaciones.
Ah…¿No estás de acuerdo?
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Antes de difamarme soezmente, lee lo que dice la ley. Por ejemplo, el Artículo 4 de la Constitución y el Artículo 97 de la Ley General de Desarrollo Sustentable, luego investiga cuándo se debe entregar una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA)¿Antes o después de impactar el área?

Si aún tienes ganas de leer y de responder nuestros alegatos, allí esta el documento retrasado que le entrego FONATUR a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), pero para que sea efectiva tu lectura también tienes que leer los peligrosos errores señalados por varios especialistas, en varios documentos, no solo de los buzos sino de Doctores en su campo.
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Y si aún estás convencido que estamos en contra de la transformación y el progreso, que estamos equivocados, antecede a tus insolencias argumentos fundamentados con lo que leíste, si no lo haces así, tus descalificaciones e insultos son palabras vacías, insignificantes.
José Urbina es buzo de cuevas, mexicano, instructor y fotógrafo submarino dedicado a la protección de los tiburones. Interpuso uno de los amparos que detuvo el tramo 5 del Tren Maya.
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