
Su nombre por sí mismo ya es leyenda, Rafael Caro Quintero, conocido como "El Narco de Narcos", es uno de los 10 hombres más buscados por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Se le acusa del asesinato del agente de la DEA, Enrique Kiki Camarena Salazar y de su piloto Alfredo Zavala Avelar, en 1985.
El narcotraficante mexicano es, junto con Miguel Ángel Félix Gallardo y Ernesto Fonseca Carrillo, el fundador del Cártel de Guadalajara, que durante la década de los 70 llegó a concentrar la mayor distribución y sembradío de drogas en México.
Como casi todo narcotraficante mexicano, Caro Quintero nació pobre. El sitio que lo vio nacer un 24 de octubre de 1952 fue Badiraguato, Sinaloa, tierra que también dio a luz a Joaquín "El Chapo" Guzmán. Siendo tan sólo un adolescente se enroló en el mundo del narcotráfico, pues es sobrino de Lamberto Quintero, otra leyenda del crimen organizado.

La sangre que corre por sus venas es la misma que la de Amado Carrillo, conocido como el Señor de los Cielos, pues eran primos. Y por si esto no fuera suficiente, Miguel Ángel Félix Gallardo fue su padrino.
Sus fuertes vínculos con este mundo subterráneo lo llevaron a ser uno de los líderes más importantes del narcotráfico durante décadas. Su talento para cultivar la marihuana lo dotó de poder y fortuna, tanto así que alguna autora llegó a afirmar que Quintero era capaz de "transformar la marihuana mexicana de hierba común a humo de conocedores".
Llegó a tener cerca de 40 propiedades en México y fue accionista de por lo menos 300 negocios, entre los que destacan boutiques, discotecas, agencias de carros y hasta hoteles de lujo. Su propiedad más famosa es conocida como "el castillo", una construcción que imitaba un castillo medieval y cuyas extravagancias la hicieron costar USD 4 millones.

La perdición de este hombre fue, como en cualquier historia de leyenda, una mujer. Su nombre era Sara Cossío Gaona, sobrina de Guillermo Cosío Vidaurri, quien llegó a ser gobernador de Jalisco.
De ella se sabe que era una joven que solía frecuentar los restaurantes y centros nocturnos más exclusivos de Guadalajara. Destacaba por su carácter caprichoso y altanero, algo que la unió desde el primer momento con Quintero.
Los dos tenían mucho en común, lo que los habría llevado a iniciar una relación sentimental que no era aprobada por la familia de la joven. La oposición del núcleo de Sara, sin embargo, no evitó que su relación creciera.

Cuando el capo tuvo que escapar del país tras el asesinato de Kiki Camarena, ella lo acompañó. Su escape en compañía de este gran amor marcó su debacle, pues los teléfonos de la familia de Sara habían sido intervenidos por la policía a fin de rastrear cualquier llamada que pudiera llevarlos a Quintero.
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Bastó una llamada de ella a sus padres para que todo se acabara. El 2 de abril de 1985, Sara, de 17 años, marcó a su casa para informar que estaba a salvo y que se había marchado por voluntad propia. Estas palabras condenaron a su amado, quien fue capturado dos días después.
Cuando lo atraparon, el narco se ofreció a pagar la deuda externa de México a cambio de que lo dejaran en libertad, o al menos eso dice la leyenda. Su ofrecimiento no fue suficiente; fue encarcelado 28 años, hasta que en 2013 un juez le otorgó la libertad por inconsistencias en el proceso.

El mismo día de su liberación, el gobierno de México pidió su reaprehensión con fines de extradición. Sin embargo, fue demasiado tarde para el gobierno, pues Quintero ya había escapado. Desde ese entonces se encuentra prófugo.
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Aunque la policía no logra dar con él, razón por la que el Departamento de Estado de los Estados Unidos ofrece una recompensa de hasta USD 20 millones por cualquier información que conduzca a su arresto, la prensa ha tenido mejor suerte.
En 2016, la revista Proceso logró entrevistarlo. En aquella ocasión, “el Narco de Narcos” aseguró que desde 1984 no había vuelto a tener vínculo con el narcotráfico, y que las acusaciones en su contra eran falsas.

“No sé nada de la madre de El Chapo. No tengo problema con ningún cártel. A mí no me llama la atención ningún poder ni ninguna cantidad de dinero. Quiero paz, quiero vivir en paz, quiero que mi familia viva en paz. Dejé de ser narcotraficante. No quiero saber nada de cuestiones ilícitas. ¿Usted cree que yo tengo ganas de regresar a la cárcel después de estar 29 años preso?”, fueron algunas de las respuestas que dio durante la entrevista.
Sus declaraciones no fueron suficientes para convencer a Estados Unidos en desistir a su captura, de ahí que hasta el día de hoy las autoridades de ese país ofrezcan la recompensa más alta en su historia por cualquier dato que ayude con su detención.
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