La grave repercusión física, psicológica y social de las nalgadas en los niños para “educarlos”

Desde el pasado mes de diciembre de 2020, se determinó en México la prohibición del castigo físico y humillante en la Ley General de Derechos de los Niñas, Niños y Adolescentes y en el Código Civil Federal

(Foto: Pixabay)
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El 63% de las personas menores de 14 años en México sufren agresiones como parte de su crianza en casa, actos que se han incrementado durante el confinamiento derivado de la pandemia del COVID-19. 48% de las víctimas de la violencia intrafamiliar son niñas y niños.

Es por eso que el pasado mes de diciembre de 2020, se determinó la prohibición del castigo físico y humillante en la Ley General de Derechos de los Niñas, Niños y Adolescentes y en el Código Civil Federal, ambas leyes se reformaron para prohibir esta práctica nociva.

Su prohibición permitirá avanzar en políticas públicas y promover transformaciones culturales para atender las causas que originan esta crítica violencia por la que atraviesan niñas, niños y adolescentes, resaltó la ON’G Save the Children.

La organización a favor de la niñez resaltó que existe evidencia que demuestra que la educación y disciplina a través de la violencia y la humillación genera daños graves e irreversibles que afectan a niñas y niños durante las distintas etapas de su desarrollo en los ámbitos social, cognitivo, emocional y conductual.

 (Foto: pixabay)
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Recordaron que las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a recibir orientación, educación, cuidado y crianza sin el uso del castigo físico ni el trato humillante de su madre, padre o de quienes ejerzan la patria potestad, tutela o guarda y custodia; incluidas las personas que desempeñan alguna función dentro de las instituciones educativas, deportivas, religiosas, de salud, de asistencia social, de cuidado, de readaptación social o de cualquier otra índole

Se entiende por castigo humillante cualquier trato ofensivo, denigrante, desvalorizador, estigmatizante, ridiculizador o que menosprecie a una niña, niño y adolescente, así como cualquier acto que tenga como objetivo provocar dolor, molestia o humillación.

Todos los días se reportan 30 casos de violencia en contra de niñas y niños. En 2020, más de 11 mil ingresaron a hospitales debido a lesiones, mayormente ocurridas en el hogar y provocadas por familiares. Tan solo el año pasado, 1,900 niñas, niños y adolescentes fueron asesinados.

Las reformas aprobadas para prohibir el castigo físico y humillante no significan que se va a criminalizar a las mamás, papás o cuidadores. Buscan transformar culturalmente la forma en que se nos ha enseñado a criar a nuestros hijos que, lamentable ha sido bajo estándares que normalizan la violencia.

Frases tan comunes como “no sirves para nada”, “cuando salga del trabajo me las vas a pagar” “estoy harto de ti”, “te voy a lavar la boca con jabón”, “los hombres no lloran”, están muy naturalizada en los proceso de crianza, además de las nalgadas, los chanclazos o los golpes.

El impacto de las prácticas violentas acompaña a niñas y niños hasta la edad adulta propiciando la reproducción del círculo de violencia. Entre algunas de sus consecuencias destacan:

A nivel físico: dolores de cabeza y estómago, principios de colitis, incontinencia urinaria, somatización, pesadillas y otros problemas de sueño

A nivel cognitivo: problemas de atención y retención, alteraciones de la memoria, afectación en sus posibilidades de desempeño escolar

A nivel emocional: hiperactividad, miedo, hostilidad, agresividad, ansiedad, angustia, retraimiento, trastornos depresivos y otros síntomas de estrés post-traumático

Imagen de referencia. - Colprensa.
Imagen de referencia. - Colprensa.

• En sus prácticas: escasa auto-valoración, ausentismo, falta de interés, incapacidad para relacionarse, propensión a decir mentiras y hacer trampa, alcoholismo, consumo de drogas, ‘sexualización’, daño auto-infligido, tendencias suicidas, dificultades para internalizar normas, actitudes y respuestas violentas

Para contrarrestar la violencia es importante trabajar sobre sus causas y no sólo sobre sus efectos

• Se requiere un cambio de visión para desarrollar formas alternativas de comunicación y presencia con las niñas y los niños

Es importante fomentar esquemas de respeto, que promuevan el arraigo, la pertenencia y la inclusión

Esto abarca la erradicación de los maltratos físicos y las respuestas humillantes, validando su legitimidad como seres humanos sujetos activos de derechos

• Esto debe ir acompañado de la construcción de espacios seguros y de una participación consciente de los adultos responsables para acompañar a niñas, niños y adolescentes desde una nueva perspectiva

Grupos de la sociedad civil y estudiantiles protestaron ayer frente a las oficinas del Senniaf en contra de los abusos infantiles cometidos en albergues. EFE/Carlos Lemos
Grupos de la sociedad civil y estudiantiles protestaron ayer frente a las oficinas del Senniaf en contra de los abusos infantiles cometidos en albergues. EFE/Carlos Lemos

Es importante desarrollar patrones de crianza que permitan generar cambios culturales y de conciencia orientados a erradicar el castigo físico y humillante.

• Esto implica comprender la violencia como un problema estructural

• Darse cuenta de los mecanismos en que recibimos y ejercemos la violencia

• Concebir a niñas, niños y adolescentes como sujetos activos de derechos capaces de tomar decisiones y de incidir en su entorno

• Trabajar para consolidar su identidad a través de aceptarlos y escucharlos y de promover su capacidad de auto-cuidado y auto-organización

• Desarrollar su autonomía en espacios de confianza y libertad

• Desarrollar relaciones que admitan los conflictos, resolviéndolos desde el cuidado y el respecto

Foto: (Pixabay)
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• Modelar la aceptación, la escucha activa, sin juzgar y sin excluir

• Aprender formas de comunicación no violenta y desarrollo de acuerdos de convivencia, orientándose hacia la resolución pacífica de los conflictos

• Modificar los comportamientos reactivos, generando mecanismos para responder desde la conciencia.

• Articular acciones de diversos actores en torno a una visión de construcción de una cultura de paz

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